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Música - May 12, 2008

Breve crónica de la “XIV Edición del Fandango Cuando la jarana suena, la tarima resuena”

'Los Salmerón' hicieron
que la tarima resonara
intensamente con los
zapateados de una pareja
de jóvenes guerrerenses
Foto:
Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 11 de mayo de 2008. Con el apoyo de familias, estudiantes y maestros de la Escuela de Iniciación a la Música y a la Danza (EIMD), el viernes 11 de abril se efectuó la “XIV Edición del Fandango Cuando la jarana suena, la tarima resuena”, precisamente en las instalaciones de dicho centro de formación artística, ubicado en el Centro Cultural Ollin Yoliztli, sito en Periférico Sur 5141, colonia Isidro Fabela.

El programa original estaba formado por once grupos, pero, como reza el cliché, hubo cambios de última hora. Así, estaban anunciados Los Salmerón, los tríos La Aurora y Aguacero, Pasatono, Los Mañaneros, Ariles, Yolotecuani, Los Nahuales, Tierra del Son, Son de Luna y Ollin. De éstos, sólo Pasatono no se presentó; en cambio, se agregaron tres más y una decimista, como a continuación se leerá.

El inicio de las actividades fue alrededor de las 16 horas, con la inauguración del fandango, a cargo de la profesora Cecilia Montiel. Después, la Banda Novillero –según me comentaron, es la oficial de la Plaza de Toros “México”– abrió la parte musical; aunque incompleta, tocó muy bien. Luego siguió un grupo de alumnos del Cedart “Diego Rivera”, quienes, junto con uno de sus profesores, tocaron varios temas de música tradicional mexicana.

Cabe señalar que, durante todo el fandango, entre cada grupo subía al escenario la decimista y promotora cultural Ana Zarina Palafox a recitar una décima improvisada alusiva al grupo o al momento. Además, cada agrupación dispuso, en promedio, de media hora para su intervención; algunos, de más minutos, otros, de menos, “asegún”. La programación continuó con la participación de los grupos Los Mañaneros y Ollin, el primero tocó música norteña muy bien.

Pasaditas de las 18 horas, el grupo Yolotecuani inició su actuación y, con ella, el ambiente se puso más candente, pues también ya había más personas en el patio de la EIMD, que lucía lleno, con cientos de seguidores de nuestra música tradicional. Debo señalar que en los alrededores del patio había puestos de antojitos mexicanos, de artesanías, de libros y videos, entre otros; y alumnos de la escuela vendían boletos para diversas rifas. También no dejaba de ser interesante ver a todas esas personas de todas las edades, a mi parecer la mayoría chilangas y de ascendencia provinciana, bailando y gozando con la música y el baile, por lo que el lema de este XIV fandango tradicional quedó completamente justificado. Asimismo, vale la pena destacar el ambiente familiar y festivo, solidario, casi fraternal, que imperó durante las siete horas que permanecí ahí.

Posteriormente, el trío Aguacero, encabezado por el maestro Eduardo Bustos Valenzuela, tuvo a su cargo mantener el ritmo y la euforia del fandango, aspecto que logró brillantemente con base en su entrega y conexión con el público. Luego Nahual, con sones istmeños, y Son de Luna, con sones jarochos, integrados ambos conjuntos por jóvenes entusiastas, le metieron más leña al fuego. Después de la presentación de cada grupo se le entregaba su respectivo reconocimiento.

En seguida tocó el turno a Los Salmerón –con quienes debutó en la guitarra, o yo apenas lo vi con ellos, el profesor de danza David Flores–, que hicieron que la tarima resonara intensamente con los zapateados de una pareja de jóvenes guerrerenses presentes en el fandango. Luego siguió el trío La Aurora, de la profesora homónima, que ahora estaba acompañada por dos músicos hidalguenses, uno de los cuales tocaba con don Servando Rubio. Bueno, este trío de son huasteco mantuvo prendida la llama, para ser secundado a continuación por el grupo Semilla, de son jarocho. Aún pude escuchar unos sones jaliscienses interpretados por Tierra de Son antes de retirarme, pues ya pasaban de las once de la noche y había que pensar en alcanzar transporte público.

Así, todavía faltaban de pasar al escenario de la EIMD, rodeado de bellos murales, los grupos Ariles, de son jarocho, y Yerbabuena, que toca sones de varias regiones de nuestro país. Además, me comentaron que, como es costumbre en los fandangos como éste, se forman grupos sobre la marcha y el festejo suele concluir hasta las primeras horas del día siguiente. Por cierto, en un momento dado, tuve ocasión de charlar unos minutos con Marco Rubio, profesor del plantel anfitrión, músico, laudero y parte del Comité Organizador del fandango, quien me comentó que éste surgió como una necesidad, con el fin de acercar a los niños y adolescentes a este tipo de expresiones musicales y dancísticas, pues la escuela padece desde hace varios años de un raquítico presupuesto, lo cual ha afectado, entre otros rubros, las salidas de campo a las comunidades donde se generan dichas manifestaciones, tan necesarias para la formación de los alumnos y para la comprensión del contexto del que son producto.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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