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Música - August 18, 2008

“Mono Blanco” y la “Cofradía de San Antonio “en concierto en el Teatro de la Ciudad

Portada de un disco con música
que invita a bailar al ritmo
de lo mejor del son jarocho
Foto: Cortesía 'Mono Blanco'
La agrupación presentará su más reciente producción discográfica, “Matanga”, en el Teatro de la Ciudad el jueves 21 de agosto a partir de las 20:30 horas. La Cofradía la forman los músicos invitados a participar en “Matanga”: Ramón Sánchez, Willie Ludwig, Marc Ribot, Jorge Pomar, Sandy Sánchez, Ramón Flores Arce, Jai López, Ras Iginga y Patricio Hidalgo Belli.

 

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

 


Ciudad de México. 18 de agosto de 2008. Después de tres décadas de fundado en esta ex región más transparente del aire, el grupo “Mono Blanco” es hoy uno de los más representativos del son jarocho, siendo una referencia ineludible cuando se trata de estudiar, analizar o entender el reposicionamiento y la vitalidad actuales de esta vertiente del son mexicano, la más sana y extendida de todas las existentes en el país.

 

Con una trayectoria sólida y consistente, han proyectado el son jarocho en casi todo el territorio nacional y allende nuestras fronteras. “Matanga” (Fundación Alfredo Harp Helú-Asociación Cultural Xquenda A.C., Grupo “Mono Blanco” y Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 2007) es su más reciente disco, que presentarán el próximo jueves 21 de agosto, a partir de las 20:30 horas, en el Teatro de la Ciudad, sito en Donceles 36, Centro Histórico. De éste y otros temas nos hablan en entrevista Gisela Farías, Gilberto Gutiérrez y Octavio Vega.

 

Gilberto, ¿qué representa para “Mono Blanco” presentarse como grupo único en el Teatro de la Ciudad?

 

Es emblemático el teatro, pero la verdad es que ya hemos estado ahí antes, otra vez estuvimos solos, pero esa ocasión la noticia se corrió sólo de boca en boca porque fue un proyecto especial. Ahora será la presentación de este disco en este espacio, emblemático también porque el grupo nació aquí en México y, de alguna manera, pues celebrando todos estos años teníamos que hacerlo aquí, ¿no?, porque fue en beneficio de nuestra cultura y tradición jarochas, pero desde aquí en esta ciudad, que tiene mucho que ver con lo que sucede en el país, sobre todo por la forma centralista en que está diseñada la nación, entonces hay que venir aquí a todo, y no hubiera sido posible iniciar “Mono Blanco” y todo lo que viene después si no hubiera sido por esta ciudad.

 

Cuéntame un poco de “Matanga”, que, por cierto, incluye temas de un disco anterior…

 

Lo que sucede con este disco es que es uno que tiene algunas rolas nuevas, algunas de otros autores y algunos covers –la primera vez que hacemos–, pero también es la presentación de este formato de grupo, un grupo con el que podemos hacer giras, porque con "Stone Lips" pues era una cosa más o menos imposible, éste es un formato que hemos estado trabajando ya a lo largo de diez años. Ttambién queremos que la gente conozca cómo va a ser la música que van a oír con “Mono Blanco” y la "Cofradía de San Antonio", entonces lo que van a oír son estas versiones, no las versiones del otro disco, son unas versiones recargadas, reformateadas y todo lo demás.

 

¿El nombre del disco viene del dicho infantil “Matanga dijo la changa…”?

 

Viene de ese matanga, pues en parte yo pienso que vivimos en el país de matanga, aquí se dan matanga desde los dulces hasta la silla presidencial, entonces es un poco traer a colación el juego infantil, un poco olvidado, que ahora lo vamos a revivir de adultos, aunque la gente siempre que oye matanga recuerda, aunque ya no lo usen. Estoy esperando a un amigo que sabe de estas cosas, Rolando Pérez, porque yo creo que él nos va a decir bien a bien el significado de matanga como una palabra africana, posiblemente mandinga. Entonces espero que para el día de la función ya tenga bien claro qué quiere decir, porque él ha estado encontrando la etimología de todos estos africanismos que hay en nuestra lengua.

 

Gisela, ¿cuál es la importancia de pertenecer a “Mono Blanco”?

