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Ciencia y Tecnología - July 22, 2008

Cráter de Chicxulub, tema del taller “Tradiciones del Sol”, llevado a cabo por el INAH y la NASA

Manifestación artística del
momento en que el meteorito
impacta la zona de Chicxulub,
en la Península de Yucatán
Foto: Cortesía yucatan.com.mx

Ciudad de México.- 22 de Julio del 2008.- (CONACULTA) ¿Por qué desaparecieron los dinosaurios? es la pregunta que motivó a los niños del poblado de Chicxulub Pueblo, ubicado en la península de Yucatán, a acudir a los talleres que el INAH y la NASA prepararon el sábado 18 y domingo 19 de julio para explicarles complicados fenómenos astronómicos y hacerles saber que no es tan difícil convertirse en un científico.

 

A la entrada de la presidencia municipal de Chicxulub, población ubicada a una hora del mar, un enorme cartel en el que se veía el esqueleto del Tiranosaurio Rex con sus enormes dientes y el mapa de Yucatán dentro de un globo terráqueo, daba la bienvenida a los niños.

 

Los científicos de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio  (NASA por sus siglas en inglés) han difundido a nivel mundial la hipótesis aceptada por la ciencia internacional, de que en Yucatán, hace 65 millones de años cayó un objeto del espacio exterior que impactó contra la Tierra y causó tal explosión que terminó con la vida de la mayoría de especies que habitaban el planeta en ese momento, entre ellas los dinosaurios.

 

Fue justo debajo de Chicxulub Pueblo, donde encontraron las evidencias de un gran cráter de casi 200 kilómetros de diámetro que, de acuerdo con investigaciones  de la NASA, es la marca del objeto que chocó con la Tierra.

 

Por tal motivo, El cráter de Chicxulub fue el tema que eligieron los integrantes del proyecto de investigación y divulgación científica Tradiciones del Sol, llevado a cabo por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la NASA y la Universidad de California en Berkeley, para difundir entre las poblaciones mayas investigaciones de astronomía y arqueoastronomía.

              

En los talleres, que se realizan desde 2007 en diferentes comunidades indígenas, se explican fenómenos físicos y astronómicos complicados de una manera sencilla y divertida; en esta ocasión las actividades permitieron experimentar con el horario, los rayos ultravioleta, el magnetismo, la distancia del sol respecto a la Tierra, y los cráteres que forman los meteoritos al impactarse con los planetas, además de observaciones del Sol por telescopio.

 

Celia, Mónica y Natalia, de 9 y 11 años de edad respectivamente, participaron primero en los talleres ultravioleta porque les atrajeron las pulseras de cuentas blancas que podían elaborarse si participaban. Ya hechas las pulseras, los niños salían corriendo a buscar el Sol por indicaciones de sus instructores, y veían como las cuentas de plástico empezaban a pintarse de color: rosa pálido, azul y violeta.

 

¿Por qué se pintaron sus cuentas? __Por los rayos ultravioleta que manda el Sol. Eso le pasa a nuestra piel cuando nos ponemos en el Sol, contestan.

 

A Víctor le gustó más el taller de los meteoritos: en una caja de cartón había mucha harina y en ella podía lanzar con fuerza o despacio limones, naranjas y piedras más grandes, luego la tallerista quitaba los objetos de la harina y Víctor veía los hoyos que dejaba la piedra que acababa de lanzar.

 

Eso le pasa a la Tierra cuando cae un meteorito; su velocidad y distancia puede causar cráteres enormes, como el que se encuentra debajo de Chiuxulub, le explicaron.

 

Otro grupo de niños jugaba al Sistema solar, uno se colocaba en un punto fijo con la fotografía del Sol, tomada por un satélite, y los demás se alejaban de él, haciendo paradas a distintas distancias, como si fueran los planetas. Otros más levantaban objetos de metal con imanes y jugaban con sus dedos y una pelota de plasma eléctrico: cada vez que sus dedos la tocaban, podían ver un hilito de luz morada que se dirigía a ellos desde el centro de la pelota, donde estaba colocado un metal.

