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Arte y Cultura - July 31, 2008

“Textofilia, revista de literatura y arte” hecha en México

Núñez Hernández, es el joven
empresario, director de
una revista de formato
medio que apunta a la cultura
Foto:
Gregorio Martínez M./Azteca 21

Entrevista con el Director General, Alfredo Núñez Hernández, quien nos habla de su aventura editorial independiente, en estos tiempos en que apostar por un proyecto cultural es, además de loable, muy arriesgado, particularmente en el aspecto económico.

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 30 de julio de 2008. En octubre de 2007 se llevó a cabo el ciclo “Editores de alto riesgo”, coordinado por Sergio Téllez-Pon, en la Casa Refugio Citlaltépetl, en la colonia Condesa de esta ciudad. En una de esas mesas conocí al escritor y editor Alfredo Núñez Hernández, director de “Textofilia. Revista de literatura y arte”, quien participó en una mesa junto a otros editores, Téllez-Pon, de Quimera Ediciones, y Pável Granados, de Gato Negro Ediciones.

“Textofilia” es una revista de pequeño formato –me parece que media carta– y su portada la distingue, pues, al menos en los dos números que poseo, es la obra de un artista plástico, casi siempre abstracta. Sobria, atrayente. El contenido lo integran secciones muy definidas: poesía, narrativa –cuento–, ensayo, entrevista con el artista plástico que ilustra la portada y algunas páginas interiores y un tema que define cada número: en el 8, del verano de 2006, Virgilio Piñera; en el 10, del invierno de 2007, una antología de correspondencia de autores como María Zambrano, Piñera, Gilberto Owen, Allen Ginsberg, entre otros. Por lo que se ve, es de aparición trimestral.

Por diversos motivos, entre ellos el exceso de trabajo de Alfredo y un viaje que realizó a España en este año, no habíamos podido concretar una entrevista pactada en aquellos días. Después de una larga espera, he aquí el resultado.

Alfredo, platícame de la idea de realizar “Textofilia”, ¿cómo surge, entre quiénes, cuándo, por y para qué?

“Textofilia” nació hace cuatro años como un proyecto universitario. Éramos un grupo de estudiantes bastante inquietos y con muchas preguntas. La revista surgió para nosotros como un espacio abierto para la duda y la discusión sobre el arte y la literatura contemporánea, un lugar de riesgo donde exponíamos nuestros propios hallazgos, que casi siempre estaban fuera de los círculos académicos o lo que nos enseñaban en las aulas. Creo que abrimos esas páginas guiados por una sensación de inadecuación, no estábamos conformes con lo que se nos exponía en clases ni con el panorama oficial de la literatura nacional marcado por las tendencias que imponen las propias casas editoriales trasnacionales. Estábamos hartos del ruido, de los autores-ídolos, que casi siempre van acompañados de un aparato mercadotécnico tremendo. Buscábamos la sencillez, la limpieza, una revista donde fuera grato leer, lejana a los grandes formatos y a las pretensiones de abarcar millones de lectores porque conocíamos nuestros alcances. Pensábamos que nuestro lector apreciaría una revista donde aparecieran obras de calidad antes que nombres famosos, un espacio crítico, porque finalmente creo que ése es nuestro objetivo como revista: mantener viva la discusión y el diálogo.

¿Cómo obtuvieron los recursos para editarla, ha variado esa situación con el transcurso de los meses, cómo le hacen ahora para publicarla?

Los recursos para el primer número salieron literalmente de una fiesta. Teníamos claro que la inversión que requiere una publicación periódica siempre es muy grande, y más cuando se trata de un producto cultural. Por eso mismo aprovechamos lo que teníamos en ese momento: un miembro de nuestro equipo estaba vendiendo su casa y la propiedad estaba sola, completamente vacía. Aprovechamos ese espacio y lanzamos una invitación masiva por Internet a la comunidad universitaria de diferentes instituciones. Fue una fiesta memorable. Llegaron alrededor de 220 personas y logramos juntar el dinero necesario para el primer número. Después fue muy grato ver que la revista comenzaba a gustar, que la gente la compraba a pesar de que nuestra distribución era muy limitada. Como revista independiente, el primer problema al que nos enfrentamos fue precisamente la distribución: ninguna empresa quería trabajar con nosotros, nadie tomaba el riesgo de comercializarla porque pensaban que no se venderían ni dos ejemplares. Así que comenzamos a confiar en la “labor hormiga” y nosotros mismos íbamos librería por librería, hecho que debilitó mucho el entusiasmo de algunos miembros del equipo. Después, aprovechamos todos los recursos que la experiencia autogestiva nos había dado y lanzamos un proyecto de distribución especializado en materiales culturales que garantizara un servicio de calidad y, al mismo tiempo, fuera una alternativa confiable para los pequeños o medianos editores que no tienen acceso a las grandes casas distribuidoras, mismas que también están supeditadas al mercado voraz y las leyes de los libros chatarra o de desecho, antes que a la calidad de los productos. Ahora tenemos una cartera muy variada de clientes que van desde editores de revistas nacionales, hasta editoriales independientes latinoamericanas, como es el caso de Ediciones Malvaro, de Argentina, o Estruendomudo, de Perú. Paralelamente, recibimos una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, misma que volvimos a ganar el año pasado. Con este apoyo logramos cubrir los gastos de papel y el resto es a partir de las ventas. A pesar de que somos una revista muy pequeña, hemos tenido buena aceptación y es gracias a nuestros lectores que logramos sobrevivir hasta el número 15, que estamos editando ahora.