 

Yo creo que, para mí, es una gran oportunidad poder tocar con “Mono Blanco”, venir de la tradición y hacer el fandango, también ir a las giras representando tu cultura te da una satisfacción tremenda.

 

Cuéntame alguna en particular, ya sea en el extranjero o en alguna comunidad de México.

 

Bueno, pues realmente cuando uno le llega a la gente, con la música, con el sentimiento que evocas cuando estás en un concierto y también en los fandangos, pues la energía que uno tiene para estar ahí, es como todo, la misma dinámica en que nos vamos moviendo, se siente muy bien en esos momentos.

 

¿Cuál diferencia percibes entre formar parte de “Mono Blanco” y cuando eras parte de la comunidad, como simple espectadora o bailadora?

 

Ninguna, pues te sientes como en una convivencia con todos.

 

Octavio, como músico, ¿qué te ha dejado andar de gitano tocando el son jarocho por el mundo?

 

Mucho, mucho aprendizaje personal, mucho enriquecimiento en la música y, por lógica, eso me motiva a seguir creciendo como músico y en lo personal, y todo eso aportarlo de la mejor manera al grupo. Creo que esa experiencia que hemos vivido, conocer a diferentes músicos del mundo, los países adonde hemos ido, a mí en lo personal me ha servido de mucho, he podido percibir mucho de esos músicos y agregarlo a lo que yo hago, es increíble.

 

De los que has conocido, ¿qué músico te ha dejado huella profunda tanto a nivel personal o musical?

 

Sí, por ejemplo, un músico que conocí en un pueblo de Francia, donde conocimos a algunos músicos, en especial a un guitarrista, Francoise Petit, que a mí me impresionó mucho, músico extraordinario, con un sentido del humor increíble, además de una amabilidad para hacer las cosas, pues todo eso me ha enseñado mucho, al igual que en otros lugares que ahorita no recuerdo, pero han sido satisfacciones muy agradables, gratas.

 

¿Y de los músicos que admiras y aún no conoces y quisieras conocer?

 

En mi caso, en el arpa, pues yo soy arpista, he tenido la fortuna de encontrarme con músicos de África, de Senegal. Así tuve la oportunidad una vez de tocar con Yimou Kouyate, un músico senegalés, ya fallecido, pero que en lo personal a mí me dejó una huella, por lo musical, pues… tengo su música y la escucho, así como de otros…

 

Interviene Gilberto: Pero él decía que también de los músicos que no conoces, que no has conocido, pero que tocas con ellos, estaba pensando, porque aquí Octavio luego llega y nos dice: “Estaba tocando con Eliades Ochoa”, uno de los músicos que él admira mucho, pone el disco y dice: “Estuve tocando con Eliades Ochoa”, también porque es requintero…

 

Octavio añade: Igual que el "Trío Matamoros", el mismo Francoise Petit, tengo música de él y me gusta escucharlo… La digitación es espléndida…

 

Gilberto, después de treinta años, en perspectiva, ¿qué encuentras en esta larga y fructífera trayectoria de “Mono Blanco”?

 

Me dan muchas emociones porque yo llegué a la ciudad de México como a los 17 años, en ese tiempo los jarochos no migraban al norte, entonces migraba uno aquí, y ya venir a la ciudad de México era una cosa increíble, era “el que se va a México”, ¿no?, entonces de algún modo fue encontrar aquí, después de haber dado tumbos y todo, de haber encontrado un trabajo y estar un poco estable, encontrar aquí la música de mi tierra. En realidad, descubrí aquí la música de una tradición de la que yo era parte, pero lamentablemente me tocó un momento en que esta tradición estaba muy decaída, ninguneada, menospreciada por la sociedad, que había encontrado nuevas formas de diversión. Estando aquí en México, en esos años era el folclor latinoamericano y toda esa onda, y era así, por increíble que parezca, era descubrir de repente que el son jarocho también era folclor, es música folclórica, entonces las ganas de querer tocar la jarana, no, realmente fue así, como una inspiración de un momento. Ahora, cuando veo hacia atrás, digo increíble, pues los comentarios que uno recibía por andar tocando esa música eran que se iba uno a morir de hambre, que uno era un vago, que no servía para nada, que… Finalmente, cuando uno ve que todo eso desembocó en un movimiento cultural importante, que todavía va a dar muchos frutos y, sobre todo, que ha permitido que mucha gente sea feliz, tanto nosotros como participantes de todo esto, pero mucha gente que en el son ha encontrado una forma de expresión, un modo de vida, para muchos jóvenes que no tenían otras opciones, sólo que anduvieran trabajando de obreros en PEMEX, con mucha suerte, o se hubieran ido a trabajar a las maquiladoras al norte o hubieran ido a los Estados Unidos, y mucha gente encontró en esto una forma de ganarse la vida. Es más, a muchos de ellos, yo pienso, que de algún modo hasta los perjudicamos un poquito porque no saben lo que es tener que trabajar con la disciplina de la gente que tiene que levantarse cada día y salir a las seis de la mañana para entrar a las ocho, entonces realmente todo esto fue muy cómodo para ellos, vivir de la música…

