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Por la Espiral - May 19, 2008

A.L y UE, ¿demasiado lejos?

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-A.L y UE, ¿demasiado lejos?
-Indefiniciones neopopulistas
-Asimetrías y prioridades

    Como latinoamericanos nos perfilamos rumbo al 2010 arrastrando una serie de indefiniciones que debemos atrevernos a resolver: ¿Qué tipo de jugador quiere ser América Latina en el concierto internacional? ¿Podrán establecerse compromisos reales para crear una región como un bloque lo más homogéneo posible?
Quizá persista la visión de “las Américas” como el Banco Mundial refiere para apuntar la gran diversidad económica y social de una región atrapada en atavismos y al parecer impedida para mirar de frente al futuro aceptando que no se puede navegar solo en el mar de la globalización,  eso sí se requieren compromisos serios y acciones en firme para mejorar la gobernanza, fortalecer  el Estado, avanzar en la profundización democrática, reducir las brechas sociales e incluir a los excluidos.
Para hablar como bloque antes hay que atender las asimetrías entre unos y otros países, hacerlo primero en lo interno para después llevarlo a lo externo.
Empero, las inacciones y las confrontaciones ideológicas siembran dudas en momentos en que muchos factores de los cuales dependen las economías latinoamericanas  están obrando a su favor: insumos alimenticios cuyo precio incrementa vertiginosamente en el mercado internacional; insumos minerales con precios históricos en el comercio mundial; alza en la cotización de metales; niveles históricos en los precios del petróleo y sus derivados; accesible apertura en el mercado para energéticos derivados del etanol, biomasa y biocombustibles; llegada de flujos en divisas provenientes del turismo, el intercambio comercial y las remesas así como de la inversión extranjera directa.
América Latina arriba al siglo XXI con una heterogeneidad evidente, pero con tareas realizadas a fuerza de ajustes y apretones de tuercas por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) en cuanto al control de la inflación, viabilidad de la balanza de pagos, manejo de la deuda externa, apertura del modelo económico y avance del capital privado en los canales económicos.
No obstante, el paso de los números rojos a negros en un cúmulo de variables no ha calado en el componente social latinoamericano, no como debería ser si quitamos dos pinzas: los subsidios gubernamentales y las remesas.
Que mejoren los números pero no el bienestar del ciudadano de a pie no es precisamente la noticia más agradable para los defensores de la reducción del Estado en la economía a favor del libre tránsito del capital privado.
En cambio sirve para resucitar como ave fénix a modernos detractores   que van como el péndulo -hacia el otro extremo-,  ubicados en el lindero del neopopulismo que no quiere nada ni con Estados Unidos, ni con la Unión Europea (UE) más que reconvertir a los países en feudos del populismo.
A esta nueva clase política que cunde con virulencia en la región es difícil hacerla entrar en razón porque está curtida en experiencia desestabilizadora, buscan alianzas con grupúsculos que por mucho tiempo han esperado ser tomados en cuenta no por sus propuestas sino por su capacidad para fracturar, salir a las calles con pancartas aunque desconozcan el contenido de los pliegos petitorios y tomar empresas y paralizar sectores allá donde se les llame para hacer presión.
Esta calaña que no genera propuestas viables, tiene como misión frenar y está desaprovechando la oportunidad histórica de repartir la riqueza mediante formulas fiscales y sociales con el empeño de tomar el poder por sí y para sí aún a costa de la incipiente democracia y sobre todo del pueblo.
En los ochenta, la región vivió una década perdida. En los albores del siglo XXI  las oportunidades están casi a punto de tirarse al  retrete por políticos mesiánicos empeñados en pasar por encima del Congreso, las Leyes y el pueblo; y cuando ello suceda culparán al libre mercado y a la iniciativa privada más que a la falta de políticos con visión de estadista, vocación de gobierno, lealtad democrática y humanismo económico.
Es muy fácil seguir enrollados en la retórica de señalar a otros por los males internos, caer en la trampa de las promesas políticas y olvidar los compromisos. Lo difícil es romper con el pasado, subirse al cambio, dejar de robar,  combatir la corrupción y soltar la silla Presidencial.
A COLACIÓN
    Con un continente  pintado en su mayoría por gobiernos neopopulistas, las relaciones han ido complicándose con Estados Unidos y la UE, las dos fuentes económicas, comerciales y financieras más importantes para América Latina y el Caribe.  
    Me parece destacable que los países que más repiten el discurso del saqueo histórico y del odio recalcitrante al capital extranjero son los que más crean las condiciones, como un caldo de cultivo, a favor de la gran concentración interna de la riqueza en personas nacionales, uno, dos o tres grandes millonarios; lo mismo en el ámbito empresarial en pro de los monopolios y duopolios.
    El único perdedor es el ciudadano de a pie. El detrimento es para la pobreza y la amenaza latente es por ende para la democracia. Es un círculo vicioso del que América Latina no puede salir y no por falta de oportunidades más bien producto de indefiniciones.
    Nuevamente ha quedado patente en la  V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de Latinoamérica, Caribe y la Unión Europea que la región pasa por sus horas bajas en cuestión de acercamiento y diálogo, donde el sueño de un bloque es más una quimera por que el mapa es de subregiones, una que mira hacia el Norte, una más al otro lado del Atlántico y otra  que no sabe bien a cuál apuntarle.
    En algunos políticos gobernantes subsiste un claro choque de intereses personales, y la UE que ya no piensa en la locomotora sino en la alta velocidad comienza a desesperarse y a dividirse en torno a la posición unificadora que el bloque europeo debe asumir al respecto de “las Américas”.
    La ausencia de Nicolás Sarkozy, presidente de Francia y de Gordon Brown, primer Ministro de Gran Bretaña en la cumbre es un síntoma negativo y más porque Sarkozy presidirá el próximo otoño a la UE como corresponde en turno a Francia.
    Desde hace tiempo, la Comisión Europea insiste en modificar la estrategia de acercamiento de la UE hacia América Latina y el Caribe abordando un número limitado de temas, enfocándose  en relaciones UE-México y UE-Chile, fortaleciendo el nexo con Brasil y reforzando el diálogo político con distintos actores  de peso.
    En buena medida es pesimista que se vaya difuminando la idea de un bloque porque persisten la heterogeneidad, las asimetrías, los reproches históricos, los enconos…

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