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Música - July 7, 2008

“Quindecim Recordings”, crema y nata de los músicos más importantes de nuestro país

Rivera López, compartió
para los lectores de Azteca 21,
las satisfacciones y vicisitudes
que ha tenido que
enfrentar desde la creación
de su disquera
Foto:
Gregorio Martínez M./Azteca 21

A Tania, porque mis latidos también son por ti

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 6 de julio de 2008. Con un catálogo que ya rebasa las 200 producciones y casi 14 años de existencia, Quindecim Recordings (QR) se ha convertido en una referencia indispensable para conocer panorámicamente la historia musical de México, pues sus grabaciones van desde la música antigua de los siglos coloniales hasta la creada en los albores del siglo XXI. Y una certeza: son productos de belleza singular y sinónimo de calidad.

Entre sus producciones se encuentran las de Horacio Franco –probablemente el virtuoso instrumentista mexicano con más reconocimiento internacional–, el organista José Suárez Molina, el ensamble vocal Ars Nova, la violonchelista Jimena Giménez Cacho, el pianista Alberto Cruzprieto, el cuentacuentos, actor y cantante Mario Iván Martínez, la soprano Lourdes Ambriz, el arpista Ángel Padilla Crespo, el saxofonista Juan Alzate, el marimbista Raúl Tudón, Cameristas de México, Tambuco, el Cuarteto de Guitarras “Manuel M. Ponce”… En fin, sin hipérbole, la crema y nata de los músicos más importantes de nuestro país. Cabe señalar que no sólo producen música mexicana, sino que también están abiertos a lo mejor del mundo.

Entre sus logros se cuenta la edición de la obra completa para guitarra del compositor zacatecano Manuel María Ponce y recientemente apareció un disco con seis sonatas en cuartos de tono para violonchelo solo del compositor potosino Julián Carrillo, creador de la teoría del Sonido 13. En ambos casos, como en muchos otros de su catálogo, era una deuda pendiente con esos dos compositores y su publicación cubre un hueco en la historia cultural de México. Además, en 2006, la Unión de Cronistas de Teatro y Música, dirigida por el crítico musical Lázaro Azar, les dio su primer –y único– reconocimiento como empresa cultural en el Palacio de Bellas Artes por su ingente trabajo.

En entrevista, José Luis Rivera López, director de QR, habla de los orígenes, las satisfacciones y vicisitudes que ha tenido que enfrentar desde la creación de su disquera, precisamente el año en que el ex presidente Ernesto Zedillo decidió devaluar el peso mexicano. “Quindecim surge en 1994, por iniciativa mía y un tanto de Horacio Franco. Entonces yo formaba parte de la Capella Cervantina, un ensamble de música antigua que fue creado cuando Sergio Vela dirigía el Festival Internacional Cervantino. Horacio fue el encargado de echar a andar el proyecto y lanzó una convocatoria a instrumentistas que no fueran cantantes de carrera, para así poder manejar el asunto de las voces claras, las blancas, etcétera. Con él aprendimos mucha música y llevó el proyecto desde el aspecto didáctico hasta el profesional, es decir, de la escuela al escenario. El grupo avanzó junto con el Cervantino y tuvo mucho éxito, al punto de que llegó el momento en que se necesitaba un disco. Yo, a la par de estudiar Piano en el Conservatorio Nacional, hacía la carrera de Administración en la universidad por las tardes; obvio, acabé primero esta última y me tenía que titular. Así, un día en el Conservatorio vi un cartel para hacer un diplomado, se llamaba ‘Conoce el mundo de la música’ y lo daba la FAIM (Fundación Académica de la industria de la Música), que dirigía César Costa, porque éste, además de ser artista, es abogado y un hombre muy culto y enterado de derechos de autor”.

El primer disco

“Entonces él le propuso a la Universidad Anáhuac que hicieran ese diplomado para capacitar a gente de la industria que no sabía de música o a músicos que no sabían de administración, y así cubrir una necesidad que ya existía entre las disqueras, las tiendas de discos, los productores de conciertos… Acabé el diplomado y dije, ‘Listo, con esto me titulo’. Pasó el tiempo y llegó el momento en que necesitábamos un disco en el grupo, entonces le dije a Horacio, ‘Yo sé hacer esto’, él me presentó a Xavier Villalpando, quien es un productor artístico e ingeniero de audio muy prestigiado dentro de la música de concierto, con 15 o 20 años de experiencia. Horacio lo llamó, se hizo el disco y creo que a Xavier le gustó el asunto de que yo sabía el tejemaneje de las cosas porque me propuso crear una disquera, esto fue en noviembre de 1994 y cuando salió el disco fue el día de la devaluación de ese año. Qué presagio, ¿no? Fue el de la Capella Cervantina, uno rojo, con los motetes de Monteverdi y se grabó en el Conservatorio. Luego Horacio me dijo que tenía una beca del FONCA para hacer un disco con los conciertos de flauta, después se acercó Luisa Durón con música para clavecín, posteriormente los de Tambuco, el pianista Gustavo Rivero Weber… Así fuimos integrando artistas que ya tenían un nombre y una trascendencia, pero no discos grabados.

