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Libros - July 3, 2008

Armando Alanís Pulido y la costumbre insana de escribir poesía en México

El poeta Armando Alanís
Pulido, regio de nacimiento,
abraza para la posteridad
al ilustre José Emilio Pacheco
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

A la memoria de don Ángel Tavira Maldonado, quijote calentano, que hoy cumpliría 84 años

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 3 de julio de 2008. La semana pasada se llevó a cabo, en la librería “José Luis Martínez” del Fondo de Cultura Económica en Guadalajara, la presentación de “La costumbre heroicamente insana de hablar solo” (UANL-Aldus, México, 2007), libro de poemas de Armando Alanís Pulido (Monterrey, Nuevo León, 1969), que está dividido en tres poemarios o apartados: “Versus (casi siempre)”, “Historias que nunca serán llevadas a la pantalla” y “El crujido secreto del corazón y sus ornamentos”, e incluye un generoso prólogo del poeta chileno Gonzalo Rojas.

El título del libro de Alanís Pulido está tomado de un verso de Ramón López Velarde, perteneciente al poema “Mi prima Águeda”, incluido a su vez en el libro “La sangre devota”, publicado en 1916 por el poeta zacatecano. Ahora bien, quizás el autor lo utilizó porque en principio la creación poética es un soliloquio, y también un hablar a solas y para sí mismo lo que queremos decirle a alguien. O lo empleó para hacer un símil de la creación poética en México. O porque, como señala Rojas, “hablar solo es un ejercicio de libertad”. Comoquiera, es un título que llama la atención –”cautivante”, lo llama el poeta andino– porque tal vez también engloba una especie de poética para el autor, o por lo menos el leitmotiv de los tres trabajos susodichos. En una época plagada de antihéroes, implicar que el poeta no lo es no deja de ser un acto insano a todas luces.

Lo cierto es que “La costumbre heroicamente insana de hablar solo” contiene tres trabajos claramente diferenciados y con un tono o registro diverso. A mi parecer, “Versus (casi siempre)” es el más logrado, quizás porque es el más ambicioso, el más pensado como un trabajo global, integrador, a partir de un juego de espejos o de contrarios, o de la posible dualidad o doble aspecto de las cosas. Esquemático, sí, pero con versos e imágenes que corroboran que Alanís es un poeta que lucha, que combate, que persigue la palabra cotidiana, casi siempre trivial, para sacarle el destello poético que la hace reveladora, lúcida, resignificada. “Casi siempre/ Siempre”. Aquí, creo, es donde menos resbala o cae el poeta, pues en los otros dos poemarios algunos versos se le caen literalmente de las manos.

En “Historias que nunca serán llevadas a la pantalla”, Alanís Pulido, intrépido, se clava en la densa selva de la prosa poética o poemática, y casi siempre sale incólume; cuando no, cae herido de gravedad y el poema se diluye. Por otro lado, en “El crujido secreto del corazón y sus ornamentos” da la impresión de ser un arquero, que busca la precisión y la línea recta, es decir, dar en el blanco; a veces lo consigue, otras, no. Sin embargo, Armando Alanís Pulido es un poeta auténtico, sin afectaciones, con poemas que rebasan la frontera de lo anecdótico y se consolidan dentro de una vertiente de la rica tradición poética mexicana, aquélla en la que están autores como Sabines o Efraín Huerta, poetas empecinados en transustanciar en poesía el amor y los fantasmas que lo acompañan en las grandes ciudades. Con motivo de la presentación de este bello libro en más de un sentido, Armando Alanís Pulido, en entrevista, nos comparte sus ideas acerca de la poesía, de la extraña condición de ser poeta en México y de su libro.

Armando, advierto que hay una continuidad temática o de motivos entre “Poemas de la región cuatro” y “La costumbre…”, pero también una concepción, en mi opinión, más lograda en el poemario “Versus”, y los otros dos “Historias…” y “Crujidos…” corroboran la continuidad mencionada, ¿qué piensas al respecto?

Los capítulos que conforman “La costumbre heroicamente insana de hablar solo” fueron muy trabajados. Además, los concebí como un libro, cosa que en mis anteriores obras no hacía, ya que conjuntaba poemas sueltos. También se los di a leer a mucha gente antes de la publicación y corregí bastante, el proceso se hace más largo, pero creo que sale mejor, así trabajaré de ahora en adelante, a eso súmale que soy más autocrítico, compito conmigo y me cuido de mí.

Como señala Gonzalo Rojas en el prólogo, hay poemas plenamente aforísticos (sobre todo en “El crujido…” y dispersos como dardos en los otros), pero también otros muy visuales, plagados de imágenes, incluso como postales, ¿cómo te planteas la escritura de un poema, cómo se suscita en ti el verso o la prosa poética?

Es muy raro, tengo mis libretas y lo primero que escribo es el título del poema, al poema lo busco, pero también lo espero con ansia. Creo que uno debe procurar acercarse a lo poético, es decir, tener contacto con otras artes, como la música, la pintura, el teatro… ser consumidor. Esto no quiere decir que de lo cotidiano no pueda salir algo poético, al contrario, yo le busco más por ese lado, siempre con la honestidad por delante, tratando de ser congruente.

