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Arte y Cultura - March 14, 2008

Museo de El Carmen, del INAH, instalará la exposición “Altar de Dolores y Cristos sangrantes”

El 'Altar de Dolores', añeja
tradición que se niega a morir
Foto: Cortesía
Héctor Montaño/CONACULTA

Ciudad de México.- 13 de Marzo del 2008.- (CONACULTA) Conocido en América desde 1519, el tradicional Altar de Dolores, en el que se conjugan coloridos elementos relacionados con la Pasión y Muerte de Jesús, fue una práctica religiosa muy extendida en los hogares mexicanos hasta fines del siglo XIX, cuando los vecinos departían y preguntaban: "¿Ya lloró la Virgen"?", con el fin de que se les ofreciera una vaso con agua fresca.

Fiel a esta costumbre, que durante mucho tiempo fue común en las casonas de la legendaria colonia San Ángel, al sur del Distrito Federal, el Museo de El Carmen, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), instalará la exposición Altar de Dolores y Cristos sangrantes, la cual podrá visitarse del 14 al 30 de marzo.

Además de la veintena de piezas que se integran a la instalación del Altar de Dolores; en esta ocasión, el recinto aportará una cantidad similar de objetos, entre pintura y escultura, principalmente del siglo XVIII. Este acervo, propio del museo, hace referencia a los pasajes más significativos de la Semana Mayor.

Entre las obras destacan cristos hechos en pasta de caña, un frontal de altar, una representación escultórica del Padre Eterno, una Dolorosa, un lienzo denominado Oración en el Monte de los Olivos, y una pintura sobre tabla del siglo XVII, representación de un cristo.

 

Los "incendios" en San Ángel

Conocido también como "incendio", por la luminosidad que procedía de ellos, el altar de Dolores se levanta para el Viernes de Pasión o sexto Viernes de Cuaresma. Y, obviamente, la imagen dispuesta en la peana es la Virgen María en su advocación de Dolorosa.

La representación de la Dolorosa, caracterizada por llevar siete espadas en el corazón que aluden a igual número aflicciones –desde la profecía de Simeón, hasta la entrega del cuerpo de su hijo–, se acompaña de trigo, cebada, amaranto, naranjas agrias, velas, y banderas de plata y oro, entre otros elementos.

A sus 90 años, doña Carmelita Mendoza Araballo, quien ha promovido desde hace 30 años la instalación del Altar de Dolores en el Museo de El Carmen, recuerda la manera bulliciosa en que se celebraban estas fechas, antes de la "persecución religiosa" suscitada en los años 20 y 30 del siglo pasado.

"Cada calle de San Ángel tiene su historia. Por ejemplo, en Viernes de Dolores, sobre la conocida como Amargura, se subía a la virgen, y al llegar a la cerrada de ese paseo –en la Plaza de San Jacinto–, donde está una cruz de piedra, se hacia el Altar de Dolores y se formaba una procesión. Era algo muy bello."

"También en los zaguanes de las casonas de San Ángel, se ponían los altares de Dolores. Todas las personas que querían visitar el altar, rezaban el rosario y luego se les obsequiaba aguas frescas: la de jamaica, simboliza la sangre de cristo; la de chía, las lágrimas de la virgen; de tamarindo, la amargura; y la de horchata, la pureza la virgen".

 

El hallazgo de un "pino"

A partir del descubrimiento de un "pino" –una pieza de barro en forma cónica, de 16 cm. de altura, y 8 cm. de diámetro–, durante las exploraciones en la calle de Bolivia número 16, en el Centro Histórico de la capital, la arqueóloga Reina A. Cedillo Vargas, del INAH, reconstruyó una tradición que se niega a morir.

En torno al hallazgo del "pino" –llamado así por los cronistas del siglo XVII–, la especialista explicó que en un primer momento fue difícil definir su función. Luego de indagar en algunos relatos costumbristas, sobre todo los escritos por el historiador Antonio García Cubas, pudo establecer el carácter de este objeto.

Estos "pinos" –que en realidad aludían al ciprés como símbolo de la vida eterna–, se llenaban de agua mediante el orificio que tenían en su parte superior. Una vez que el líquido era absorbido por el barro, al "pino" se le pegaban semillas de chía, previamente remojadas, para que segregaran mucílago y pudieran quedar adheridas a las incisiones de las paredes.

"Se cuidaba que la pieza de barro contuviera agua, hasta que la chía germinara y cubriera totalmente la pieza. Ésta adoptaba entonces la forma de un ciprés, árbol que además es otro de los distintivos de la Virgen María, y se disponía así en el Altar de Dolores", concluyó Reina Cedillo.

Museo de El Carmen: Avenida Revolución s/n, entre Monasterio y Rafael Checa, San Ángel. Teléfonos: 5616-2816 y 5616-1177, ext. 104. carmenmuseo@hotmail.com

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