 

Gilberto, ¿qué podría ser memorable o algo especial el jueves 21 para la gente que aún no ha tenido la suerte de “descubrir” el son jarocho de la mano de uno de los grandes grupos?

 

Bueno, mira, en mi caso yo veo que la gente que es melómana, que le gusta la música y todo eso, pues de repente descubre que es una música que como género tiene todos los atributos de los grandes géneros y que un grupo como “Mono Blanco”, con tantos años dedicado y manteniendo la base y todo eso, llega a tocar con una depuración que no se logra en un palomazo, salvo en contadas ocasiones, por ejemplo, el señor [Andrés] Vega y yo tenemos juntos 28 años, o sea que son 28 años de nuestro desarrollo musical juntos, y luego el señor Vega, Octavio y yo tenemos como 22 años juntos, pues da más o menos lo mismo, aunado a que Octavio es hijo de Don Andrés y que venía de esta tradición, o sea, no vino a ser algo extraño, pero bueno, ya hemos crecido todos juntos; más tarde llega Gisela, que viene a ser parte de un proceso que ella ya conocía, se integra a algo que ya venía haciendo, entonces a la gente le llega mucho. Por ejemplo, la otra vez un canadiense nos decía: “Yo encuentro que ustedes tocan muy limpio, qué pasa en México, qué es esta música”, bueno, ya les platicamos de su origen comunitario, del fandango y todo eso, pero que nos hemos dedicado a tocarla profesionalmente, lo cual quiere decir que estamos pendientes de mejorar aspectos de la ejecución, de la dicción, del canto, hay varias cosas, pero lo más importante de todo es que, aunque sea aquí o en China, los sentimientos humanos son más o menos los mismos y la gente siente la expresión que lleva esta música, no sólo la que en un momento dado le da el grupo o cada uno de nosotros cuando está cantando, sino toda la fuerza de una comunidad que durante cientos de años ha estado haciendo esto. Realmente cuando nosotros nos paramos en el escenario no sólo es “Mono Blanco” ahí, sino todo lo que hay detrás de nosotros, de los Arcadio Hidalgo, de los Tío Zamudio, de tantos otros músicos que ha habido, de todo un pueblo que aquí ha expresado sus formas de ver la vida, de ver la muerte y todo lo que hay en medio de eso.

 

Ya que lo mencionas, en términos personales y musicales, ¿qué retos implica no repetirse, innovar?, ¿cómo lograrlo?

 

