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Libros - May 16, 2008

“Hijos tiranos o débiles dependientes”, el libro más reciente de Martha Alicia Chávez

Portada de un libro
que pone en estado
de alerta a los padres
consentidores
Foto: Cortesía 'Grijalbo'

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 17 de mayo. Martha Alicia Chávez nació en Guadalajara, el 12 de abril de 1958. Es licenciada en Psicología y tiene especialidades en terapia familiar, en hipnoterapia, en adicciones y en programación neurolingüística. Reside desde hace año y medio en Puerto Aventuras, entre Playa del Carmen y Tulum, a casi cien kilómetros de Cancún, en Quintana Roo. Su primer libro, “Tu hijo, tu espejo” ha vendido más de 180 mil ejemplares en Latinoamérica y la catapultó a la fama. En entrevista con Azteca 21, habla de su más reciente libro, “Hijos tiranos o débiles dependientes. El drama del hijo sobreprotegido”, el quinto de su autoría.

¿Hace diez o quince años usted se visualizaba como la autora de hoy, cuyas obras incluso ya forman parte de una Biblioteca Martha Alicia Chávez?

No, yo escribí “Tu hijo, tu espejo”, que fue mi primer libro y fue un fuertísimo best seller, lo escribí en 2000 y fue publicado en 2002, y fue el que abrió esta parte de mí, la fascinación por escribir, la fascinación de lo que un libro puede hacer en las personas,  y a cuántos cientos de miles un libro puede llegar, me parece algo tan valioso eso, porque, aun cuando mi profesión se trata de interactuar con muchísima gente, con cientos de padres de familia, miles, con los que he interactuado hasta el día de hoy a través de conferencias, psicoterapia y cursos para padres, un libro, quiero decir, esta área nunca llegará a las cantidades que puede llegar un libro, y eso es muy importante y muy satisfactorio, poder llevar el mensaje que uno quiere dar, lo que uno puede aportar a tantísima gente.

¿Escribir también es una terapia para usted?

Por supuesto, todo el proceso de escribir un libro es una cosa de éxtasis para mí, mientras escribo hay momentos donde toco unas sensaciones de gozo, de éxtasis, de fascinación; luego, el leerlo, el verlo físicamente, existiendo en la vida real, y el ver que empieza a moverse, a provocar algo en las personas que deciden leerlo, todo esto es clave; escribir me ha traído una cantidad de bendiciones en todas las áreas de la vida…

¿Entonces sí son válidas las “recetas” para la educación de los hijos?

Por supuesto que sí, y hay cientos de miles de padres, o millones, en el mundo que se han interesado en aprender, en estudiar, en ir a cursos, en leer libros y que han hecho transformaciones maravillosas en su vida familiar, cambios muy saludables en su relación con sus hijos. Muchas veces los padres tenemos que decir punto a los hijos, por ejemplo cuando un hijo está exigiendo algo que no le podemos dar, es no puedo, esto es lo que sí te puedo dar, lo que tú me pides no puedo aunque me desbarate, no puedo, punto, no hay alternativa, o más bien hay otras alternativas, ésta que tú quieres no es alternativa porque en este momento en mi vida no me es posible darte lo que me pides. Los hijos tienen que aprender y tolerar que la vida no siempre es como uno la quiere, que hay que adaptarse y hay que seguir siendo felices aunque las circunstancias no sean las que uno quiere.

Me parece que los problemas que usted trata en sus libros ahora están más presentes ahora que hace una o dos generaciones atrás, aunque siempre han estado presentes, pero su aumento quizás tiene que ver con las ventajas y facilidades de la vida moderna (menos pobreza, mejor alimentación, acceso a las tecnologías, etcétera) que se proporcionan a los hijos y que antes no se tenían tan fácilmente. ¿Qué opina al respecto?

