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Música - June 9, 2008

“Son para Milo. Encuentro de Música Tradicional Mexicana”, crece y adquiere relevancia

Fachada de la 'Benemérita
Escuela Nacional de
Maestros', crisol donde
nace y se planea este
memorable evento
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 10 de junio de 2008. No han transcurrido muchos años desde que inició el encuentro, pero han sido suficientes para que éste sea, quizás, el suceso más importante de música tradicional mexicana en la capital de la república –es decir, en el país– por varias razones, entre ellas ser, como lo pregona su nombre, un encuentro de los ejecutantes y de los bailadores de este tipo de música, un escaparate para los mismos, una oportunidad para reforzar nuestra identidad y, en mi opinión, un foro en el que se hace evidente –si se mira bien– que nuestra tradición musical mexicana tiene abierta la vía de la autogestión para recuperar y generar más espacios. Claro, además de otras razones, dependiendo del cristal con que se mire o analice el asunto.

Por eso, a finales de mayo, decidí conocer más al respecto y tratar de comprender cómo es que el “Son para Milo. Encuentro de Música Tradicional Mexicana” ha adquirido tal envergadura y relevancia (en seis años ha tenido un desarrollo y crecimiento impresionantes, por ejemplo, de sólo unas horas de duración a casi tres días, de cinco grupos musicales participantes a más de cuarenta).

Así, hablé por teléfono con la profesora Consuelo Martínez, integrante del "Taller de Danza Tezcatlipoca", de la "Benemérita Escuela Nacional de Maestros" (BENM), y motor decisivo para que esta maquinaria en pro del encuentro funcione adecuadamente, a fin de solicitarle una entrevista. También es parte del comité coordinador del encuentro. Nos pusimos de acuerdo: acudiría un sábado al local que ocupa el taller en la BENM.

Llegué antes del mediodía a la entrevista. De entrada, resulta admirable que aún exista un espacio así en la ciudad de México. Es impresionante ver los árboles con las placas de sus nombres en las amplias jardineras, así como las fachadas de uno de los edificios principales, donde los relieves escultóricos de Luis Ortiz Monasterio tratan de mostrar la evolución de la cultura humana en México y en el mundo. La Plaza Cívica, donde se realiza el encuentro, está coronada en un extremo por el busto de Ignacio Manuel Altamirano, el gran maestro del siglo XIX mexicano. Lo vetusto de las instalaciones no les resta grandiosidad ni un adarme de sabiduría magisterial. Sólo hay que pensar en cuántas generaciones de maestros han egresado de sus añejas aulas.

Precisamente a un costado de ese edificio están las escaleras que conducen al salón del Taller de Danza Tezcatlipoca. Un grupo de personas de edades varias bailaba son jarocho, pues un par de informantes (así denominan en el taller a las personas oriundas de determinada región cultural que les ayudan a impartir los talleres de zapateado) les indicaban cómo zapatear. Ahí hablé unos minutos con el maestro Armando, integrante del taller, mientras esperaba a la maestra Chelo (así la llamaban casi todos ahí).

El zapateado retumbaba en la duela del salón y más allá de sus paredes, en las que hay espejos, reconocimientos y cuelgan cuadros con carteles de encuentros posteriores, reproducciones del poderoso dios mesoamericano y una foto de Hermilo Rojas Aragón, en la que luce un atuendo indígena (¿de su natal Oaxaca?) y está coronado con un enorme penacho; de fondo, las construcciones de, creo, Monte Albán. Además, su sonrisa sigue iluminando su faz. Es decir, ya estoy frente al maestro Milo.

Armando, amable, me informa que la maestra Chelo ya está por llegar, que se tardó porque trae consigo un video que me quiere mostrar. A los pocos minutos llega, apresurada y acezante, la maestra Chelo. Vemos el video (que puede ver en http://es.youtube.com/watch?v=hdRbTFGilXc) y acordamos salir a la explanada para platicar bajo la sombra de un frondoso fresno, mientras los entusiastas bailadores siguen zapateando, deseosos de balancear las pulsaciones de su sangre con las del son jarocho.

Comentarios a esa nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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