Es una música viva y también es una música de improvisación, o sea que, por ejemplo, como el señor Vega ya tiene ahora 78 años de edad y ha sido un músico muy tradicional, campirano y todo, pero que en sus últimos 28 años ha tenido un desarrollo musical, porque ya no ha estado tocando sólo en su casa, sentado en las tardes, sino que ha sido parte de un mundo, ha salido y ha visto las distintas clases de músicos que hay, ha tenido contacto con otros instrumentos y tipos de música, entonces cuando él toca, porque cada uno vive en otro lugar, cada uno de nosotros toca solo en su momento su instrumento, encontrando sus sentimientos, sus cosas que quiere cantar, y luego tenemos la oportunidad de encontrarnos, de tocar juntos, a veces como una forma de ensayo, a veces en un fandango, pero de todos modos siempre está uno con la posibilidad abierta de reinventarse, solamente que sea uno flojo, entonces naciste para tal, pero, por ejemplo, trae uno coplas nuevas, trabaja uno otras líneas, otras posibilidades melódicas en el canto, cuando son en la casa, cuando se da eso es para que después salga cuando estés en el escenario, y luego también el hecho de trabajar cosas nuevas, entonces todo un reto, como el señor Vega dice: “El son jarocho yo ya me lo sé, lo puedo tocar y reinventarlo cada vez que lo toco”, él es muy creativo, pero también dice: “Cuando el otro compone cosas nuevas, pues yo me voy atrás de él y yo le voy buscando”, y es el mismo caso de los demás, si alguien dice: “Tengo esta idea”, por ejemplo Octavio le busca en su requinto o en el arpa, y vamos viendo cómo armarlo mejor, cómo va a sonar, y luego a veces cambiamos de tono los sones, así, de repente, entonces uno tiene que encontrar nuevas formas de cantarlo, te viene un sentimiento distinto y eso es lo bonito del son, que no es como una canción, que tiene una tonada establecida y si te queda alta la tienes que cambiar de tono, eso no existe en el son, tú cantas y si es en otro tono no puedes hacer las mismas melodías que en los otros tonos, entonces tienes que hacer nuevas melodías o te acomodas en ese tono. Realmente lo difícil para nosotros es tocar arreglos fijos, por la costumbre de siempre estar libres, ahorita tenemos la experiencia del bajista que toca en este proyecto, bueno, es un músico increíble, con una imaginación tremenda y a él le gusta mucho tocar con nosotros porque tiene esa libertad, pues está cansado de tocar años y años con orquestas que le dan un papel y le dicen “de aquí no te mueves”, entonces viene y toca con nosotros, “aquí te puedes mover por donde quieras”, porque así es nuestra tradición, entonces es algo que es muy grato para la música.

 

Gisela, también presentaron el disco en febrero en Tlacotalpan, ¿no?

 

Pues casi… fue medio presentación porque no se pudo hacer en el lugar en que se tenía programado, luego tuvimos que acoplarnos a otro espacio, pero en éste también ya tenían sus propias cosas programadas, entonces como que no había un espacio definido, fue muy rápido y no como hubiéramos querido, fue algo improvisado, mucha gente llegó ahí con la esperanza de ver la presentación del disco, no fue esto como hubiéramos querido, porque ya teníamos una programación en… ¿cómo se llama el lugar?

 

Gilberto: la Casa de Cultura… y teníamos una amiga que iba a leer un texto al respecto de todo esto, porque pues hay muchas cosas dentro del disco, dentro de la música, que sólo cuando uno lo va oyendo se va dando cuenta… En realidad, hablando un poco del disco, es un disco para bailar, la primera pieza está dedicada al Tajín, un tema para los dioses antiguos, entonces sí te clava un poco en la meditación, como para estirarte, hacer taichi, pero a partir de la segunda pieza es para bailar. Nosotros venimos de una tierra muy bailadora, tanto del fandango como de lo que llamábamos música tropical, que era menos complejo que llamarla afroantillana –ya ni sé cómo la llaman ahora–, pero todo eso que era música tropical, que era bailar desde los tiempos de "Corraleros de Majagual", Linda Vera, Aniceto Molina, con toda esa gente que vino de Colombia, que metió la cumbia en México, y bueno, antes, porque se bailaba con la "Sonora Veracruz" de Toño Barcelata, aquel son cubano al estilo veracruzano que se hizo en Veracruz, del "Negro" Peregrino, de Moscovita y todo eso… En realidad, cuando una cultura no tiene algo lo toma prestado de otras, entonces estos bailes los hemos tomado prestados de Cuba, Colombia, Dominicana… bailamos merengue, y todo eso, y, por alguna razón, pues México es un país de zapateadores, en casi todo el país se zapatea, de hecho, hasta la polca es un poco de zapateado, pero realmente a partir de nuestra propia música podemos bailar… bailes de pieza, como se decía, al estilo de la música tropical, entonces este disco también es una invitación para el baile, con un filin que viene de esta mezcla de músicos jarochos con músicos del Caribe anglo, que tiene algo del calypso, y algo del filin de la gente de Islas Vírgenes, y hasta participa un músico que es de Corpus Christi, que tiene toda la cultura del Tex-Mex, pero también del blues… Entonces esa amalgama de esta música, yo digo que caribeña, porque también está el asunto de reivindicarnos, los jarochos, como una cultura caribeña, que eso pues ya se viene diciendo en los últimos años, y es cierto, digo, somos veracruzanos, mexicanos, pero también caribeños, porque Veracruz tenía el contacto con todo el Caribe por vía marítima, y eso se acabó un poco, bueno, se acabó totalmente cuando llegaron los aviones, pero ahora en estos viajes que hemos tenido que hacer nos hemos reencontrado con esta gente del Caribe, no sólo del Caribe afrohispano sino también del afroanglo, entonces lo interesante aquí es que el nexo es África, y ya en todo ese andar pues nos conectamos realmente hasta con los africanos, como decía Octavio, conocimos a Yimou Kouyate, hemos tocado con varios de ellos y encontrado que el son jarocho pues sí, totalmente tiene una vertiente muy fuerte de África… Sobre todo porque, mira, si tú te pones a ver, toda la música que se ha desarrollado en la costa atlántica, pues es la música que anda poniendo a bailar al mundo, o la música que oye el mundo, como es el jazz, tenemos acá abajo toda la música cubana, toda la música del Caribe, te vas hasta Brasil, pasas por la bossa nova, el merengue, la cumbia, y todo, y dentro de eso está el son jarocho, hay mucho de África en la música mexicana, no sólo en el son jarocho, hay en los otros sones también, afortunadamente muchos de estos sones mexicanos empiezan a tener un repunte también, una presencia…