Oquéi, esto que usted comenta es una de las facetas, hay muchas facetas, ¿sí?, que causan este fenómeno social de que los padres actualmente estemos muy confundidos respecto del manejo de la autoridad, ¿hasta dónde es buena la disciplina o es algo pasado de moda, los trauma, les hace bien…? Hay mucha confusión y con todas las consecuencias que vemos, el factor que usted menciona es uno, pero no es el único, es una situación muy compleja, está el tema de que los niños y jóvenes de ahora no son como los niños y jóvenes que hubo en nuestras generaciones o más atrás todavía, todos los cambios tecnológicos, a los que uno no se puede adaptar tan rápido como ellos, influyen en la vida emocional, en la vida de la familia… Hay familias que tienen graves conflictos por el tema de la tecnología, pues el hijo adolescente ya no quiere el celular porque ya salió otro con 80 melodías para timbre, con cámara de este tipo y con mil monerías, y ya no quiere ése, los papás no se lo pueden comprar y se siente inferior a sus compañeros que sí lo tienen, se estresa y se avergüenza, se identifica con la tecnología, qué clase de computadora tiene, qué clase de lap top, qué clase de celular, qué clase de iPod, y en base a eso vale más o vale menos… Esto influye en la vida, profundamente, y en la vida familiar porque es un tema que causa conflictos entre padres e hijos, la tecnología que los hijos quieren y que no todos los padres se la pueden dar, y cuando los padres no le pueden dar el nuevo celular, que cuesta tres mil pesos más o lo que sea, es cuando tenemos que decir no puedo, punto, “¿lo quieres?, trabaja los fines de semana y junta tu dinerito, yo no te lo puedo proporcionar, ya te proporcioné uno, la función del celular la tienes, pero ese otro no puedo”, así de simple.

¿Cuál es la intención de estar a medio caballo entre facilitar un tema a la gente, que creo que ése es el tono de sus trabajos, y evitar la cuestión académica de investigación, a pesar de apoyarse siempre en casos reales?

Hay libros en el mercado, en las editoriales de todo el mundo, cuyo objetivo es ése; el objetivo de mi libro no es ése: dar datos técnicos o académicos, sino poner las cosas de manera que sean comprensibles, no hay nada mejor, y está comprobado, para que uno pueda entender un concepto que ejemplos de la vida real. Yo puedo decir “un muchachito que no tenga tolerancia a la frustración”, pero si no pongo un ejemplo cada quien lo va a interpretar de manera diferente o no lo van a poder interpretar algunas personas. Yo creo que mis libros son tan exitosos justamente porque pongo conceptos, y muchos colegas me lo han comentado, como ése es mi propio proceso de pensamiento y lenguaje, tengo la capacidad de poner conceptos muy complejos en palabras muy simples, para que los entienda todo el mundo, y ésa es la idea, no me interesa hablar con conceptos técnicos, si puedo decir, por ejemplo, una palabra, hablando de mi libro, “Te voy a contar una historia”, que es sobre adicciones, es un libro como usted me dice, con estadísticas e investigaciones, porque así tiene que ser, con datos y palabras técnicas y médicas, pero tan fácil que lo puede entender un doctor, que muchos doctores lo han leído y lo recomiendan, y ha estado en paneles de médicos, y también lo puede entender un ama de casa que no tiene ni la primaria terminada y tiene un hijo adicto, porque tiene que ser de esa manera ese libro, con estadísticas, investigaciones, con nombres de los investigadores, que muestran cuál gen está asociado con la adicción, cuál sustancia química es la que produce esa necesidad de seguir consumiendo, cómo es el proceso, cómo se llama la neurona y cómo se llaman las enzimas, etcétera, pero hablando de hijos tiranos, que es de lo que estamos hablando ahorita, a mí no me interesa hacer un libro con palabras técnicas o estadísticas, sino hablar de casos de la vida real, que en cada familia se encuentran, un hijo que hace esto, un hijo adulto que no puede con su propia vida, cómo es la dinámica familiar que tiene este hijo, padres que toda la vida lo han hecho por él, cómo se ha generado tal situación; ése es mi estilo…

¿No será que al final de cuentas la conducta humana está condenada a repetirse?

Mire, usted le puede dar a una persona las más perfectas alternativas y recursos para resolver sus problemas del tipo que sean, emocionales, espirituales o económicos, y quizás no sirvan para nada, y puede nada más decir una frasecita y le transforma la vida a alguien. ¿De qué depende? De qué tanto la persona esté interesada en escuchar y aprender y de qué tanto esté lista para cambiar, pues está muy bien comprobado y es bien sabido que cada problemática tiene unas ganancias secundarias, pues hay gente que quiere vivir deprimida o conflictuada, gente que no está lista para el cambio, nada le sirve, nada, ¿sí? Mi razón para hacer el trabajo tan valioso que yo hago es aquí están estas alternativas, para quien quiera verlas, para quien le sirvan, para quien esté interesado o pueda encontrar algo útil en esto, ahí está, pero la decisión a final de cuentas es de cada individuo, pero, repito, le puede estar dando la solución perfecta, la Caja de Pandora a alguien y no le sirve para nada, no quiere, no le interesa.

¿Cómo fue su experiencia profesional en Guadalajara, que tiene fama de ser una ciudad conservadora y machista?

