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Buenas Noticias - April 14, 2008

Ofrecen nueva ruta en Teotihuacán, visitando barrios de Tetitla, Tepantitla, Atetelco y La Ventilla

De las obras murales que hay
que admirar en Tetitla, está
la de los 'Jaguares en Procesión',
que muestra a ocho de estos
felinos portando penachos
Foto: Cortesía Mauricio Marat/INAH

Ciudad de México.- 14 Abril del 2008.- (Héctor Campio/CONACULTA) No todos los caminos de Teotihuacán conducen a la Pirámide del Sol. Muy pocos saben que dentro de la ciudad sagrada, alrededor y más allá de la Pirámide de la Luna existen cuatro espacios en los que se localizaban las áreas habitacionales de los antiguos grupos de pobladores de esta antigua ciudad.

Estos lugares, que también pueden ser visitados por el público en general, son los conjuntos arquitectónicos conocidos como Tetitla, Tepantitla, Atetelco y La Ventilla. Se trata de cuatro áreas de residencia o barrios, que se establecieron en la periferia de lo que se conoce como el Centro Ceremonial de Teotihuacán, compuesto por las dos pirámides y la Calzada de los Muertos.  La urbe llegó a ocupar una superficie cercana a los 22 kilómetros cuadrados.

Recorrer estos espacios domésticos, cuyos muros y pisos –a pesar de las centurias- todavía lucen decorados por creaciones pictóricas precolombinas, es como viajar al pasado y adentrarse al cotidiano de una familia teotihuacana común y corriente.

En estas pinturas hechas al fresco, los teotihuacanos dejaron testimonio de sus actividades diarias, su forma de vida, su pensamiento y sus creencias, a través de las cuales podemos tener elementos para imaginarnos cómo fue la vida en la que se considera la primera ciudad mesoamericana, cuyo origen se remonta al siglo I d.C. y su colapso hacia el año 700.

Recientemente, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) comenzó a brindar visitas guiadas por estos cuatro conjuntos residenciales, como una alternativa para que el público conozca a mayor profundidad el sitio arqueológico, y no sólo suba a los majestuosos edificios piramidales.

Es un recorrido ofrecido por los propios arqueólogos del INAH que han hecho precisamente las excavaciones en estos lugares, quienes nos brindan información real sobre cada uno de estos barriosantiguos.

Tetitla, el barrio de los nobles

La visita se realiza en un día y comienza con el arribo a Tetitla. Este barrio se ubica al oeste de la zona arqueológica, cerca de la Puerta 1, donde podemos ver que hay una muralla de piedra que cuenta con un solo acceso, que a su vez era la única entrada y salida del barrio.

"Todos los conjuntos arquitectónicos en Teotihuacán estaban amurallados, lo que hace suponer que tenían un fin defensivo", explica la arqueóloga Verónica Ortega Cabrera, subdirectora del sitio arqueológico, quien detalla que el sistema urbano que caracterizó a estas zonas residenciales, consistía en calles, plataformas, plazas, patios y altares.

Tras pasar por la muralla, podemos ver pórticos que comunicaban a las habitaciones y pasillos de circulación. Se puede observar en todas las viviendas los llamados "patios hundidos", que consistían en huecos rectangulares que se hacían en el piso y que eran llenados de agua. Servían como espejos para reflejar la luz solar y lunar, hacia el interior de los cuartos, al no existir sistemas de iluminación como los de hoy en día.

De acuerdo con los arqueólogos, Tetitla fue habitado en las épocas de mayor esplendor de Teotihuacán, en las fases Tlamimilolpa Tardío (350 – 400 d.C.) y Xolalpan (450 – 550 d.C.). Por los exquisitos decorados pictóricos, se intuye que este barrio fue habitado por un sector de la población que gozó de cierto estatus económico.

En el lugar destacan las pinturas murales con imágenes alusivas a deidades, entre ellas, la conocida como Las Diosas Verdes, donde se observan varias representaciones de personajes femeninos que se han relacionado con la diosa Chalchitlicue. Cada una de ellas porta una máscara de piedra verde o jade, y de sus manos caen bondades en forma de figuras y semillas del mismo color, que estaban asociadas con la fertilidad.