 

Gisela, Gilberto y Octavio, artífices
y embajadores que han llevado
lo mejor de la música
jarocha alrededor del mundo
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Octavio, háblame del disco, pensando en el momento de la grabación y ahora, cuando ya lleva varios meses de que lo hicieron.

 

Bien, creo que este disco ha sido una experiencia de enseñanza porque cada día que toco las piezas siento que siempre falta algo por agregarles, porque uno como músico nunca está satisfecho de lo que está haciendo. Como hemos dicho siempre, en esta música se improvisa, sobre la marcha se te ocurren tantas cosas, de repente estás tocando “La palma” y te nacen ideas de agregarle unos versos o un pasaje que te llega en ese momento en que estás tocando, ya sea en la guitarra o en el arpa o en otro instrumento. Pasó algo muy curioso cuando lo estábamos grabando, estábamos el bajista y yo, pues cada uno en su separo, en el estudio, entonces estábamos tocando la pieza esta, creo que era “Se acaba el mundo”, los dos estábamos concentrados tocando lo que le tocaba a cada quien, pero de repente hicimos unos pasajes en que los dos coincidíamos en la misma línea musical y todos nos quedábamos admirados, “qué onda”, pero es la misma frecuencia en la que estábamos, entonces todo eso es fabuloso cuando te llega, yo creo que en general el disco es innovador por eso mismo.

 

¿Alguna pieza te mueve especialmente?

 

Mira, a mí me gustan todas las piezas, pero hay como dos así de las favoritas, ¿no? Una es, de este disco, “Matanga”, me encanta, por esa chispa que tiene, por ese espíritu rocanrolero, porque a mí también me gustan mucho algunas cosas del rock, por eso y por otras cosas. Y otra es, por el arreglo que le hicimos, “Malhaya”.

 

¿Y a ti, Gisela?

 

A mí me gustan todas, las disfruto a lo máximo, estoy muy contenta con el resultado que salió, porque siento que es un proyecto que tiene mucha alma, para sentirlo, para bailarlo, para cantarlo. La verdad es que yo disfruto cada una de las piezas, con cada una siento algo diferente, cada una te hace sentir eso, cuando escuchas la “Canción del Tajín” te lleva a lugares, a muchos sentimientos que te vienen, luego con “Malhaya”, igual, te va llevando, “El Ahualulco”, “El cuarto de Tula” con “La candela”, y “La palma”, “Matanga”, “El chuchumbé”, “Dolores”, que también es tremenda, “Viejo malecón” también me encanta y “Se acaba el mundo”, estoy muy contenta, muy satisfecha con el disco.

 

¿A ti qué te ha dado “Mono Blanco”, tú qué le has dado?

 

Me ha dado mucho conocimiento, mucha enseñanza, yo también le he aportado mi sentimiento, la pasión que traigo del son jarocho.

