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Música - June 12, 2008

“Milo”, inspirador y aglutinador de músicos tradicionales de México

Las maestras Virginia y Consuelo,
son parte importante del equipo
que organiza el 'Son para Milo'
en la Benemérita Escuela
Nacional de Maestros
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 12 de junio de 2008. Efectivamente, escuchar a la maestra Virginia Aguilar nos permite vislumbrar, aunque sea panorámicamente, los trazos vitales de un hombre ejemplar por su dedicación y amor a nuestras tradiciones, particularmente a la danza y la música, quien ha servido de catalizador de una especie de renacimiento o auge (con las debidas proporciones que nos imponen las actuales circunstancias históricas, incluyendo a los medios de comunicación masiva, electrónicos e impresos, entre ellos a los “culturales”, cuya abulia, desinterés e indiferencia mucho tienen que ver en el desconocimiento de esta música entre la población en su conjunto, la cual es literalmente un tesoro, patrimonio cultural de todos los mexicanos) en el Distrito Federal de este tipo de manifestaciones artísticas.

“Si yo te puedo platicar de Milo así como lo hago, es porque yo crecí con él, a mí me tocó vivir muchas cosas de éstas con él”, me cuenta Virginia. “Lo conocí aquí en la Normal, desde su primer año, y de veras, de veras, el haber convivido con Hermilo fue un privilegio de vida, yo soy una generación antes que él de la Normal, pero Milo desde el primer año entró al taller y yo ya estaba ahí. Además, bailamos jntos varios años, pues como compañeros de danza, por la estatura –él también era bajito–, nos tocó mucho tiempo ser pareja de baile, entramos juntos al INBA, a la UNAM… Sí, tengo la misma formación que él, de la escuela del INBA salimos con el nivel de Capacitador en Danza Folclórica Mexicana, estudiamos cuatro años, era equivalente a un título; también incursionamos en la UPN… Él entró aquí [BENM], apoyado por el maestro Eduardo Ruiz, para convertirse en catedrático, como traía la Normal básica y los sustentos, los soportes de la UNAM, donde cursamos el Diplomado en Investigación en Danza Folclórica en tres años, en la FES Cuautitlán, y fuimos la única generación de ese diplomado con reconocimiento, después fueron tres generaciones más, pero ya sin reconocimiento, nosotros sí alcanzamos… Hermilo era un tipo que era un líder nato, sin hacer aspavientos, sin hacer tanto ruido ni pancho, la gente le reconocía su gran capacidad. Era un tipo formidable”, afirma emocionada la maestra al rememorar a su colega y amigo oaxaqueño.

“Yo me salí del Taller de Danza Tezcatlipoca hace muchos años, en 1991, por cuestiones de salud, lo que pasó fue que la tiroides me jugó una mala pasada y quedé incapacitada para la danza, sí bailo en el fandango o el 12 de diciembre, pero subí de peso y no tengo equilibrio…  Entré al taller en 1975 y permanecí hasta 1991, después me reintegré en 1995, 1996, ya nomás colaborando con Milo como asistente, para el arreglo de las chicas, en su vestuario, ésa es la parte en la que siempre he colaborado, en la elaboración del vestuario…”.

Entonces si no fuera por ese lapso tendrías 33 años en el taller…

Pero no lo son, si no fuera por otras causas ahí hubiera estado, toda la vida…

Pero sí son 29…

No, porque luego me retiré, en 2002. Cuando él muere, yo me retiro.

¿Entonces ahora que estás haciendo aquí?

Ah, bueno, hace año y medio, en diciembre, tuve un reencuentro con los muchachos por el aniversario del Taller de Danza, que cumplió 40 años. Chelito, Armando, Rodrigo, me invitaron a reintegrarme, y me reintegro como un apoyo… digamos que soy… porra, jajaja. Yo creo que los tiempos están hechos para algo, y fue importante, entonces ahorita yo me estoy reintegrando, como su porra oficial…, concluye la maestra Virginia Aguilar, cuya alegría y buen humor son contagiosos, amén de su generosidad, que nos ha permitido conocer los hechos y las obras de un hombre que bien merece un homenaje y más de un son, el “Son para Milo”.