Yo escribo lo que escribo, hago mi trabajo, fui la psicoterapeuta que fui en Guadalajara por dieciséis años, la conferencista, la instructora de múltiples talleres, y luego la autora de libros, a mí nunca me ha interesado pensar “cómo le va a caer esto a la gente de Guadalajara o el taller que voy a dar con lo cerrado que son”, yo hago lo que yo quiero, yo doy lo que yo considero valioso, yo escribo lo que yo quiero escribir, de la manera que lo quiero escribir y como lo quiero escribir, a quien le parezca bien, a quien le parezca mal, le guste, le disguste, lo ataque, le parezca estúpido o valioso, es su problema, yo hago las cosas como me salen de adentro, ¿sí? Entonces nunca tuve el problema de “ay, cómo enfrento esta sociedad tan cerrada, de qué hablaré en la conferencia”, yo hablaba de lo que yo quería, ésa es mi filosofía, yo hago lo que yo quiero, al que le guste y le sirva excelente, al que no, qué bien también… Un terapeuta debe tener un amplísimo criterio porque uno ve de todo y si uno no tiene un criterio de 360 grados no sirve, no va a poder ayudar a las personas, porque uno va a empezar a juzgar, “ay, qué cerrados, ay, qué beatos, pura religión…”, no, todo está bien, y si llega el homosexual superhomosexual hay que estar abierto, si llegan los que coinciden con la forma en que uno piensa también estar abierto… Un buen terapeuta ni siquiera se plantea “cómo le hago, cómo enfrento esta sociedad donde hay gente tan así y así”,  ésta es la situación de esta familia, así son ellos, de conservadores o de cerrados o de abiertos, de religiosos o de lo que sea, y en su contexto de vida cuál es su problemática, a dónde quieren llegar, dónde están atorados… Mi función es acompañarlos en la resolución de esa situación, no juzgarlos, no etiquetarlos de cosas, ¿sí? Entonces para un terapeuta que entiende esto, que ojalá todos lo entendiéramos, eso no es un problema, es parte del trabajo lidiar con gente de todo tipo, por eso insisto en que uno debe tener un criterio de 360 grados, pues mientras más pequeño es el criterio, menos servimos.

¿Por qué emplea tantos signos de admiración en su libro?

Porque quiero, nada más, es mi estilo, porque quiero… Muchas cosas en mis libros a lo mejor no obedecen los cerrados códigos de las reglas literarias para escribir, que los inventó alguien, nada más son la creencia de alguien, pero no me importa, como le decía hace rato, yo escribo como quiero, lo que quiero, lo que siento, de la manera que lo siento, y cuando siento la necesidad y el interés de poner 85 signos de admiración, los pongo. Para mí, ésa es la manera en que yo le doy énfasis a lo que quiero expresar, a como quiero que llegue, a como me está saliendo de adentro, con la intensidad que me está saliendo esa frase, ese párrafo…

¿Ha tenido algún fracaso y cuál es el momento más gratificante en su carrera como terapeuta y como conferencista?

En realidad, no identifico algo así como “ay, qué fracaso tan horrible esto”, porque claro que he cometido muchisísimos errores y he hecho cosas menos bien hechas de lo que pude hacerlas, no he sido capaz de hacer muchas cosas mejor de lo que las hice, pero en realidad estoy tan en paz con mi vida porque sé que siempre, sea en el tema trabajo, en el tema ser madre, en el tema ser esposa, amiga o lo que sea, he hecho lo mejor que he podido. Yo soy una persona que le pongo el cien a mi vida en todo, no puedo hacerlo de otra manera, y lo que no hice mejor o no lo hice en absoluto es porque no pude, así de simple, y no lo considero un fracaso y qué mal, vaya, estoy en paz, si yo supiera que me muero mañana, estoy en paz con mi vida, “nada me debes, nada te debo”, como el hermoso poema de Amado Nervo. En cuanto a satisfacciones igual, hay muchísimas, muchísimas, en la parte personal y en la profesional también, muchas satisfacciones, muchas bendiciones, y yo trato, así como aprendo de los fracasos y los considero una experiencia útil, benditos sean y agradezco la lección que aprendí, y no lo tomo como si cargara la piedra de ese fracaso, igual los triunfos, porque además no es uno solo, yo estoy muy convencida de que cualquier ser humano que se decide a ponerse a trabajar en el lado de la luz, de la salud o como usted le quiera llamar, de alguna manera estamos muy ayudados, no he sido yo sola, sino mucha gente que me ha apoyado en el camino para ser lo que he logrado profesionalmente, desde personas de la editorial, hasta los lectores y consejeros que me han apoyado, en fin, entonces sería un gran error sentir que mis logros son sólo míos, también son producto de los errores y de todas las experiencias de mi vida y de apoyo de muchos humanos y también apoyo invisible, como usted le quiera llamar o como cada quien lo quiera llamar, apoyo espiritual o un poder superior… el nombre que cada quien le quiera dar…

¿Cómo es un día normal en su vida?