“De esta manera se abría la necesidad de hacer discos en México, producciones mexicanas, porque casi todo se importaba; además, aquí había mucho quehacer. Por ejemplo, cuando Gustavo grabó los primeros tres discos de música mexicana para piano como que no estaba muy bien visto que se tocara música nacional, que es muy buena, todo lo que es Elorduy, Ricardo Castro, que era supervirtuoso, y Ponce, con el lirismo aquel y el conocimiento tremendo. Recuerdo que a la par nuestra comenzó la industria del disco como la conocemos hoy, para muestra un ejemplo más claro: Mixup inició dos años antes que nosotros, tiendas que ya tenían un espacio para música clásica, y eso era superimportante porque no había más que Sala Margolín o el Estudio Bartok. Al poco tiempo se integró Ranulfo Mandujano, quien se encargó de desarrollar la parte comercial, lo de las ventas y la distribución; Xavier, el aspecto técnico, y yo, la producción ejecutiva. Somos los tres fundadores y aquí seguimos”.

El apoyo esencial de Horacio Franco

“Una especie de cuarto socio ha sido Horacio porque sus discos siempre han sido muy exitosos y durante muchos años fue de lo que vivimos, pues lo que se ganaba con ellos se invertía en otros que a lo mejor no se vendían o no dejaban dinero, pero que era muy importante publicar, los de música contemporánea o del siglo XIX, que a nadie le interesaban. Ahora a la gente le puede interesar la música de Gustavo E. Campa, Melesio Morales o Guadalupe Olmedo, de todas estas gentes que nadie recordaba. Horacio no es socio, pero él recibe regalías como si lo fuera porque vende muchos discos, además, por lo menos los primeros cuatro años, no nos permitió que le pagáramos regalías, porque siempre ha sido un hombre muy generoso y nos decía que después, porque él ya tenía la visión de que se necesitaba una empresa como ésta, aunque luego ya nos pusimos a mano”.

Las satisfacciones y el desarrollo de la disquera

“La parte fantástica de este trabajo, que yo siempre defiendo a capa y espada, aunque no tengamos para pagar, es que aquí hemos aprendido mucho. Yo estuve 12 años en el Conservatorio, aprendí muchísimo, pero si tuviera que decir dónde aprendí historia de la música mexicana diría que aquí, y la aprendí con los intérpretes, porque en realidad nos convertimos en una vitrina, en una ventana. Ahora ya proponemos muchas cosas, decidimos, se nos ocurre que debemos grabar algo o le proponemos a alguien hacer esto o lo otro, pero, siendo honesto, los primeros cinco o seis años todas fueron propuestas de los intérpretes, porque por más que yo fuera músico y estudiara en el Conservatorio –Xavier también estudió ahí, es músico y fue a Inglaterra a estudiar toda la cuestión técnica– era insuficiente, entonces los conocimientos de cada intérprete y la visión que tiene de su proyecto es de lo que nos hemos ido enriqueciendo y capacitando para ver un panorama y decidir qué hacer. Asimismo, todo esto nos permitió abrir un mercado, desarrollar una parte comercial y darnos cuenta de qué le interesaba oír a la gente.

“Cuando comenzamos a hacer proyectos de QR fue de unos cinco años a la fecha, porque ya teníamos solvencia económica para decidir qué queríamos grabar y qué no, habíamos alcanzado una madurez, un conocimiento para ver dónde había huecos. Por ejemplo, hicimos la obra completa para guitarra de Ponce, que no existía, son cinco discos y se grabó durante seis años, o Los ocho ciclos de Ponce para voz y piano, con la soprano Silvia Rizo y el pianista Armando Merino, un aspecto poco conocido de ese gran compositor, pues todo mundo lo identifica por ‘Estrellita’ o sus canciones populares, que ciertamente las hizo con un gran arte, pero las de este disco son del lenguaje que nadie conoce porque lo compuso en la última parte de su vida, cuando ya tenía toda la experiencia del mundo y decidió que ése era el arte que quería hacer. Esas canciones reflejan exactamente la parte más grande de Ponce, pero no se conocían porque nadie las cantaba, porque no había grabaciones; claro, también es cuestión de ver los catálogos.