No sé si me equivoco, pero advierto en varios de tus poemas una especie de “final abierto”, es decir, le abres la puerta a la sensibilidad del lector, como una invitación implícita a que éste le dé la significación que quiera…

Sí, efectivamente, el lector es el protagonista en mis textos, no sólo por la interpretación, sino también porque me considero un vocero de las circunstancias y no un personaje de los textos. Habrá, no lo niego, rasgos autobiográficos, pero no quiero descansar el peso del texto en eso e involucro al lector, lo incluyo, lo inmiscuyo.

Armando, debo confesar que leer esos dos libros tuyos [el otro es “Poemas de la región cuatro”, Écrits des Forges/Mantis Editores, Québec, 2007] ha sido una revelación, un casi deslumbramiento, hay poemas muy logrados y antologables en cualquier lengua literaria –y versos inolvidables, luminosos–, sin embargo, de repente hay versos –incluso palabras– que les bajan el tono, lo que quiero decir finalmente es que me da la impresión de que eres un poeta consolidado, de lo mejor que he leído en los últimos años de poetas jóvenes (aunque ya rebasaste los 35 y estás próximo a cumplir los 40), que estás en el camino de ser un gran poeta, ¿qué piensas al respecto, qué puedes decirme de tu tránsito poético? (En lo que leo en la solapa de “La costumbre…”, habla de una década de publicaciones.)

Mi primer libro lo publiqué hace 15 años, y te agradezco tus comentarios, ha sido complicado por la geografía, estar en Monterrey, en el norte del país, muchas veces es una desventaja. Contrariamente a lo que se pueda pensar o al espejismo cultural que algunos políticos se han inventado, los apoyos son pocos, es decir, las becas son para sobrevivir, no para escribir con tranquilidad, no hay una profesionalización de los creadores y un largo etcétera. Entonces uno tiene que ser escritor, promotor, organizador de todo y esforzarse más. Yo he sido muy terco y, con mi docena de libros a lo largo de este tiempo, he mantenido una constancia, he podido hacer y decir cosas más allá de localismos. Como dice Cerati, “creo en el amor porque nunca estoy satisfecho”, entonces preparo muchas cosas.

Hay temas que te persiguen o que te acompañan: el amor, la tarde, el encuentro amoroso, el sol, la ciudad, cuestionar o inquirir, la imposibilidad de la permanencia, la eternidad del instante, el juego de espejos o contrarios –que, reitero, consigues en “La costumbre…”–, ser un poeta de tu tiempo, consciente de tu entorno, la presencia de la música popular –ranchera, rap…– o medios de comunicación  –la televisión…–. Háblame un poco de esto.

Estoy influido por el rock en español de los ochenta y noventa, por la televisión, que son mi geografía y mi circunstancia. Como ya te había dicho, busco decir y redecir bien las cosas y pongo mi mejor esfuerzo, y bueno, Nicanor Parra, Ricardo Castillo y Efraín Huerta también están en mi voz poética, es decir, el humor, el amor y la ironía. Quiero pensar que el mundo habla en poesía y que soy parte de un grupo de traductores, eso es muy romántico porque la realidad es muy triste, pero la moneda tiene dos lados y no podemos ser extremistas, me horrorizan las noticias y la inconsciencia de la humanidad ante sí misma, pero también me parece sublime alguna mirada o un buen jazz o una charla y unas cheves con mis amigos o con desconocidos. Gelman dice que el único tema de la poesía es la poesía, entonces en esa definición totalizadora y verdadera cabemos los que insistimos en temas que pudiesen ser vistos como alejados de los discursos poéticos.

Cuéntame un poco de tu formación académica y de tu formación o consolidación de tu vocación poética (lecturas, influencias, afinidades…).

Estudié Informática Administrativa en la UANL y después una maestría en Artes con especialización en Promotoría Cultural, lo de mis influencias ya te lo comentaba, pero también me he encontrado a otros autores que han sido “momentos definitorios” para saber que lo que quiero decir es lo que debo decir: Edmond Jabès, Ray Bradbury, Douglas Coupland, Gonzalo Rojas… Con el paso de los años, en esta especie de carrera de resistencia que es la literatura, uno observa lo que otros hacen y lo que otros intentan, y si uno no es generoso, es decir, este oficio es mucho de poner atención, sobre todo en lo que lees y no en lo que lees literalmente, sino en cómo lo lees, puedes leer a los clásicos y a un chavito que te da sus manuscritos, y aprender o desaprovechar tu lectura, no hay que dejarnos engañar, enorgullecernos por lo leído, no por lo escrito.

Por último, ¿deseas agregar algo?

José Emilio Pacheco tiene un poema que dice: “Aquí yacen tus pasos, en el anonimato de tus huellas”, que me parece clarísimo en esto de la literatura y de la poesía, porque conocer a los grandes maestros, ver la sencillez y la humildad con la que están formados nos deja enseñanzas grandiosas. Es cierto, el poeta es un héroe, pero al mismo tiempo es un don nadie, dice y se desdice, busca infructuosamente un lector y se ufana de sólo gritar al viento. En estas contradicciones muchos se confunden, muchos se elevan y prefieren ser escritores que escribir; yo me concentro y espero estar haciendo bien las cosas.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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