 

Gilberto, ya pasado el tiempo, casi tres décadas, ¿cómo podrías ubicar a “Mono Blanco” en el movimiento cultural que comentabas hace rato?

 

Bueno, mira, lo cierto es que de esta nueva época del son, de este movimiento, ¿no?, hubo un momento en que estábamos solos, era “Mono Blanco” y ya, con esta idea del grupo, claro que había muchos músicos, desperdigados, la mayoría abandonados. Yo creo que fue muy atinado el deseo de querer que hubiera más músicos, o sea que no nos quedamos aquí en México haciéndonos el supergrupo “Mono Blanco”, nomás de conciertos, sino de haber regresado a la tierra a fomentar el fandango y todo eso, mira, a estas alturas es increíble, porque recibimos mucho aprecio de la gente, digamos el 99.9 por ciento nos quiere, pero hay ese otro 0.1 por ciento que nos tira mala onda por envidia o por no entender lo que somos o también porque “Mono Blanco” tiene muchos hijos y luego los hijos tienen que matar al padre para sentir que pueden ser, entonces de ahí les meten algunas malas vibras a través de terceros y luego pues uno a veces sí se va enterando, a veces hay gente que, como no te conoce, lo que les queda es hablar mal de uno, pero en realidad creo que es más la buena vibra que recibimos, mucha gente que a veces tiene mala onda, ya cuando nos conoce se convence de que somos inofensivos, que somos gente buena, que sólo hemos querido que esto creciera y que ha tomado muchos caminos, con los que nosotros no tenemos ya nada que ver, con lo que está sucediendo. En la práctica fuimos unos provocadores y ahora las cosas van, tienen su propia dinámica, dentro y fuera de la tradición, a nosotros lo que nos corresponde es seguir haciendo nuestra parte de las fiestas tradicionales, del fandango tradicional, apoyando a otra gente que está provocando desarrollo de esto en sus regiones, en su cultura, seguimos apoyando a gente joven, ¿apoyando?, la gente dice “qué es eso”, pues dándoles los medios, muchas veces la gente que puede tener una jarana no es la que tiene más talento, y luego la gente que tiene más talento no puede tener la jarana, y entonces ahí estamos nosotros, bueno, no te voy a regalar la jarana, pero vente, vamos a hacerla juntos, ya como dice uno de ellos, “bueno, uno casi no hace nada”, cómo no, lijas, cortas, atiendes al maestro, y de esa manera vas ayudando a que otra gente se haga.

 

En este sentido, hace treinta años eran los únicos con esta idea, hoy abundan los hijos, pero lo cierto, en este momento que vive el son jarocho, en que hay una abundancia, una expansión, una consolidación, en su caso, ¿cómo han logrado permanecer con los pies en la tierra, seguir perteneciendo a la comunidad y manteniendo su esencia?

 