“Todo lo que es producción artística lo dirijo yo, pero quienes han hecho los diseños han sido dos personas muy importantes: Clara Torralba, durante los primeros seis años, y Verenice Sainz, la diseñadora que ahora trabaja con nosotros, dos diseñadoras con una academia tremenda y personas muy cultas, con una gran sensibilidad. Por cierto, le pusimos Quindecim porque Xavier Villalpando me dijo, cuando íbamos a publicar el primer disco y estábamos en la fila de registro de marca en Relaciones Exteriores y no dábamos con un nombre, ‘Mira, yo a mis grabaciones les ponía un logo que decía Quindecim porque mi nombre es Xavier, con equis, y mi apellido Villalpando, con uve, XV, el quince romano, Quindecim en latín’. Me gustó, llenamos los formularios con la idea de cambiarlo más adelante, pero ya no pudimos hacerlo, se quedó así y, como empezamos con Horacio, el nombre se posicionó. Hoy ya nos reconocen en todos lados, aunque al principio nadie sabía qué era”.

El FONCA y el gran legado cultural

“Otro punto muy importante es que, así como surgió la necesidad de que se creara una empresa como ésta porque existía un mercado en desarrollo, fuimos fundados y crecimos en mucho por los apoyos del FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), pues han sido fundamentales para nosotros. El FONCA estudia un proyecto y si le ve viabilidad te da el apoyo para que lo publiques. Ahora está muy bien reglamentado el asunto porque te da el apoyo siempre y cuando tengas una disquera que también va a reportar, porque si no, no te lo dan, así todo mundo aporta. Casi todo lo que se publica ahora con apoyos del FONCA es música contemporánea porque es la más difícil de publicar y la que menos se vende, pero es muy importante que no dejemos de publicar proyectos como ésos, pues son los que nos marcarán un desarrollo –y ya estoy hablando en el ámbito musical, no en el de las disqueras–, entonces para el desarrollo musical de México es importantísimo que exista este tipo de grabaciones, y eso es algo que sólo tiene un país como el nuestro, pues no existe en países como Japón o de Europa, sí se graba allá, pero no en la cantidad, la dimensión y con el apoyo que hay en México.

“Creo que QR es una opción para brindar a la gente, al público, una esperanza, no una esperanza, sino una opción de calidad. Me parece que la calidad de esto no reside en que tengamos al mejor intérprete, al mejor diseñador o al que hace el texto o la investigación más completa, sino que todo esto no va a ser nunca de calidad si a la gente no le toca el alma; entonces tienes que dar tu mejor esfuerzo y publicarlo de la mejor forma, con el mejor intérprete y todo, pero únicamente para una sola cosa: que le muevas algo al público y puedas alimentar una parte básica de su vida. Así, somos una opción más que le puede ampliar el panorama a la gente para disfrutar, ser más feliz y ayudarle a vivir.

“En la vida cultural de México ése es como nuestro gran legado, ya que no existamos todo esto quedará grabado y publicado, pues toda nuestra música está en donde la hemos podido meter, en bibliotecas públicas de los estados, en las fonotecas que hemos encontrado, y eso no lo hemos vendido, lo hemos regalado, porque es muy importante que esté allí. A lo mejor ése podría ser nuestro gran orgullo en el terreno cultural, justamente como las editoriales o las revistas, es una forma más de conocimiento, de permanencia, el poder crear una historia sonora de la música mexicana del siglo XX, básicamente, y una buena parte de la antigua y del siglo XIX”.

No todo es dinero en la vida o sin arte ésta no es tal

“El disco que más me gusta es el que estoy haciendo en este momento porque te tienes que llenar de entusiasmo, y de hecho ésa es la parte chida de este trabajo, no hay mucho dinero, pero la vida es padrísima trabajando en esto, todos los que estamos aquí estamos conectados en ese entusiasmo por cada proyecto que hacemos. Además, hemos tratado de exportar desde hace cinco años, cosa difícil porque llegamos a hacerlo en un punto en la vida de los discos y del mercado donde exportar se volvió más complicado que nunca porque ya nadie compra. Por otro lado, el mercado de los discos funciona por consignación, entonces hay que mandar a hacer miles para mandar tres a cada tienda, luego dejar pasar un tiempo y después hacer cortes, lo que se vendió es lo que facturas y es lo que te pagan, y así también hay que vender en el extranjero, antes tú vendías y ellos pagaban, ahora no, ahora cada país que se abre, donde logramos tener un distribuidor nuevo, hay que mandar todo el catálogo, hay que mandar 50, 70, 100 o 200 discos de cada uno, es un dineral.