En seguida, reanudo la charla con la maestra Consuelo Martínez, que atiende un asunto tras otro relacionado con la organización del encuentro y finalmente toma asiento en una banca, muy cerca del busto de Luis de la Brena, otro destacado maestro normalista, impulsor de programas de educación primaria.

Maestra, ¿cómo surge el “Son para Milo”?

Inició con cinco grupos, que de manera independiente se organizaron y se hizo el evento, pero hubo algunos grupos de música o integrantes de algunos grupos que no se enteraron de la primera actividad, entonces ellos buscaron el espacio para poder integrarse, así es que al año siguiente ya teníamos otros grupos, tuvimos siete, se integraron dos. Igual algunos amigos de Milo, con el afán de colaborar decían: “Yo conozco a fulano de tal y la calidad del grupo es muy buena”, etcétera, entonces se fueron integrando cada vez más. Hasta la fecha, nosotros hemos invitado de manera directa a muy pocos grupos, más bien son ellos los que se acercan a buscar el espacio, ahorita son 45 grupos para este séptimo encuentro, además, tenemos otros que solicitan el espacio, quizás ya no puedan entrar, pues para nosotros es muy difícil organizar los tiempos. Por ejemplo, ya está planeado quiénes tocarán el viernes, el sábado y el domingo, aunque siempre hay ajustes de última hora… Los que están en espera, hasta ahorita, son Nostalgia Huasteca, Son de Fábula, Canto Indígena, Los Alacranes, Son de la Ciudad y el de la Escuela Nacional de Música… Seis en total.

¿Han estimado la afluencia de público cada año?