Sí, bueno, mira, la verdad que nos ha tocado abrir puertas, pero siempre hemos estado muy conscientes de que uno no puede dejar de ser de la tierra, que si uno se desconecta de su origen, recuerdo las lecciones del maestro Kalimán, que cuando se desdoblaba salía su espíritu y decía que estaba unido a su cuerpo por un hilo tan delgado como la cera pero tan fuerte como el acero, y ese hilo es el que no se puede reventar, si uno deja de pertenecer a la comunidad, incluso de cambiar de modo de vida, y hacer lo que hacemos, de repente ser un bato de BMW, penthouse en Polanco o ahora en la Condesa que está de moda. Esencialmente nosotros seguimos siendo las mismas gentes de origen campirano, que disfrutamos de estar en el campo, disfrutamos estar con la gente del campo, ir a hacer la fiesta con ellos, luego sí vamos por el mundo y todo esto, pero regresamos otra vez, ese hilo tan delgado como la seda sigue ahí, porque yo sí he visto gente que se pierde, incluso gente que se aleja de sus pueblos y sus orígenes y cuarenta años después están en un lugar distante defendiendo una tradición a la que ya no pertenecen y que ya no es la misma porque las tradiciones cambian, por ejemplo la gente con la que fandangueábamos hace treinta años pues muchos ya no están, entonces ahora fandangueamos con otra gente, de repente nosotros íbamos como “Mono Blanco” a El Jato, a apoyar a los chamacos que estaban ahí, a hacerles sentir que esto era importante, que valía la pena y hacerles instrumentos, proveerles de herramienta y todo, ¿no? Ahora, de algún modo, seguimos haciendo esto ya con los hijos de aquellos, ¿no?, muchos de esos muchachos se fueron, libraron de ese lugar, y si no se trabaja con la siguiente generación, ya que muchos son hijos de ellos, pues se corre el mismo riesgo de que se pierda, se rompa la continuidad, que fue con lo que pasó antes, entonces bueno, ahí estamos, ahí seguimos, y yo espero que de eso nos vamos a morir, no me veo alejándonos de nuestro lugar de origen y ya no volver. Yo estuve tres años en San Francisco y venía a los eventos más importantes de la tradición, siempre, porque es una necesidad, uno tiene que volver siempre… Yo, de hecho, me refugio más en El Jato, que es el lugar de Gisela, de la esposa de Octavio, y de muchos amigos que tenemos ahí, que fueron amigos de mi padre y de mi abuelo también, porque el Tres Zapotes que conocí donde yo nací ya no existe, existe un pueblo llamado Tres Zapotes, pero ya no es el lugar donde yo crecí, entonces este lugar se parece más a aquello, entonces allá es donde yo voy, a estar con la gente, a sentirme parte de esa tierra, y ahí está la montaña que vi desde niño, y todo, y eso me vuelve a dar ánimos para seguir, y sí, no te creas, mucha gente sí nos pregunta, a mí personalmente me preguntan, dicen: “Mi hermano, por qué tú no has cambiado?”, bueno, yo creo que no hay que cambiar, uno puede crecer, desarrollarse y ser el mismo, también dicen que porque hablo igual que cuando voy allá, tengo el mismo acento, porque manejo el mismo lenguaje, porque como las mismas cosas, y hay la gente que se va y está unos años en el norte y regresan y dicen “Es que ya no me hallo aquí, yo ya me voy, aquí ya no me hallo…”.

 

Octavio agrega: Se pierde la identidad cuando eso pasa, y cuando se pierde la identidad ya no somos de ahí ni somos de ningún lado…Cuando él se fue a Estados Unidos, yo estuve aquí en la ciudad por seis o siete años, igual haciendo la música, dando talleres, buscando también… porque en ese momento yo no quería regresar al rancho, porque digo pues ¿yo ir a trabajar al campo?, pues sí, sí me encanta, porque eso es lo que nos enseñó mi padre, pero para el modo de vida que yo quería no era eso, si me quedo en el rancho no voy a poder desarrollar la música como yo quiero, entonces hay que darle seguimiento en la ciudad por un rato, sin perder la cultura de mi pueblo, yo siempre iba a retroalimentarme cada vez que podía, con mi familia, con los amigos, en los fandangos que se hacían por allá, siempre, entonces yo creo eso es finalmente lo que vale la pena…

 

Gilberto: hay algo que, como él no te lo dice, yo te lo voy a decir, es que tú puedes llegar a la casa de Octavio, y él en el mismo lugar de su padre, de su abuelo, pero tiene una colección de música del mundo, y que ésas son las cosas que te enriquecen y le cambias, entonces por ejemplo yo sí conozco a otros contemporáneos de él, que los vas a visitar y están oyendo a Chente, la chunchaca y siguen oyendo eso, y de repente pues ya con Octavio uno puede llegar y está oyendo a Eliades Ochoa, Salif Keita, está oyendo… pues música que conseguimos por el mundo cuando vamos… Y ésas son las formas en que un músico se enriquece, ¿no?

 

Octavio: Es que es bonito ser melómano…

 

Sin duda, es bonito serlo, sobre todo cuando dentro del universo sonoro de un melómano se encuentra la música mexicana, como la que nace en los ranchos y comunidades y llega a las ciudades gracias al talento, la tenacidad y el esfuerzo de músicos como los que integran “Mono Blanco”, quienes, acompañados de la “Cofradía de San Antonio “(“¿Quiénes son?”, le pregunté a Octavio. “Los que no son de “Mono Blanco””, en referencia a los músicos invitados que participan en el proyecto de “Matanga”), pondrán a bailar en sus asientos a las personas que asistan al Teatro de la Ciudad el jueves 21 en un concierto que promete ser inolvidable.

 

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

 

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