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Ciencia y Tecnología - June 20, 2008

Mexicas, primeros ortopedistas del México antiguo

Debido a las constantes
guerras desarrolladas
por los mexicas contra
otros pueblos, las heridas
y lesiones más comunes
que presentaban eran
las de la cabeza
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 20 de Junio del 2008.- (CONACULTA) Plantas, animales y minerales, fueron los recursos naturales aprovechados por las culturas prehispánicas para el tratamiento y curación de enfermedades. Las evidencias más claras sobre la medicina aplicada en la época corresponden a los mexicas, a quienes se les ha considerado como los primeros ortopedistas del México antiguo, y cuya eficacia en la atención de lesiones óseas fue experimentada por el propio Hernán Cortés, quien fue  intervenido de heridas en la cabeza.

 

Debido a las constantes guerras desarrolladas por los mexicas contra otros pueblos, a los que generalmente sometían, las heridas y lesiones más comunes que presentaban eran las de la cabeza, como el traumatismo craneal abierto o penetrante.

 

El remedio para las lesiones superficiales consistía en lavar la herida con orines y la aplicación de un zumo de maguey, obtenido de pencas previamente cocidas. Mientras que en el caso de rotura del cráneo, las partes eran unidas con un hueso delgado.

 

“Y si viésemos que el casco está quebrado, tomarás un huesito sutil y juntarás el casco uno con otro, pondrás encima el zumo de la penca de maguey, cocido o crudo, molido lleno de huevo o un poco de hojas de tolva con huevo”, refiere en sus crónicas Fray Bernardino de Sahagún.

 

En su investigación titulada La ortopedia prehispánica: un acercamiento, el historiador José Luis Gómez de Lara, refiere que los mexicas representaron para la época, uno de los pueblos más avanzados en el tratamiento de lesiones óseas, cuyo conocimiento se extendieron a otras provincias y que incluso benefició a los soldados españoles.

 

“La atención que describe Sahagún, seguramente resultaba efectiva, y este tratamiento seguramente fue aplicado al propio Hernán Cortés, cuando sufrió una herida en la cabeza, luego de ser perseguido por guerreros chalcas, texcocanos y acolhuas en su trayecto hacia Tlaxcala”, comenta el investigador.

 

El conquistador español se refugió en Tlaxcala, junto con sus soldados, y ahí recibió alimentación y cuidado. Los médicos indígenas se encargaron de curar sus heridas por mandato del señor de Tlaxcala.

           

En las Cartas de relación, Cortés relata: “en esta provincia de Tlascaltecal estuve veinte días curándome de las heridas que traía, porque con el camino y la mala cura se me había empeorado mucho, en especial las de la cabeza, y haciendo curar asimismo a los de mi compañía que estaban heridos”.

 

Gómez de Lara señala que la cura aplicada a la herida del conquistador resultó tan efectiva y quedó impresionado, que inclusive en una carta Cortés le solicitó al rey Carlos V, que sólo le enviara prelados, sacerdotes y labrados, excepto médicos, porque en sus expediciones sería acompañado por los ticitl (terapeutas) nahuas.

 

En el número más reciente del Boletín Oficial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que se edita trimestralmente, el historiador menciona que durante la Conquista los españoles no contaban con médicos y barberos suficientes para su atención, y ante ello prefirieron los cuidados y tratamientos de los indígenas.

 

“Los antiguos mexicanos habían desarrollado todo un sistema de curación a partir de sustancias naturales, del cual se beneficiaron los españoles con excelentes resultados. La eficacia era tal, que la propia medicina europea experimentó la aculturación inversa, al incorporar plantas, animales y hasta piedras en sus tratamientos, como lo refieren en sus obras Agustín Farfán (1579) y Juan de Barrios (1607)”, comenta el investigador.

 

Para el estudio de los padecimientos que presentaron los pueblos mesoamericanos, las investigaciones desarrolladas se han apoyado en tres elementos fundamentales, los restos óseos hallados en tumbas y entierros durante las excavaciones arqueológicas; los relatos y crónicas de los historiadores del pasado; así como en los materiales prehispánicos con representaciones, como la cerámica, las esculturas, los códices y la pintura mural.

 

Finalmente, Gómez de Lara concluye que fue tal la importancia de las plantas y los animales para los médicos prehispánicos, al grado que los tlatoanis debieron abrir jardines botánicos y sitios especializados para fauna, de los que se abastecían para desarrollar su labor terapéutica.

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