Algo digno de comentar es que en todos los murales el fondo siempre es rojo, que para los antiguos teotihuacanos representaba un color sagrado y vinculado con el valor. De hecho, las propias pirámides del Sol y la Luna, estaban pintadas de este tono, como lo indica la arqueóloga Verónica Ortega. "Era una ciudad roja, cuya coloración era obtenida del oxido de hierro y fue usada desde lo más intenso hasta lo más diluido".

Otra de las obras murales que es imposible dejar de admirar en Tetitla, es la de los Jaguares en Procesión, donde se muestra a ocho de estos animales en color naranja, portando penachos y formados en dirección a la puerta de acceso de una habitación.

Los felinos, al igual que las serpientes estaban relacionados con el poder. En esta pintura, se observan a los jaguares en posición sedente y de sus fauces surgen figuras trilobuladas, que los iconografistas han interpretado como corazones cortados o amasijos de carne que están devorando o regurgitando.

Atetelco, la escuela de los guerreros

También se ubica al oeste de las pirámides, muy cerca del barrio Tetitla. A diferencia del conjunto anterior, donde la temática de la pintura mural se centra en las deidades y episodios de la vida cotidiana, aquí se aboca a las actividades relacionadas con la guerra.

De hecho, por la gran cantidad de murales alusivos a la milicia que se observan, se plantea que Atetelco fue sede de una escuela militar o cuartel, habitado entre 450-650 d. C. Las obras pictóricas presentan mucha iconografía relacionada con artefactos cortantes como cuchillos de obsidiana, puntas de flecha y espinas de maguey.

Aquí, se conserva in situ, una de las mejores muestras de la pintura mural teotihuacana, conocida como La Procesión de Sacerdotes, en el denominado Patio Blanco, donde se observa a varios personajes de perfil quienes portan un bastón y a su lado un caracol, del cual surge la vírgula de la palabra.

Los individuos que están enmarcados dentro de rombos rojos, se han identificado como sacerdotes, mismos que se ven realizando una ceremonia. Debajo de la escena, hay representaciones de cánidos asociados con lobos, así como jaguares regurgitando un amasijo del cual chorrean gotas, y serpientes con tocados de plumas.

Sobresale el mural del Personaje Ave, representado por un hombre disfrazado de águila y que porta un escudo. Cuenta con un yelmo de pico, alas alargadas y una cola extendida.

Otra obra maestra es la llamada Ave con polluelos, que es la representación de un águila con las alas extendidas y que carga a 13 crías. "Este animal, también suele relacionarse con cuestiones bélicas", comenta la arqueóloga Verónica Ortega.
 
Destacan también, por su presencia en repetidas ocasiones y en diversas partes del conjunto, las pinturas de escudos o chimallis, cuchillos curvos de sacrificio, corazones atravesados por flechas,  y una representación de Tláloc, en su advocación a la guerra.

La Ventilla, donde vivían artesanos y agricultores

Este conjunto arquitectónico se ubica al suroeste de la zona arqueológica, cerca de la Puerta 1. Es un espacio donde los especialistas del INAH, han logrado la recuperación de gran cantidad de pintura mural, en el que posiblemente convivieron agricultores y artesanos especializados en la plumaria, lapidaria y concha, como lo apuntan los más de 300 entierros que ahí se encontraron.

Podemos admirar pintura como la que fue plasmada en el Patio de los Jaguares, que consta de un pequeño espacio de lo que fue una unidad residencial, donde se ve la procesión de esta especie de felinos representados en color naranja y que van acompañados por un sacerdote.

En este barrio, también es posible ver uno de los ejemplos pictóricos únicos que no se ha encontrado en ningún otro sitio mesoamericano. En la llamada Plaza de los Glifos, que se ubicada en medio de varios templos, y cuyo piso esta adornado con una retícula,  dentro la cual hay diversas representaciones de fauna mitológica y símbolos.