¿Ahora que ya vivo en Puerto Aventuras, ese hermoso paraíso?

Sí.

Yo viajo muchísimo, en promedio una vez por semana, a veces más, a dar conferencias en distintas ciudades de la República, o a veces en otros países, pero cuando no estoy de viaje o dando un curso ahí mismo, digamos un día que no estoy trabajando, me levanto muy temprano, porque yo no sé levantarme tarde, aunque quiera no puedo, abro el ojo y ya, me voy a caminar, vivo en un lugar hermosísimo, donde camina uno por la marina, la playa, entonces me voy a caminar temprano y me voy a la playa porque hay una magia tan especial temprano en la mañana en el ambiente, sobre todo en un ambiente como ése, el mar, el airecito, las miniolitas, porque es como una laguna, entonces medito, platico con el mar, veo mi vida, cómo estoy… A veces hago lo que yo llamo rituales, por ejemplo, escribo cosas que tengo que dejar ir o que me están pasando, en fin, luego me pongo a nadar un ratito, si el día es adecuado, es decir si hay sol y no hay olitas, esnorqueleo, porque va a estar muy calmada y muy cristalina el agua, pero si hay aire y olitas, va a estar nublado el día, entonces nomás me baño, no esnorqueleo, pero trato de esnorquelear casi todos los días porque he encontrado unos éxtasis tan maravillosos, una paz y un gozo a través de esnorquelear, ver todos esos arrecifes de coral, los peces, cientos, a veces miles de peces, de todos colores, tamaños y formas, tortugas, mantarrayas y todo lo que a usted se le ocurra, no tiburones, gracias a Dios, porque allá no es zona. Bueno, estoy el tiempo que tengo ganas de estar, luego ya regreso de nuevo caminando y me detengo a ver los delfines, porque también hay delfines allá, ahorita tenemos tres recién nacidos, divinos, chiquititos, entonces me detengo a verlos un rato, hermosos, con su mami, que los amamanta y andan ahí, hermosísimo… Luego ya me voy a mi casa, me baño, desayuno en forma y me pongo a trabajar en cosas que siempre tengo que hacer en casa, por ejemplo, preparar presentaciones para mis conferencias o contestar un montón de emails de lectores que me llegan constantemente por carretadas…

¿Usted los contesta personalmente?

Sí, todos, cada uno, pero me tardo, o sea voy por orden de aparición, cuando les toque, pero todos los contesto, luego ya, si estoy escribiendo un libro, entonces comienzo a escribir, me voy a mi terraza o me voy a Playa del Carmen, que está a quince minutos, a un café y ahí escribo, según de lo que traiga ganas; a veces voy a desayunar o a comer con una amiga o un amigo, a veces voy en la tarde al cine, depende, pero por ahí, pero es mucho estar disfrutando la naturaleza divina que hay ahí donde vivo. Soy tan afortunada…

¿Tiene un plan de próximos libros, aunque aún no los haya empezado a escribir y estén sólo en esquema?

Sí, cómo no, varios, de hecho, mi mente camina más rápido que lo que mis manos y mi físico pueden funcionar, además de todas mis ocupaciones, pero estoy trabajando ya en mi siguiente libro, que será “Consejos para padres divorciados”, pues el divorcio es algo tan mal visto socialmente y están muy abandonados los padres divorciados, nadie los apoya, nadie les da cursos… Ninguna autoridad escolar o gubernamental genera apoyos, cursos o terapias porque sería mal visto, sería acusada de estar promoviéndolo, entonces los padres divorciados están muy solos, muy desorientados, sí, hay clubes para compartir las soledades, convivir… Lo que yo estoy escribiendo, por eso se llama “Consejos para padres divorciados”, es sobre el manejo de los hijos, desde cómo manejar la nueva pareja, desde cómo manejarles el hecho de divorciarnos, en fin, todo lo que implica ese proceso tan complicado, profundo y devastador. Creo que va a ser muy útil, eso espero, para todos los padres divorciados que tengan necesidad de aclarar ciertas cosas.

La presentación de “Hijos tiranos o débiles dependientes. El drama del hijo sobreprotegido” (Grijalbo, México, 2008), de Martha Alicia Chávez, se llevará a cabo el próximo lunes 26 de mayo a las 19 horas en el Centro Médico Nacional Siglo XXI, ubicado en avenida Cuauhtémoc 330, colonia Doctores, muy cerca de la estación Centro Médico de la línea 3 del metro. Entrada libre. Si desea conocer más de la autora, puede visitar su página: www.marthaaliciachavez.com.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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