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Arte y Cultura - June 25, 2008

Campesino descubre en Tamaulipas escultura dedicada a Ajhactictamtzemlab o “Señor de la Muerte”

La escultura es de piedra arenisca,
de forma rectangular y
mide 2.20 metros de largo,
55 centímetros de ancho
y 23 de espesor
Foto: Internet

Ciudad de México.- 25 de Junio del 2008.- (CONACULTA)La gran mayoría de los hallazgos arqueológicos se dan de manera fortuita, y los sucedidos en el estado de Tamaulipas no son la excepción. Don Guadalupe Ríos, habitante del ejido Celaya perteneciente al municipio de Mante, se topó -al momento de sembrar su parcela- con uno de los descubrimientos más importantes de la región: la escultura dedicada a Ajhactictamtzemlab o Señor de la Muerte, perteneciente a la cultura huasteca.

 

Una vez detectada la pieza, avisó a las autoridades del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Tamaulipas. Producto de esto, la arqueóloga Diana Paulina Radillo Rolón y otros especialistas, realizaron el rescate arqueológico en el lugar y corroboraron la versión del campesino.

 

“El sitio arqueológico está al interior de una plaza del ejido; justamente ahí está la parcela en la que al pasar el arado salió “un mono”, según la descripción del campesino, que en realidad es la representación de una deidad relacionada con la muerte”.

 

La escultura es de forma rectangular y presenta 2.20 metros de largo, 55 centímetros de ancho y 23 de espesor. El material con el que fue elaborada no se pudo determinar en un primer momento pero, según los especialistas, es muy probable que se trate de piedra arenisca, usada comúnmente en la región.

 

Al realizar los estudios, se pudo constatar que las proporciones de la pieza son las típicas de la escultórica huasteca: bloques anchos y delgados así como dimensiones ajustadas al uso de la materia prima; representa a un personaje humano con la cabeza descarnada. Un rasgo curioso es que la cabeza tiene mayor detalle que el resto del cuerpo. Se le atribuye la temporalidad del posclásico temprano (900-1200 d.C.)

 

Un año después, Don Guadalupe hizo otros hallazgos de la misma manera que el anterior, es decir, al momento de sembrar su parcela. En esta ocasión fueron un altar labrado y una estela alisada, descubrimientos que especialistas del Centro INAH Tamaulipas, encabezados por Radillo Rolón, se dieron a la tarea de verificar y registrar mediante una nueva visita de inspección.

 

La primera de estas piezas que se hallaron en un segundo momento –el altar- fue manufacturado en piedra caliza y presenta dimensiones de 2.49 metros de longitud, 1.62 de anchura y 11 centímetros de espesor. Entre sus características se puede apreciar una banda con diseños finamente grabados y en bajorrelieve.

 

Dicha banda presenta un elemento concéntrico ovalado en forma de “ojo”, el cual tiene una serie de líneas perpendiculares colocadas a manera de pestañas; dicho elemento está rodeado por volutas, las cuales, en palabras de los especialistas, es probable que representen vegetación, agua y/o movimiento.

 

Este tipo de altares con marco labrado se pueden observar en distintas regiones del país, y es comparable, en el caso de la Huasteca, con la Estela de los Flamingos, procedente de la Zona Arqueológica de  Tamtoc, en San Luis Potosí. Se le relaciona también con el estilo escultórico de Tajín, en el estado de Veracruz, debido a elementos semejantes presentes en los diseños.

 

Junto con el altar se identificó una estela alisada que presenta una espiga, con la cual, se cree, fue empotrada, elemento que sugiere pudo ser usada de manera erguida en la plaza. Sus dimensiones son 1.38 metros de longitud, 50 centímetros de ancho y 10 de espesor.

 

Según palabras de la arqueóloga Radillo, este tipo de piezas son comunes en la cultura huasteca ya que se han localizado otras en la región potosina, incluso asociadas con altares.

 

Los hallazgos en el sitio Celaya-El Triunfo representan un suceso trascendente para la investigación de la región que comprende la Huasteca tamaulipeca, ya que en ambas ocasiones fue posible obtener información sobre el lugar exacto en el que se ubicaron las piezas, asunto que permitirá conocer ampliamente el contexto arqueológico del cual proceden, agregó la especialista.

 

Los investigadores coinciden en que las tres piezas –escultura, altar y estela-, al ser encontradas en el interior de plazas, se les puede atribuir significados y funciones definidas, como elementos presentes dentro de espacios destinados para actividades específicas de la cultura que pueden ser ceremoniales o rituales, entre otras.

 

Con la exploración sistemática de los sitios, se obtendrán materiales arqueológicos que no sufrieron alteraciones tan graves como los recolectados en superficie, además se logrará establecer fechamientos más precisos sustentados en exploraciones exhaustivas.    

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