¿Cómo deciden el contenido de un número, dado que se ve que es trimestral y están abiertos a propuestas de colaboración?

“Textofilia” funciona a partir de un Consejo Editorial que se reúne periódicamente para analizar y discutir las colaboraciones que nos llegan. Está integrado por diferentes visiones y perspectivas. Cada número se forma a través de invitaciones y colaboraciones externas que llegan de diferentes lugares. Uno de nuestros intereses fundamentales es poner en diálogo a la literatura con el arte contemporáneo. Hace poco tiempo, uno de nuestros lectores nos comentó que él pensaba en “Textofilia” como una galería errante que va de mano en mano, ya que siempre publicamos las imágenes en una sola página, para promover que las piezas se observen con suficiente detalle y no como meras ilustraciones de los textos. Este comentario nos alentó a formar un nuevo proyecto que aún está en construcción y estará dedicado a la difusión de artistas plásticos y/o visuales: Galería Errante, pero todo esto partió de un interés en común que tiene el Consejo Editorial. Otro de los retos que se ha impuesto el Consejo para este año es promover el ejercicio de la traducción de otras lenguas. Hasta el número 9, “Textofilia” había difundido en su última sección obras de escritores latinoamericanos poco estudiados o conocidos en nuestro país, pero muy importantes para otras tradiciones literarias. A partir del número 10 abrimos esta sección a otras latitudes como Japón, China, Estados Unidos y Francia, publicando obras que para nosotros mismos constituyen hallazgos extraordinarios.

En tu opinión, ¿cuál es el papel que desempeña una revista cultural y, en su caso, cuál es el de “Textofilia”?

Desde mi punto de vista, el objetivo de cualquier revista cultural es mantener viva la discusión y el diálogo sobre los tópicos que se planteen. Ésa me parece que es su función primaria: mantener viva la especulación, el interés. Y para ello es necesario no subestimar al lector, que siempre está ávido de calidad. Respecto de “Textofilia”, no sé si logre ese objetivo tan escurridizo, creo que sería mejor preguntarle a los lectores.

En el número 8, correspondiente al verano de 2006, publicaron poemas, cuento, ensayo, entrevista y una antología de Virgilio Piñera; en el 10, correspondiente a invierno de 2007, hay poemas, minificción, entrevista, ensayo y una antología de cartas; en ambos números hay ilustraciones de artistas jóvenes, que podríamos considerar abstractos. Desde tu punto de vista, ¿cuál es el criterio editorial de la revista que diriges y en qué se basa?

