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Libros - February 19, 2008

Juan Hernández, un poeta comprometido con el renacimiento de la lengua náhuatl en regiones indígenas

El escritor está comprometido
con el rescate de los valores
culturales, artísticos y
lingüísticos de las culturas
náhuatl, tének,
tepehua y hñahñú
Foto: Cortesía
Ramona Miranda/CONACULTA

Ciudad de México.- 19 de Febrero del 2008.- (Héctor Campio/CONACULTA) Juan Hernández Ramírez, oriundo de Colatlán en el estado de Veracruz, es uno de los pocos poetas indígenas en lengua náhuatl del país. A sus 57años, a una semana de jubilarse tras dedicar parte de su vida a la docencia y al servicio público en el área educativa de su estado, tiene un nuevo proyecto para los siguientes años de su vida: promover el conocimiento de la lengua náhuatl a través de la poesía entre la población mestiza y los propios indígenas.

 

Ganador del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Indígenas en 2006 por el poemario Chikome xochitl (Siete flor), Hernández ha experimentado la pasión por la enseñanza y las letras desde su infancia. Según dice, su vida también ha estado regida por la conciencia de una identidad doble, mitad mestiza y mitad indígena.

 

Hacia la segunda mitad de los años sesenta, con ese entusiasmo que sólo concede la juventud, se desempeñó en la castellanización de indígenas en el estado de Hidalgo. Tenía entonces menos de 20 años y era profesor de primaria. Era el tiempo en que las lenguas autóctonas eran infravaloradas y carecían de interés para el grueso de la gente.

 

“Mis intereses cambiaron un poco más tarde, sobre todo cuando hice contacto con los primeros promotores de un movimiento literario que defendía las enseñanzas de la cultura indígena. Eran encabezados por el poeta Natalio Hernández y predicaban un amor auténtico por su origen, por su realidad.”

 

Hijo de padre indígena y madre mestiza, Juan Hernández aprendió a hablar náhuatl y español desde su infancia. Asegura que en su adolescencia hizo los primeros intentos por escribir algunas canciones en lengua indígena. Por supuesto se perdieron, pero preservó la inquietud hasta decidirse a escribir, en la edad adulta, sus primeros poemas.

 

“Nunca supe si era bueno. Pretendía publicar mi poesía en algún lado, darla a conocer. Llevaba mis libros a algunas editoriales, enviaba copias a los concursos. Me sentía mal porque no trascendía, no pasaba nada”, recuerda el escritor y traductor.

 

Irónicamente, no fue la lectura de Nezahualcóyotl, el Rey poeta, la que lo inspiró con sus versos, sino la del norteamericano Edgar Allan Poe. “Es muy curioso, me puse a leer El Cuervo y me di cuenta que para que mi escritura tuviera valor, tenía que estar organizada, debía escribirse con un sistema personal y no copiada de alguien más. Entonces pensé en mi identidad y en sus símbolos”.

 

Esa experiencia fue el origen del poemario Chikome xochitl (Siete flor), libro que escribió con la beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en el periodo 2003-2004 y que, dos años más tarde, le hizo acreedor al Premio Nezahualcóyotl 2006. Se trata de un libro inspirado en un número sagrado, pues señala los puntos cardinales del mundo indígena.

 

“Empecé a escribirlo como un ritual a la deidad del maíz, que es la máxima divinidad en la zona indígena de la Huasteca, pero se convirtió en una serie de poemas con motivo de siete flores mexicanas, en versificación libre”, explica el autor

 

El volumen fue publicado recientemente por la Dirección de Culturas Populares del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Inicia con un poema titulado Miauaxochitl, que es la espiga de maíz o flor de la vida, y concluye con otro dedicado a la flor de muerto o Cempoalxochitl. Entre ambos, figuran los textos para la flor de siembra, la flor de vainilla, la dalia, la nochebuena y la flor de toloache, todos escritos en náhuatl y traducidos al castellano.

 

Para propiciar el desarrollo y el renacimiento de la lengua náhuatl en las regiones indígenas, Juan Hernández ha comenzado a rescatar vocablos en desuso, así como la gramática clásica, que se ha deteriorado con el tiempo. Uno de sus proyectos consiste en incorporar a su la literatura las palabras de reciente creación en el habla popular náhuatl, para que éstas no se pierdan.

 

“La modernidad trajo muchas cosas y aparatos que antes no existían en el mundo indígena, pero a los cuales se les comenzaron a dar nombres. Un ejemplo de estas palabras nuevas es teposmekatl, que significa bejuco de metal, y se refiere al teléfono, o también teposcauayo, que quiere decir caballo de fierro, y sirve para nombrar a los automóviles. Pero hay algunos que no tienen nombre todavía, como la televisión, por ejemplo.

 

“Creo que es muy importante adaptar nuestra lengua al mundo y propiciar su conocimiento en los niños. Nosotros somos los responsables de darle seguimiento a nuestras costumbres, no podemos perder tiempo”.

 

Actualmente el escritor está comprometido con el rescate de los valores culturales, artísticos y lingüísticos no sólo de la cultura náhuatl, sino también de las culturas tének, tepehua y hñahñú.

 

Además de los libros Auatl Iuan Sitlalimej (Encinos y estrellas, 2001) y Eternidad de las hojas (2006), Juan Hernández fue cotraductor del español al náhuatl de la Constitución del estado de Veracruz y de otros documentos oficiales. Su poemario Chikome xochitl (Siete flor), está a la venta en la red de Librerías Educal del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y será presentado el jueves 21 a las 19:00 horas en la Sala de Usos Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna.

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