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Buenas Noticias - June 4, 2008

Inician restauración del Retablo Mayor de la Iglesia de San Juan Bautista Coixtlahuaca en la mixteca

Este es el bellísimo retablo de
Coixtlahuaca, el cual posee
acabados únicos que lo
hacen especial tanto para
la comunidad como para
los historiadores del arte
Foto: Cortesía interamericaninstitute.org

Ciudad de México.- 3 de Junio del 2008.-  La leyenda contada por los abuelos dice que detrás del Retablo Mayor del Templo de Coixtlahuaca, en Oaxaca, hay una puerta con un túnel que conduce al Cerro del Tesoro, donde está guardada toda la herramienta de oro que se usó para la construcción de esta iglesia del siglo XVI. El mito quedó despejado recientemente con el retiro del altar colonial de 16 metros de altura, que realizaron expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para llevar a cabo su restauración integral.

 

En efecto, detrás de este retablo monumental no sólo había un túnel sino varios, pero hechos por las comadrejas que hay en la región, tal y como lo constataron los habitantes de esta comunidad de la Mixteca Alta, cuando un equipo especializado de restauradores emprendió la labor de desmontaje, durante tres meses y medio, de las más de 250 piezas de madera que conforman el gran altar.

 

Se trata de una de las pocas obras que conservan todavía los principales ejemplos de escultura y pintura del siglo XVI, atribuidas al pintor de la época virreinal, Andrés de la Concha, misma que presentaba severos problemas estructurales.

 

Los daños fueron provocados en los años setenta cuando se cerraron las grietas de la cúpula, en esa ocasión la cimbra se sujetó al retablo,  lo  cual  provocó que se desgajara el entablamento; el sismo de 1999 acentuó este problema por lo que hubo que apuntalarlo como medida de emergencia.

 

Es un altar del siglo XVIII, que se creó a partir de la reutilización de elementos de uno anterior del siglo XVI, que se cree resulto dañado por un incendio como lo indican restos de quemaduras en algunas partes del decorado, de acuerdo con el restaurador Luis Huidobro Salas, responsable de los trabajos.

 

La creación de retablos durante la Colonia, además tener un fin religioso, era símbolo de demostración regional de poder, es decir, se realizaban en los lugares donde había bonanza económica, como fue el caso de Coixtlahuaca, que desde la época prehispánica fue un centro económico relevante. En el siglo XVI con el auge de la seda, tal riqueza se reflejó en relevantes construcciones y obras artísticas, como debió ser el altar de grandes dimensiones dedicado a San Juan Bautista en el XVI.

 

El retablo actual esta compuesto de cuatro cuerpos o niveles y cinco calles, su planta es dodecagonal, y fue construido en el siglo XVIII. Tiene una forma casi cuadrada cuyas proporciones son: 16 metros de altura y 15 metros de base, lo cual le da una gran amplitud. Consta de diez esculturas de madera, en su mayoría del siglo XVI, y siete óleos sobre tabla de gran formato.

 

De estilo barroco estípite, como lo refiere el decorado de sus columnas, este retablo en su conjunto presenta un discurso que versa sobre la vida de Jesucristo y la Virgen María.

 

           

El desarmado de un gran rompecabezas

 

 

En marzo de 2007, el grupo interdisciplinario encabezado por el INAH y conformado por más de 30 personas, procedió a efectuar el desmontaje de cada una de las piezas del majestuoso retablo. Para ello se tuvo que fabricar un andamio de casi 15 metros de altura y llevar a cabo un registro previo de cada una de las piezas.

 

“A cada parte se le colocó una marca para saber su ubicación exacta, además de su registro fotográfico, a fin de saber el lugar que le corresponde en el gran “rompecabezas”, a los más de 250 elementos que se desmontaron”, detalla Huidobro Salas.

 

La desarticulación se hizo de manera meticulosa durante tres meses y medio, con la finalidad de no generarle a las piezas un mayor deterioro con la manipulación. Así, una vez que se desarmó el retablo se inició la limpieza y fumigación de cada elemento. Para ello, fue necesario crear un taller de restauración en el interior del templo, para llevar a cabo la intervención in situ, por lo que se recorrió el altar desde donde se lleva a cabo  la liturgia, porque se trata de un templo abierto al culto.

 

Químicos, biólogos, restauradores especializados en pintura y escultura, y estudiantes, a lo largo del año 2007, se dieron a la tarea de consolidar cada elemento estructural de la enorme obra de arte sacro, así como la estabilización de la capa pictórica.

 

“En abril de 2008 retomamos la labor y actualmente estamos por terminar el refuerzo del primer nivel del retablo para hacer nuevamente su montaje. Sucesivamente se irá concluyendo el total de los cuatro cuerpos, y una vez completado el armado del “rompecabezas”, se terminarán los detalles de resanes y reintegración pictórica”, refiere el experto del INAH, Huidobro Salas.

 

Paralelamente a este trabajo se efectúan diversos análisis de laboratorio para determinar características de la capa pictórica, estudios anatómicos y biológicos de las maderas con que fue hecho el retablo y precisar las especies. En el caso de los óleos sobre tabla y las esculturas, su restauración se efectuará en la Escuela de Conservación y Restauración de Occiente (ECRO), con sede en Guadalajara. Se estima que a finales de este año se haya concluido la atención integral de la singular obra colonial.

 

La revalorización del patrimonio cultural

 

 

Para poder intervenir el gran retablo, previamente el INAH a lo largo de dos años, tuvo que realizar una  serie de gestiones y consenso con las autoridades municipales, la iglesia y la población.

 

“Considerando este 2008, se trata ya de una labor que ha requerido cuatro años, porque si no hay consenso de todas las partes, no procedemos a emprender una restauración”, señala Huidobro Salas, al apuntar que paulatinamente se ha podido despertar el interés de la población y sobre todo crear esa confianza para que permitan el acceso a su patrimonio que tan celosamente guardan.

 

Y es que además de restaurar las obras, este tipo de proyectos llevan implícitos otra serie de intenciones: la de generar fuentes de empleo temporal para los habitantes de la comunidad e incentivar la revalorización de su patrimonio.

 

“En el caso de Coixtlahuaca, donde hay altos índices de migración, se contrató y capacitó a gente de la localidad para que nos ayuden en los diferentes procesos de restauración del retablo, y adicionalmente se tienen reuniones con los habitantes donde se les informa de los avances de cada etapa de la intervención”:

 

“Esto, con la finalidad de crear conciencia entre la población sobre la importancia de su patrimonio cultural, con ello se busca garantizar a largo plazo que las obras van a ser cuidadas y que valoren todo el esfuerzo que hay detrás de un trabajo de restauración”, concluyó Huidobro Salas.

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