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Arte y Cultura - August 18, 2008

Más de 4,000 rocas dispersas dan vida a zona arqueológica conocida como “Boca de Potrerillos”

Petrograbados que sugieren
que los cazadores y
recolectores que ahí habitaron,
llevaban el registro del
tiempo mediante la
observación de
eventos astronómicos
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 18 de Agosto del 2008.- (INAH) En la llanura de la sierra El Antrisco, en Nuevo León, se halla un conjunto de más 4,000 rocas dispersas que dan lugar a una zona arqueológica conocida como Boca de Potrerillos.

Su relevancia no radica en la monumentalidad de pirámides como las del área maya o del centro de México, sino en la alta concentración de petrograbados e imágenes que hay diseminados en paredes de cuevas y grandes bloques de roca, y que alcanzan hasta 10 mil años de antigüedad.

Allí se pueden apreciar huellas tempranas que los habitantes de aquella región quisieron dejar inscritas en esas piedras y que, según expertos, se trata de unas de las primeras manifestaciones de arte rupestre en suelo mexicano.

Más de 10 mil petroglifos, con una datación que se remonta al Periodo del Holoceno (10000 a.C), son los que le dan ese carácter excepcional a la Zona Arqueológica Boca de Potrerillos, que este año proyecta la apertura de una nueva sección de visita al público, llamada El Promontorio, área en la que predominan figuras relacionadas con la astronomía de los pueblos pretéritos.

Se trata de un espacio de 2.5 hectáreas en los que se concentran alrededor de 700 petrograbados, que sugieren que los grupos de cazadores y recolectores que ahí habitaron, llevaban el registro del tiempo mediante la observación del Sol, las estrellas y otros eventos astronómicos.

Líneas rectas, en cruz o interceptadas por ruedas, series de círculos de los que penden trazos a modo de rayos, tal vez en alusión al astro rey, son algunos de los ejemplos de los grabados en enormes piedras que se pueden admirar en el Promontorio, área que generalmente el público desea visitar, y que podría ser posible a finales de 2008.

La apertura de este nuevo sector, incrementará al doble el área de visita a la Zona Arqueológica Boca de Potrerillos, que actualmente consta de 2.5 hectáreas, donde se concentran cerca de 500 rocas con grabados. “Es decir ahora se tendrán cinco hectáreas de visita, de las seis con que cuenta el sitio”, informó Moisés Valadez Moreno, arqueólogo el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en esa entidad.

Enclavado en el cañón que se forma entre las sierras la Zorra y Antrisco, en el municipio de Mina, este sitio arqueológico representa el único de los 400 sitios con patrimonio prehistórico del Nuevo León, abierto a la visita pública, y que forma parte de la región que conjuntamente con la porción oriente de Coahuila, se ha denominado el Cuadrángulo Rupestre del Noroeste Mexicano.

La ampliación del sitio, abundó Valadez Moreno, requerirá de la creación de un puente colgante que permita acceder pasar por encima del río y poder llegar al Promontorio. Paralelamente, también se efectuará la ampliación del Museo de Sitio, con la finalidad de crear un área audiovisual que permita enriquecer la visita.

Así como la creación de un laboratorio para la investigación que permita el estudio de los materiales arqueológicos que se han hallado, como artefactos de lítica y madera para la cacería, restos de fibras, conchas fósiles y esqueletos humanos.

Asimismo, acotó, que como parte de la nueva infraestructura, en el modulo de atención a visitantes se habilitará un guardarropa con el fin de que los visitantes dejen sus pertenencias ahí, y lo único que puedan llevar consigo durante el recorrido por la zona arqueológica, sólo sea agua. “Con esta medida se evitará que el público porte algún objeto punzo cortante, y prevenir el deterioro de los petroglifos por vandalismo”, dijo.

Por otra parte, el investigador Valadez Moreno, comentó que recientemente el INAH concluyó el expediente técnico del sitio Boca de Potrerillos, con la finalidad que en un corto plazo pueda ser presentado ante la UNESCO para ser considerado como candidato a la Lista de Patrimonio Mundial.

“El valor excepcional por el que se está proponiendo este sitio, se encuentra en el hecho de que se trata de uno de los pocos ejemplos en los que se puede encontrar una gran densidad de petrograbados en un mismo lugar, y que se trató de un punto estratégico sobre rocas cuya visual en proyección horizontal o vertical apuntan hacia puntos donde se registraban eventos naturales y que eran escenario de eventos rituales”, concluyó el arqueólogo.

   

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