Yo soy muy mala para eso, pero haciendo un ejercicio aproximativo yo creo que en el primer año serían quizás unas 150 personas, es que –es tan grande el espacio y la actividad– llega el momento en que no se percata uno de muchas cosas. El director de la escuela en 2005 calculaba que alrededor de tres mil personas entraron el sábado, que es el día de mayor afluencia, de diez de la mañana a diez de la noche, pero ahora son más grupos. La primera vez empezamos con unas cuantas horas y después fue creciendo a todo un día, en 2002 y 2003 fue menos de un día; en 2004, un día; en 2005, día y medio; 2006 y 2007, dos días, y este año serán dos días y medio. Así, en 2002 serían unas 150 personas; en 2003, 300; en 2004, mil; en 2005, mil 500; en 2006, 3000; en 2007, tal vez 5000, y este año esperamos superar esa cantidad. Y esto con muchas dificultades, pues aquí en la escuela (BENM) se realizan muchas actividades académicas, que son muy importantes. Además, el espacio académico trasciende los culturales, sobre todo ahora con las actuales políticas educativas, entonces los tiempos académicos no se pueden tocar, ya que es una escuela que inicia sus actividades desde las 7:30 y las concluye hasta las 15 o 15:30 horas, entonces a esta hora creemos que ya podemos iniciar el evento, precisamente por eso inicia a esa hora. Alguien decía: “¿Y si llegan más grupos?, ya no tendríamos espacio…”, y todo esto nos requiere de muchos otros recursos, ahorita están varios grupos que quieren la participación, en este sentido el correo electrónico nos ha ayudado muchísimo, pues nosotros, antes de sacar los carteles en impresión, ya estamos difundiendo el evento, y a través del correo es como se comunican los grupos para solicitarnos un espacio. El último fue ayer, de la Escuela Nacional de Música, que tiene un grupo y quiere participar, el año pasado sucedió lo mismo, todos los años ha quedado un grupo o más como colchón. Nosotros les hemos explicado y les hemos pedido que si nos permiten dejarlos un poquito como en espera, pues algunos grupos han cancelado de último momento, generalmente porque les sale alguna chambita y les pagan… El año pasado cancelaron dos grupos casi a última hora, afortunadamente tuvimos con qué sustituirlos y no hubo ningún problema, ahora el tiempo que los grupos tienen para participar es de media hora, casi todos dicen: “Es que nosotros trabajamos mucho…”, y en media hora estamos hablando a lo mejor de tres o cuatro melodías, pero si no limitamos el tiempo, no habría espacio para todos los grupos. Y ésta es una gran ventaja, porque así nosotros no sólo nos dedicamos a la difusión, también algunos grupos que difunden su actividad, los propios compañeros, y la gente ya lo espera. Por ejemplo, te voy a contar algo muy chistoso, una de mis alumnas tomó un taxi y el chofer le preguntó a dónde iba, y ella le dijo que a la Nacional de Maestros, entonces le preguntó que cuándo era el evento de Milo, le dijo que en junio, y él le dio su número de teléfono para que le avisara qué días será. Entonces mucha gente ya lo está esperando, sólo le falta ubicar los días, pero aun así hemos estado trabajando para la difusión. Uno de los medios que siempre nos ha apoyado es el IMER, a través de Radio Ciudadana, Radio Educación, una vez la revista “Tiempo Libre”, ahorita estamos viendo el promocional para Canal Once, que está elaborando UTE, que era la Unidad de Televisión Educativa [ya se está pasando por ese canal cultural del Estado. Por cierto, Anatolio Vázquez me pidió que informara que transmitirá en vivo el sábado 14 y el domingo 15 por www.radiomexico.com.mx.], pero creo que ahora ya no se llama así, que vino a grabar el año pasado, que también nos echamos de menos (sic) porque no tenemos para pagarles, y son muchos recursos que tenemos que poner de nuestra bolsa, aunque hay algunos recursos que pone la escuela, porque la verdad es que con el paso del tiempo nosotros ya luego no tenemos recursos propios para muchos gastos, no podemos… Además, pedimos unas tribunas o gradas a la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal y a la Delegación Miguel Hidalgo, para que la gente esté cómodamente sentada, pues hay personas que vienen a ver y a bailar, en los pilares están los puestos, en cada extremo de la explanada hay un escenario, para ahorrar tiempo, por eso pudieron entrar más grupos por día, pues se tarda menos en ecualizar… Pero sí, nos hacen falta recursos, me dice consternada la maestra, quien incluso debe dedicar menos tiempo a su familia –entre ellos un bebé de once meses– para dedicarlo a la organización de este encuentro de música tradicional mexicana.

Usted está desde el primer “Son para Milo”, ¿no es así?

Porque el maestro Hermilo deja el espacio, entonces su servidora, junto con el maestro Armando, que ya éramos profesores de esta escuela, tratando de que el Taller de Danza continuara con la misma dinámica de trabajo, le propusimos al director de la escuela que nos permitiese seguir con el trabajo del taller. De alguna manera nuestra preparación es académica, pero también hemos llevado una preparación artística en el INBA, diplomados en otras normales sobre danza, en fin, sí hay algunos elementos que nos permiten seguir llevando el taller, a lo mejor no como el maestro Hermilo, pero ahí vamos, hemos creado un equipo de trabajo y eso es lo que nos ha permitido avanzar… Creo que por eso los grupos vienen con tanta emoción y se preparan con tanta calidad para ese espacio, porque realmente se ve, su participación es muy fuerte, con mucha energía, con gran preparación todos. Además, lo que yo he visto es que los grupos se arman, dicen: “Si somos cinco integrantes vamos a buscar a fulanito de tal para que suene mejor”, si bien no es una competencia, sí es un evento, como nos decía un músico, donde ellos se encuentran, es una convivencia, se encuentran con los amigos y compañeros, entonces es una fiesta donde ellos participan y son los actores principales.