"Hay varias interpretaciones sobre este espacio en particular. Una refiere que funcionó como un espacio de enseñanza para los hijos de la clase sacerdotal. Otra indica que pudo haber sido la sede de un concejo, donde cada símbolo representaba el tótem de cada representante, quienes se reunían para deliberar sobre la vida del barrio", señala el arqueólogo Néstor Paredes Cetina, quien participó en las exploraciones del lugar entre 1992 hasta 1998.

Esta parte de la ciudad fue ocupada en una etapa temprana, en el periodo Miccaotli, hacia el año 200 d.C., hasta su abandono en la Fase Metepec (550 – 650 d.C.), aunque se sabe que posteriormente fue reocupada por grupos coyotlatelcos y mexicas.

Tepantitla y el paraíso de Tláloc

Esta área doméstica se localiza al noroeste del sitio arqueológico, en la Puerta 4, que se localiza cerca de la Pirámide del Sol.

El gran aporte de este conjunto arquitectónico, es la obra conocida como el Tlalocan. Se trata de un mural que ha sido interpretado como el paraíso de Tláloc. Mide alrededor de 1.20 metros de largo por 60 centímetros de alto.

En él, hay representados una gran cantidad de individuos que están haciendo diversas actividades lúdicas, como cazando mariposas o jugando, hay una infinidad de especies de flora y fauna, así como ocho tipos diferentes del juego de pelota.

La escena se enmarca en un fondo rojo, en el que hay un cerro o montaña sagrada de la que brotan torrentes de agua, y en cuyo interior se resguardan granos de maíz, custodiados por tlaloques o ayudantes de Tláloc.

En la parte superior de la pintura, a manera de nivel celeste, se encuentra el personaje central, Tláloc, dios de la lluvia, quien porta un enorme tocado con forma de ave y largas plumas verdes. De sus manos caen dones a la tierra.

Al haber sido Teotihuacán una ciudad colorada, no podía faltar una representación de su principal deidad en este color. Se trata del mural Tláloc Rojo, divinidad que fue representada con un tocado del que brotan chorros de un líquido en el que se entremezclan ojos, flores y hojas.

La ocupación en Tepantitla osciló entre las fases Tlamimilolpa (225 – 350 d.C.) y Metepec (550 – 650 d.C.), posiblemente por la clase sacerdotal.

Museo de la Pintura Mural "Beatriz de la Fuente"

La visita por estos cuatro conjuntos arquitectónicos, concluye con un recorrido por las salas del Museo de la Pintura Mural "Beatriz de la Fuente", donde se resguarda una selecta colección de los 37 mejores fragmentos de pintura mural que han sido recuperados en los más de cien años de investigación que se han efectuado en la zona arqueológica.

En este recinto, donde además podemos conocer más a profundidad sobre la forma en que los antiguos teotihuacanos creaban los murales, también se exhibe un acervo de 42 piezas arqueológicas. Recientemente al museo le fue asignado el nombre de la investigadora, Beatriz de la Fuente, quien dedicó gran parte de su vida profesional al estudio de los murales.

El paseo por estos singulares espacios, no estaría completo sin la degustación de los platillos típicos de Teotihuacán, como la tradicional sopa de hongos, el mole de huitlacoche, o el conejo en adobo.

Así que no hay que esperar más, agarra el sombrero, ponte ropa holgada y zapatos cómodos sin tacón —para no afectar el piso de los conjuntos—. Anímate a hacer esta visita y no olvides llevar agua y ganas de caminar un poquito.

Próximo recorrido está programado para el 26 de abril, con la guía del arqueólogo Néstor Paredes.

El cupo está limitado a 40 personas y con un costo de 373 pesos, cada uno. Incluye transportación.

Mayores informes en la oficina de Turismo Cultural del INAH, ubicada en la calle Frontera 53. Colonia Tizapán de San Ángel. Distrito Federal.

Teléfonos: 55 53 23 65 y 55 53 38 22. Correo electrónico: reservacionestci@inah.gob.mx.

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