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Por la Espiral - February 29, 2008

TLCAN a la voluntad

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-TLCAN a la voluntad
-Acuerdo discordante
-Renegociarse o morir
 

Sopesar una mayor integración de México con Estados Unidos y Canadá puede asustar a los nacionalistas y herir la sensibilidad de los antiyankies, empero, pensar que en el derrotero del siglo XXI es mejor como país irse por la libre, puede resultar erróneo.
    Mundo global, mercados interconectados, la tecnología siempre a más y unificando consumidores de todas las latitudes lo que nos ha dejado sin aparentes barreras, al menos las virtuales quedan escindidas.
    Movimientos estratégicos, reacomodo demográfico y una ola migratoria como la del siglo XIX, además “el melón” de la aldea global va repartiéndose en bloques que implican asegurarse mercados para los productores internos del bloque con ciertas protecciones, garantías, menos aranceles y el fomento hacia una especialización.
    A veces tiene sus ventajas sumar primordialmente cuando el bloque trata de ganar peso dentro del mercado mundial. China y su poderío económico, geográfico y económico es un buen pretexto para la búsqueda de los contrapesos en bloque.
    También en la lista hay otros tantos factores  geopolíticos y la lucha antiterrorista.
    En este sentido me parece que los socios del TLCAN o NAFTA no  aprenden de la imperiosa necesidad de sumar y no de restar. La negociación del tratado trasluce más de diez años después una serie de deficiencias que ni los corchetes, ni las puestas en paréntesis, pueden esconder.
    Es tiempo que decidamos si, nos vamos a más con Estados Unidos o Canadá, o en definitiva restamos. Lo que es injusto e históricamente condenable es seguir dilapidando el tiempo en responder si estamos dispuestos a formar un verdadero bloque de integración con los socios del Norte, con todas las ventajas que  conlleva y desde luego, las vicisitudes.
    El TLCAN o NAFTA está rebasado en el papel debido a la rampante realidad. También es significativa la politización del tratado, el olvido entre los respectivos presidentes de cada uno de los tres países miembros para cimentar otra etapa más dentro del acuerdo que lleve a un camino de integración justa, democrática, con contrapesos bien repartidos y mercados asegurados para las partes.
    Después de la puesta en marcha del tratado, el primero de enero de 1994, con todo y el EZLN como protagonista, los años han dejado sin gas al acuerdo y los únicos avances colaterales trilaterales derivan de la improvisada aparición de la  Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) en marzo del 2005.
    El ASPAN es un intento muy vago para dar respuesta a la seguridad de la región de los miembros del TLCAN ante el terrorismo. México llegó al ASPAN de la mano del entonces presidente Vicente Fox para tratar de  contentar al presidente  George W. Bush, quien consideró que México debió apoyar de forma más efectiva a Estados Unidos después de los atentados del 11 de septiembre del 2001 y acompañarle con la invasión de Irak en marzo del 2003.
    La falta de ese apoyo afectivo, la reviró el presidente Bush con vallas, muros y el recrudecimiento de la vigilancia fronteriza con las consecuentes violaciones a los derechos humanos de aquellas personas que tratan de cruzar al otro lado.
    Pero entonces México consideró que con la ASPAN todo estaba zanjado.
A COLACIÓN
    Más o menos integración esa es la cuestión.  En el marco de la reunión ministerial de la ASPAN realizada en Los Cabos, Baja California Sur, el miércoles pasado el gobierno mexicano representado por Eduardo Sojo, titular de Economía, refirió a la necesidad de ir junto con Canadá y Estados Unidos a un esfuerzo de mayor integración.
    Lo cierto es que, aunque se sabe de muchas cosas dentro del tratado que no funcionan a cabalidad y que son culpables de distorsiones entre los productores y los mercados, no se conoce la posición completa del gobierno mexicano acerca de qué proponer para compartir en aras de un plus de integración. Hay un mutis muy a conveniencia.
    La vecindad geográfica con Estados Unidos está salpicada de tensiones históricas, discriminaciones y xenofobias tanto de uno como de otro lado.    Lo innegable es que, nunca como ahora, ambos países México y Estados Unidos permanecen tan interconectados no sólo en las esferas económica, financiera y de inversión, sino también en el ámbito académico, cultural y el movimiento humano migratorio.
Cada vez más mexicanos pueblan  Estados Unidos y  más estadounidenses elijen  México como nueva patria. Se ha construido, quiérase o no, nos guste o no, tantos vasos comunicantes que cada vez podemos encontrar más puntos de comunión que de divorcio.
    En este sentido, ¿cuál es la propuesta de Sojo para integrarse más con Estados Unidos y Canadá? Desconocemos hasta la fecha la idea central del presidente Felipe Calderón  para avanzar hacia otra etapa del TLCAN.
    La integración que requiere el país tiene que tocar otras áreas torales como el mercado laboral, migratorio, sueldos y salarios, ayuda al desarrollo,  seguridad común y la homologación de políticas monetarias y económicas. La creación de entes supranacionales con toda la credibilidad necesaria para estar por encima de cualquier interés de la Casa Blanca. Es menester formar órganos  de supervisión y de control.
    Desafortunadamente, la voluntad entre las partes depende de los gobernantes en cuestión y este mero hecho le proporciona una escasa importancia al tratado y a todo indicio de integración.
    Imaginemos que por ejemplo en la Unión Europea (UE) el respeto a la adhesión al bloque dependiera del gobernante en turno, entonces hace tiempo que  estaría machado. En Europa, gane la izquierda o la derecha más radical,  un país adherido a  la UE  se ciñe a las políticas de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo.
    Eso habla de credibilidad y el sacrificio de la integración vale entonces la pena porque sabes que es un acuerdo de partes, entre caballeros y se cumple.
    El problema emerge cuando parece que a México le están haciendo un favor con el TLCAN y Estados Unidos sube o baja de la mesa el tratado dependiendo del humor del presidente en turno. Eso mina la credibilidad y deja a México nuevamente solo en penumbras hablando de peldaños en el aire.
    Lo mismo siendo año electoral en Estados Unidos ciertos temas se tratan con sutileza, tanto Hillary Clinton como Barak Obama, precandidatos del Partido Demócrata a la Presidencia, han dedicado sendas críticas al TLCAN añadiendo como coletazo su disposición a renegociarlo sino es que, en definitiva, cancelarlo.
    ¿Cómo pensar siquiera ir a más con tal demostración de poder unilateral? ¿Cómo integrarse a la voluntad del otro con una mesa de reparto de poder inequitativa?  Eso lo tenemos que tomar muy en serio.

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