El criterio de nuestro Consejo no es uno ni el mismo siempre. Va cambiando de acuerdo con nuestros propios procesos, nuestras búsquedas e intereses particulares. Del primer ejemplar al último hay una diferencia enorme y a la vez una misma línea editorial que, si bien no parte de ninguna preceptiva dogmática, puede intuirse en la lectura. Respecto de la parte dedicada al arte, nos interesa el lenguaje abstracto porque consideramos que es el lenguaje más propio a nuestro tiempo y más conforme a lo que vivimos. Nos es más auténtico presentar trabajos de este tipo y siempre los acompañamos de una entrevista para que el lector pueda acercarse a la obra de determinado artista visual a partir de su propia voz. A diferencia de la literatura, nuestras secciones de arte no tienen una convocatoria abierta debido a que aún somos un equipo muy pequeño y llegan muchas y muy variadas colaboraciones. Entonces, hemos funcionado a partir de invitaciones y recomendaciones. Por otro lado, existe una convocatoria abierta permanentemente para la recepción de obras en prosa. Las obras llegan anónimas al Consejo Editorial, puesto que nos interesa la calidad antes que la fama de ciertos nombres, y me parece que “Textofilia” es de las pocas publicaciones que ofrecen, en caso de no ser publicada la obra, la posibilidad de que el autor pida las razones críticas elaboradas durante el análisis que hizo el Consejo Editorial. Esto es algo que muchos colaboradores nos agradecen, puesto que saben que su texto será leído con cautela y analizado. La única edición especial que hemos hecho es justo el número 10 que, como bien lo mencionas, hicimos un epistolario. Decidimos dedicarle un número a ese género tan abandonado que representa la escritura de cartas. Muchos autores incluso ensayan sus propias poéticas en sus epístolas o infiltran ideas que de pronto resultan fundamentales para comprender sus obras. Lejos de buscar el éxito con un número dedicado a la novela (que hoy por hoy representa el género más leído), decidimos formar el epistolario para dar cuenta del valor literario que existe en esa escritura confesional, casi autobiográfica. Quedamos muy sorprendidos con la cantidad de documentos olvidados y empolvados que hay respecto del tema en acervos bibliográficos e incluso de la correspondencia que sostuvieron autores tan importantes como Virgilio Piñera y María Zambrano. En ese caso particular, los criterios de selección fueron dos: que las cartas fueran literatura por sí mismas y, por otro, que reflejaran algunas ideas de los autores respecto de la escritura, de su propio trabajo y de sus intereses formales.

¿Cómo se distribuye “Textofilia”, dónde se consigue, cuántos ejemplares se tiran, cuántos lectores tienen, cuál es su impacto en el medio cultural mexicano?

“Textofilia”, como lo mencioné antes, es un proyecto autogestivo. Hace tres años formamos una S.C. que nos permite llevar a cabo muchas actividades relacionadas con la edición y comercialización de libros, por eso mismo su distribución es a nivel nacional, principalmente en librerías como Fondo de Cultura Económica, EDUCAL de CONACULTA, librerías Gandhi, librerías El Péndulo, El Parnaso, tiendas como el Videódromo, Disoteka, Kong, entre otras. Nuestro tiraje es de mil ejemplares y al día de hoy tenemos algunas suscripciones internacionales, aunque nuestro mayor consumidor es el lector mexicano interesado en temas relacionados con la producción artística. La mejor forma de conseguirla es suscribiéndose a través de nuestro sitio web, www.textofilia.com, siguiendo los pasos que se indican. Por otro lado, últimamente hemos hecho una labor muy intensa en ferias del libro para dar a conocer nuestro proyecto y, junto con otros amigos editores, hemos organizado las “ventas nocturnas de publicaciones alternativas”, que funcionan como el esquema normal de una venta nocturna: con muchos descuentos atractivos para los asistentes, pero con la diferencia de que promovemos un ambiente festivo donde hay bebidas gratis como mezcal o cerveza de nuestros patrocinadores, música en vivo: jazz, experimentos acústicos, DJ, etcétera. Hasta ahora han funcionado bastante bien, porque al eliminarse el intermediario (en esta caso la librería), las editoriales pueden ofrecer mejores precios y colocan sus publicaciones al alcance de todo público. A su vez, es un medio para conocer otras propuestas editoriales independientes y establecer nexos o relaciones con otras personas que también están en esta pequeña industria.  

¿Tienen algún nexo o relación con la revista “Letra en Ruta”, de la Universidad de Princeton? Si es así, ¿cuál es?

Nos gusta pensar en “Letra en Ruta” como la revista hermana de “Textofilia” porque justamente surgió a partir de la gran amistad entre su director fundador, Steven McCutcheon, y nosotros. “Letra en Ruta” nació también de ciertos cuestionamientos que compartimos. Es la primera revista en español que se publica en la Universidad de Princeton en 260 años que lleva como institución y se pregunta por lo que está ocurriendo en Estados Unidos con tantos autores latinoamericanos que residen allá sin renunciar a su lengua y, sobre todo, qué ocurre con la escritura y las nuevas inflexiones, tonos o registros que se introducen a partir del enorme crisol de lenguas que convergen en un territorio tan diverso. “Letra en Ruta”, además, propone un diálogo entre los países latinoamericanos a través de una convocatoria abierta para la recepción de obras, gesto que comparte con “Textofilia”. Nosotros acogemos el proyecto en México, somos miembros del Consejo Editorial y nos encargamos de su impresión y distribución en toda la República.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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