“Cuando comenzamos a ir al Midem (Mercado Internacional del Disco y de la Edición Musical), una feria que se hace en Europa para ver estos asuntos de dónde exportar, dijimos, ‘Híjole, tenemos que encontrar a alguien, estamos en el sexto año y no hay nadie que nos compre’. Entonces hay que mandarles así, es mucho trabajo, mucha inversión, mucho esfuerzo, mucha dedicación… En enero de 2007, Ranulfo y yo fuimos al Midem y por primera vez vimos los discos en las tiendas de París, eso fue entre muy reconfortante y muy padre, porque, aunque no obtengamos nada con ello, sí estamos haciendo una gran labor por la música de México, es muy padre que en la sección de Clásica haya discos de Ponce, de Salvador Moreno, de Revueltas… Porque luego vas a la sección de Música Mexicana y sólo están los de Luis Miguel, Lucero… Digo, también es válido y tienen su mercado, pero qué bueno que ya la gente de otros países tiene la opción de conocer más de nuestra gran música”.

La presencia en otros países y los tiempos difíciles de la tecnología

“Respecto de Latinoamérica, cuatro países son los posibles prospectos: Colombia, Argentina, Chile y Panamá, en los demás casi no hay tiendas, casi todo lo compran vía Internet. En Colombia vendemos en Bogotá, Cartagena y Medellín, en una cadena que se llama Forum, que es una especie de Gandhi; en Argentina la crisis ha estado muy dura y nuestros precios aún son muy altos para ellos, aunque creo que ya podemos empezar a retomarlo, lo mismo que Chile, Panamá, Canadá e Inglaterra; antes ya vendíamos en España, Suiza, Italia, Holanda, Bélgica y Francia.

“En Estados Unidos nos ha costado mucho encontrar a alguien que le interese tomar nuestro catálogo, pues la música mexicana que se vende es la del gusto de la gran fuerza laboral nacional que hay ahí, la de la gente que se va a trabajar allá, que es la de banda, ranchera, el reggaeton, etcétera. Nuestro fuerte sería poder vender en Nueva York, al mercado judío, a la gente culta. Y es que allá está ocurriendo lo mismo que en todo el mundo, las tiendas se están haciendo chiquitas, aquí todavía no, porque aún vivimos mucho del disco, pero en Estados Unidos y en Francia, Suiza, Alemania… ya todos están en el asunto de la tecnología, downloading, bajarlo por Internet, ya no comprar para que te manden el disco, sino descargarlo al iPod o a tu computadora, todo esto es un gran mercado. Francia, por ejemplo, ya vende 40 por ciento de su mercado en discos a través de downloadings y calculan que en tres años ya no necesitarán tiendas.

“Nosotros vamos a esperar a que se estabilice todo y el mismo mercado entienda que no podemos dejar de vender el disco en físico, porque a la gente le interesa el cuadernillo, el arte. Las personas que compran nuestros discos tienen una fonoteca en su casa y quieren tener el disco ahí. Ahorita están vueltos locos con el asunto del downloading y habrá que esperar a que se desengañen o a que nos desengañemos, porque México es nuestro principal mercado –representa 95 o 96 por ciento del total– y apenas vamos a empezar a cobrar dinero de lo que hemos mandado al extranjero desde hace cinco años. Éste es un negocio que financieramente es el más lento de todos, aun aquí, porque tú vendes un disco y debes esperar entre siete o nueve meses para que te lo paguen. Pero estamos en un punto en el que hay que vivir de esto. Y para ello hay que hacerlo negocio después de 13 años, de un diplomado y de una licenciatura en Piano y otra en Administración de Empresas, pero bueno, ahí vamos, está puesta el alma de todos los que estamos aquí en nuestros proyectos. Además, hay que readaptarnos, porque nos hemos adaptado ya a muchas situaciones, como todas las empresas, lo que sí seguirá es el hilo conductor que nos ha guiado siempre, que es la buena, la gran música de México, una de muchas, pero en la de nosotros debemos mantener la calidad, y mantenerla siempre cuesta más y más trabajo”, concluye José Luis Rivera López, que, sin proponérselo inicialmente y sin alardear de ello, ha hecho una labor excepcional por la música mexicana. Para corroborar esto, sólo basta escuchar una de sus grabaciones, la que le interese, lector, que su catálogo da para eso y más. Adquiera uno de sus discos y querrá tener más. Como dice el cliché, la calidad no tiene fronteras, y menos si se trata del arte universal que es la música.

Entre las más recientes producciones de Quindecim Recordings se encuentran “Resonancias nocturnas”, siete obras de cámara del compositor mexicano Leonardo Coral; “XX•XXI música mexicana para clavecín”, de Águeda González, una muestra significativa de las composiciones para este instrumento de autores nacionales; “La viola espiral”, del violista Omar Hernández Hidalgo y el pianista Mauricio Náder, con obras de compositores mexicanos, y “Julián Carrillo. Seis casi sonatas en cuartos de tono para violoncello solo”, de Jimena Giménez Cacho.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Biografías de compositores mexicanos en www.vialibros.net

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