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Arte y Cultura - July 3, 2008

Lo que nos dejó el Festival Internacional “Letras en San Luis” (2)

Jeanne Karen, poetisa
potosina se mostró
contenta por lograr poner
a San Luis Potosí en el mapa
de la poesía mexicana
Foto: Benjamín Solís/Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 2 de julio de 2008. He aquí la segunda recopilación de opiniones acerca del Cuarto Festival Internacional “Letras en San Luis”, un acontecimiento que, me parece, debe tener más resonancia en nuestro medio literario, tanto por el espíritu que lo anima como por su importancia intrínseca. Así, pues, en seguida la segunda entrega de estos ecos de dicho encuentro literario, efectuado en la capital potosina del 18 al 21 de junio de 2008.

El escritor tamaulipeco Martín Solares Heredia, compilador de la antología “Nuevas líneas de investigación: 21 relatos sobre la impunidad”, comenta al respecto: “En primer lugar, el festival fue una oportunidad inmejorable para conocer a algunos estupendos lectores que viven en San Luis Potosí y o habían leído mi novela ‘Los minutos negros’ o bien disfrutaron los cuentos que leí en público durante mi estancia en esa ciudad, al grado de que se acercaron a platicarme sus impresiones: esto, para escritores como yo, que vivimos como ermitaños y nos rehusamos a aparecer en público la mayoría de las veces, provocó una serie de encuentros de los que aprendí mucho sobre mi trabajo.

“Al mismo tiempo (y ésa fue una de las razones por las que acepté asistir) tuve el gusto de convivir con algunos de los escritores que más admiro de entre la notable literatura mexicana del siglo XX: Francisco Hinojosa y José Emilio Pacheco (junto a Ana Clavel, Marcial Fernández, José María Espinasa, Chico Magaña, entre otros). Fue fabuloso poder escuchar sus proyectos en proceso y simplemente escuchar muestras de sus trabajos e incluso sus ideas sobre el tipo de escritura que practican: para mí fue como asistir a un congreso de cirujanos donde cada quien exponía lo que había aprendido luego de años de reflexionar sobre sus instrumentos de trabajo.

“Por último, pero no en importancia, quería volver a San Luis, donde pasé unas vacaciones memorables en mi infancia. Confrontar el San Luis actual con el San Luis que pervivía en mi memoria fue un ejercicio literario muy grato y ya está enriqueciendo la novela que estoy a punto de empezar, ya que parte del estado de San Luis será el escenario de mi siguiente novela. Esto y la amabilidad proverbial de los escritores potosinos, así como la de los organizadores del festival (por no hablar del paisaje, el clima, los edificios, los dulces y la gastronomía locales), me permitieron disfrutar inmensamente este festival”.

A su vez, la poetisa potosina Jeanne Karen, autora de “Cuaderno de Ariadna”, entre otros poemarios (espero que no se enfade por el uso del sustantivo femenino de su quehacer literario, tan rechazado y en desuso, injustificadamente, creo yo), señala: “El festival ha sido todo un acontecimiento en esta edición porque se ha logrado por fin poner a San Luis Potosí en el mapa de la poesía mexicana, fuimos una pequeña república de las letras en donde la poesía iba de Real de Catorce, daba una vuelta y volvía por las tierras de la Huasteca. Me parece que sucede con mucha de la literatura que se hace por todo el país, hay un gran desconocimiento, por eso creo que son importantes los festivales, así como también es importante que los medios de comunicación estén atentos y tengan un interés en transmitir todo lo que el mundo de la cultura tiene, que es mucho. Por otro lado, y de manera personal, también ha sido muy bueno porque me ha permitido conocer a autores maravillosos, gente sencilla, ocupada en su trabajo intelectual y creativo, que sigue conservando un corazón abierto, así como a gente de los medios, inteligente, preocupada por dar a conocer todo lo que tiene que ofrecer un país tan rico y diverso como el nuestro”.

Por su parte, el poeta, editor y crítico literario José María Espinasa Yllades, autor de “El gesto disperso”, entre otros títulos, afirma: “Los festivales y encuentros literarios siempre son un volado, pero éste salió muy bien, tuvo un nivel cualitativamente muy alto, no tuvo mesas eternas de 20 participantes, permitió a los escritores invitados convivir entre ellos y con el público, tuvo en José Emilio Pacheco una figura catalizadora y contó además con una buena asistencia de público; si le agregas lo bonito de la ciudad y que no llovió, fue un volado ganador. Así que creo que resultó todo muy bien. Eso hace que los recuerdos, hoy todavía demasiado inmediatos, se vayan sedimentando poco a poco en la memoria”.

José de Jesús Sampedro, escritor y editor homenajeado durante esta cuarta edición, menciona: “Por supuesto, una experiencia reconfortante: que un festival como éste reconozca tu trabajo constituye un aliciente para mejorar más aún lo hasta ahora hecho. Bien, en lo general. Quizá sólo separar la lectura de los poetas y de los narradores: juntos propician un breve altibajo anímico”.

El escritor Alberto Castillo, quien estuvo presente en varias actividades del festival, indica: “Me parece que fue una gran oportunidad de comprobar la vigencia de la poesía como un medio de comunicación que sintetiza emociones e ideas. Además, esta salida de su estudio de José Emilio Pacheco me permitió descubrirlo como un ser humano lleno de humor y vida, más allá del genio de letras que ya conocía a través de su trabajo”.

Finalmente, el artista plástico potosino Oswaldo Ramos asegura: “El festival, de hecho, fue casi una celebración privada con recursos públicos. Salvo la voz y el pensamiento de José Emilio Pacheco y la de tres o cuatro de los autores extranjeros y nacionales, el público se vio defraudado por una lista de escritores mediocres que la engordaron, muchos de ellos potosinos (salvo Octavio César y Jeanne Karen, los demás son pésimos). El festival debería de, más allá de las lecturas, propiciar el coloquio, a través de talleres y o seminarios, conferencias magistrales, etcétera, durante el desarrollo del mismo y también a lo largo del año (quizá cambiar el formato y que el festival, festeje, pero lo trabajado con antelación en el año previo). Las muestras de obra plástica, sobre todo lo local, debe regirse por criterios de expertos y no a contentillo de los gustos de editores ignorantes o burócratas. Los premios, si van a ser por el mismo monto, no pueden darse en igualdad de circunstancias a figuras de méritos y estaturas dispares, pues es un verdadero disparate, aunque en este caso se benefició a un editor lumpen, amigo de los organizadores. Bien por el discurso de Espinasa, preciso y concreto, retrató en una paráfrasis final la personalidad del José Emilio ideal (de su imagen pública)”.

Confío en que haya una tercera parte de opiniones, pues otros escritores quedaron en responder la misma cuestión en los días siguientes. Mientras, agradezco a todos ellos su disposición y tiempo para formar este mosaico en torno a las letras.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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