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Arte y Cultura - July 22, 2008

El Cuarto Festival Internacional de “Letras en San Luis”, un festival muy bien hecho

Fernández, escribe crónica
taurina con el seudónimo
'Pepe Malasombra'. Su obra
literaria aparece en más
de diez antologías
nacionales y extranjeras
Foto:
Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Marcial Fernández
Colaboración especial para Azteca 21

Cuestionado como otros escritores participantes en dicho festival, Marcial Fernández nos envió una respuesta más amplia, misma que reproducimos a continuación. Marcial nació en la ciudad de México y estudió Filosofía en la UNAM. Es fundador y director de la Editorial Ficticia y del portal www.ficticia.com. Escribe crónica taurina con el seudónimo Pepe Malasombra. Su obra literaria aparece en más de diez antologías nacionales y extranjeras. Entre sus libros se cuentan “Andy Watson, contador de historias” (cuentos), “Balas de salva” (novela), “En el umbral del miedo” (ensayo), “Los Nuestros, Toreros de México desde la Conquista hasta el Siglo XXI”, (biografía), entre otros (G.M.M.).

El Festival de San Luis

Soy un convencido de que los festivales, lecturas, congresos, encuentros, etcétera, de literatura en México, cuando están bien hechos, cuando se llevan a cabo de manera profesional por los organizadores, cuando están abiertos para el público en general, en mucho cambian —para bien— la pobre educación que reina en este país.

¿Por qué?

Más allá de la participación de tal o cual ponente, escritor o editor, famoso o desconocido, existe la probabilidad que alguna parte del público —no importa si es una, dos, tres o decenas de personas— se enganche al mundo de la lectura, lo que lo convertirá, a la postre, en un individuo más pensante, crítico, rico en cuanto a posibilidades de gustos o disgustos y, por lo mismo, cercano a una ética del bien común y lejano a las tentaciones de corrupción tan arraigadas en las circunstancias propias que, día a día, rondan la integridad del mexicano.

¿Cuándo un festival está bien hecho?

Primero: cuando no es aburrido. Y no lo es cuando no se impone algún tipo de mensaje oficial o cuando, más allá de buscar el bien común, los organizadores pretenden imponer temas que ayuden a equis o ye político a posicionarse en el agrado de la gente. Sin embargo, la búsqueda de ese bien común es, en sí mismo, una posición política que sirve a los organizadores a dar un mensaje más allá de ese bien común. Y eso se logra permitiendo a sus invitados la libre expresión de su pensamiento, la polémica entre los ponentes y el público, y los acuerdos y desacuerdos conceptuales entre los presentes todos.

Segundo: que el festival sea lo más plural posible, que en el programa se den cita voces con una propuesta propia y que se ponga por delante, para la invitación de los ponentes, la calidad literaria de sus obras y no sus famas, cargos públicos o cualquier otro tipo de menesteres que no tengan que ver con la excelencia literaria. Aunque, es necesario decirlo, la invitación de uno, dos o tres escritores “mediáticos” siempre ayuda para que más personas se acerquen al encuentro y, con ello, se abren más posibilidades para que del público surjan lectores.

Y tercero: lo que podría pensarse como una banalidad, como sería el reconocimiento público a tal o cual escritor, no lo es. Y lo es menos en México, un país en el que la “educación” se ha tergiversado tanto que pareciera más importante una persona con muchos bienes materiales, que otra persona con bienes intelectuales.

El Festival de las Letras San Luis Potosí 2008 fue, en todos los sentidos, un encuentro bien hecho. Independientemente de mi participación, ya como escritor, ya como editor o ya como público, me dio la posibilidad de conocer la obra reciente, en muchos casos aún inédita, de escritores y de editores diversos, pero todos con un atributo común: la excelencia de sus trabajos. Con ellos pude estar de acuerdo o disentir en sus propuestas estéticas; me di cuenta de que, en algunos casos, debía profundizar en el conocimiento de su literatura; y en otros momentos intenté “envenenarlos” de mis propias propuestas que pretenden, además de un posicionamiento estético, una posición ética para vivir este mundo.

Considero, además, un lujo memorable haber conocido personalmente —con todo lo que esto conlleva— a los escritores José Emilio Pacheco, Juan Antonio Masoliver y Félix Daujare. Y estoy cierto, completamente cierto, de que si todos los ayuntamientos del país explotaran sus partidas presupuestales hacia la cultura como en la actualidad lo hace el ayuntamiento de San Luis Potosí, México daría un paso muy importante no sólo en la educación de su gente, sino en un cambio deseado que a la larga nos volvería un país con más identidad, con más fortaleza y, por lo tanto, más soberano de su destino.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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