¿Qué es lo que ha permitido que este homenaje haya crecido como lo ha hecho?

Nosotros tratamos de que esto tenga una coordinación, en pláticas con los músicos, tratando de saber por qué ellos se prestan a colaborar con nosotros y además con mucho gusto, e incluso algunos tratan de integrarse con nosotros, ellos nos han comentado que su afán es el mismo que el nuestro: difundir la cultura popular. En el Distrito Federal, sobre todo, pero yo creo que en todo el país, tenemos un problema muy fuerte de la difusión de la cultura popular, ellos se han percatado de que andar solos les deja poco, entonces necesitan integrarse con otros compañeros que tienen el mismo propósito, aquí han visto que juntos pueden hacer mucho, se ha logrado por ejemplo, que la gente venga y ya esté esperando el encuentro, que la gente que acude busca su blusa bordada, su sombrero, su paliacate, su zapato… para poder acudir, no es un requisito, pero la gente viene con gusto, lo disfruta y presume lo que tiene. Entonces, de alguna manera, los elementos de nuestra identidad, que es parte de nuestro rescate de elementos que nos identifiquen, salen a flote, se vuelve un ambiente muy agradable que los mismos músicos van compartiendo. Creo que eso hace que la atmósfera en general sea agradable para todos y acudan, pues, en gran parte, el éxito de esto es que los músicos han llegado a trabajar, porque la gente queda libre para bailar, pero los músicos son esenciales. Nosotros sabemos que es un evento musical, por eso tratamos de atenderlos bien, porque si no les pagamos por lo menos que se sientan bien, en confianza, invitarles un taco, atenderlos con agua, pues no tenemos recursos, y tenemos que buscarlos, ponemos puestos y otros nos ayudan para darles de comer. El ambiente cálido de todos coincide, y creo que eso es lo principal, pues platicando con algunos músicos me han dicho: “A nosotros la música nos da de comer, entonces nosotros tenemos que darle algo a la música, que es nuestro trabajo, si queremos que la música continúe, o aflore, o para algunos seis mil que tienen el gusto de este tipo de música, pues tenemos que trabajarle de manera gratuita sin esperar económicamente nada”, porque nos hemos topado con grupos de música que dicen: “Vamos si hay pago”, otros dicen: “Nosotros ya pasamos ese nivel de tocar de a gratis, por eso no podemos asistir”. Sin embargo, vemos otros grupos que ya tienen trascendencia y que dicen: “Sí, con mucho gusto”, un ejemplo claro este año ha sido Sonaranda, un grupo con mucha experiencia y reconocimiento en el medio, ellos se acercaron a decir: “Nosotros queremos contribuir a lo que están haciendo”, entonces creo que es eso, que tengamos propósitos en común y que se pueda hacer algo así en conjunto, y esto nos da mucho gusto…, afirma la maestra Consuelo con satisfacción, que no deja paso al agotamiento ni al desaliento.

Es difícil imaginar el trabajo y el tiempo que exige la organización de un evento de esta naturaleza y magnitud, pero es más fácil reconocer los que le dedican las personas encargadas de ello. Así, se me ocurre proponer que los organizadores pongan un bote en un sitio estratégico (quizás en cada puesto) en el que se convoque a los asistentes a donar desinteresadamente dos pesos –o lo que sea su voluntad– para contribuir a sus gastos, del mismo modo que ellos lo hacen para nosotros, que vamos a disfrutar de la fiesta, sin participar en los preparativos. O si no, ojalá que alguien de la UNESCO lea esta nota y se entere que aquí hay un gran proyecto colectivo que aglutina a lo mejor de la música tradicional mexicana (¿Hay que repetirlo?: Es patrimonio cultural intangible de la humanidad) y requiere apoyo. Honor a quien honor merece. ¡Y que siga la música, que este dedicado Son para Milo en Azteca 21 continuará!

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

Libros de regiones culturales de México en www.vialibros.net

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