 

En donde pegaba más fuerte el Sol, más niños jugaban con sus relojes de Sol, unas hojas blancas marcadas con rayas que forman ángulos numerados del 6 al 12 y del 12 al 6. En el centro apuntaba un triángulo de cartón a manera de aguja que hacia sombra sobre los ángulos. Cuando Paty la colocó al Sol, la sombra marcaba el número doce. Eran la una de la tarde pero en horario de verano. Se dio cuenta de que para el sol no hay horario de verano.

 

Además de los talleres, se montó la exposición fotográfica El Sol nos une a todos, integrada por imágenes de diferentes monumentos astronómicos mayas y de Monte Albán, acompañadas de fotografías de los astros, captadas por satélites y potentes microscopios desde importantes observatorios como el Nacional de Kitt Peak, Arizona.

 

En las imágenes, el público pudo apreciar el fenómeno de luz y sombras que ocurre en la pirámide de El Castillo de Chichén Itzá que simula una serpiente que desciende del edificio hacia el norte, donde se encuentra el Cenote Sagrado; también la  estela más grande de Monte Albán que verifica el medio día local y cuyo significado está relacionado con el calendario zapoteca.

 

El templo de las Siete Muñecas de Dzibilchaltún, donde el sol destella a través del portal principal durante el equinoccio de primavera. El Caracol, también en Chichén Itzá, usado por los antiguos mayas para observar los ciclos del Sol, la Luna y el planeta Venus y con el cual pudieron predecir estaciones, eclipses y apariciones de Venus en el cielo matutino y vespertino, son otras imágenes.

 

Otro fenómeno científico, es el templo de las Inscripciones, en Palenque, que se construyó alineado de acuerdo con los ciclos solares, de tal forma que marca los solsticios y equinoccios, el movimiento del Sol en el Cenit (el punto directamente arriba) y el en Nadir (el punto directamente debajo).

 

Víctor, de cinco años de edad, quien vive en Chicxulub, llegó muy temprano a las conferencias y le pidió a su madre que le leyera todas las cédulas de la exposición fotográfica porque quería “saber más de las estrellas”, pensó que vería dinosaurios de verdad, como los que ha visto en la televisión y le gustan mucho porque son grandes y fuertes.

 

Aunque los talleres de Tradiciones del Sol fueron diseñados para niños, los adultos de Chicxulub también se acercaron a pedir pulseras con cuentas sensibles a los rayos ultravioleta y jugaron con la pelota de plásma eléctrico.

 

Isabel Hawkis, directora del Centro de Educación de Ciencias en el Laboratorio de Ciencias Espaciales de la Universidad de California en Berkeley, quien organiza los talleres dentro del proyecto Tradiciones del Sol, codirigido por ella y los arqueólogos José Huchim y Nelly Robles, del INAH, explicó que para desarrollar materiales didácticos efectivos siempre se debe pensar en el propósito y cuál va a ser el resultado final, qué queremos que aprendan los niños.

 

“El diseño de nuestros talleres comienza con una pregunta reflexiva, que responda a lo que queremos que los niños aprendan, porque en la divulgación hay que empezar por el final.

 

“Por ejemplo, si Chixulub es un lugar que tiene un cráter de impacto que no existe en otra parte del mundo, que está bajo la tierra, debajo de Chiuxuluc, les damos datos fundamentales sobre lo que pudo suceder en su pueblo: lo que determina el tamaño de un cráter es la masa, el tamaño del meteorito que lo produce y la velocidad con que cae a la Tierra.

 

“Entonces hacemos una demostración que consiste en dejar caer piedras de distintos tamaños de la misma altura o distintas alturas, para que varíe la velocidad, sobre una caja llena de harina, de tal manera que cuando cae el bólido arriba de la harina, se ve cómo se desparrama el material y cuán grande se hace el cráter.”

 

La astrónoma Isabel Hawkins comentó que uno de los objetivos más importantes del proyecto Tradiciones del Sol es la difusión de la ciencia: motivar a los niños y jóvenes a acercarse a las culturas antiguas y convencerlos de que no es difícil ser científico. Motivarlos para hacer estudios universitarios. El aspecto cultural de la astronomía, la difusión de la ciencia y el conocimiento ancestral, son aspectos que reúnen estos programas impulsados en México a través del IINAH.

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