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Música - January 30, 2008

Francisco Araiza da cátedra de “Bel Canto” y Carlos Zapién muestra pasta de ídolo en Álamos, Sonora

La gala tuvo como objetivo
principal, la entrega de la
'Medalla Dr. Alfonso Ortiz
Tirado' al insigne tenor
mexicano Francisco Araiza
Foto: Cortesía
'Festival Alfonso Ortiz Tirado'

Álamos, Sonora.-  29 de Enero del 2008.- (Ángel Trejo/CONACULTA) La fría noche no impidió la asistencia de un numeroso público que se congregó en el palacio municipal de Álamos para escuchar una de las voces más esperadas en la XXIV edición del Festival Internacional Alfonso Ortiz Tirado (FAOT): el tenor Francisco Araiza.

 

Antes, la sola mención del nombre de Carlos Zapién levantó el ánimo de los concurrentes y el joven cumplió cabalmente con las expectativas de sus paisanos y amigos. Su actuación estuvo coronada con una merecida distinción: el premio como revelación Juvenil Sonora 2007. Originario de Ciudad Obregón, Zapién saltó al escenario acompañado del pianista Rogelio Riojas-Nolasco y juntos hicieron un recorrido por la Italia y sus canciones líricas escritas por Scarlatti, Giordani, Gluck y Bellini. La primera prueba del programa la ejecutó sin dificultad. Voz limpia y apegada al registro de cada composición.

 

Propios y extraños estallaron de júbilo y tributaron con aplausos a este joven que poco a poco fue apropiándose del escenario. La mancuerna Zapién-Riojas-Nolasco preparaba su incursión en el lied alemán. Tres piezas del ciclo Liederkreis, de Robert Schumman, bastaron para confirmar las enseñanzas que el maestro Francisco Araiza ha transmitido al joven tenor sonorense, que en esta parte del programa dio muestras de su brillo vocal.

 

Zapién cambió de página y de Schumman pasó al repertorio de  Tosti con voz tersa y afinada. Vinieron las canciones españolas y latinoamericanas de concierto. De Joaquín Turina y Fernando Obradors. Del argentino Carlos Guastavino interpretó La rosa y el sauce. Un repertorio en el que Zapién marcó pautas y señaló su estilo. Sonora voz.

 

Con la novena noche de gala realizada en el Palacio Municipal de Álamos, concluyó la edición 2008 (la XXIV) del Festival Alfonso Ortiz Tirado. Primero, la ceremonia oficial de clausura presidida por el gobernador del estado de Sonora, Eduardo Bours Castelo, que tuvo como centro la entrega de la Medalla Dr. Alfonso Ortiz Tirado al insigne tenor mexicano Francisco Araiza. Una vez concluido el protocolo, el festival se clausuró musicalmente con un recital del propio Araiza, quien acompañado del pianista Rogelio Riojas-Nolasco ofreció una auténtica cátedra de canto.

 

Para iniciar, ofreció un grupo de canciones de concierto y un aria operística de Wolfgang Amadeus  Mozart, con las que demostró por qué es uno de los máximos intérpretes de la música del compositor de Salzburgo. Con el estilo justo, la claridad necesaria y la intención adecuada, Araiza permitió al público percibir la engañosa facilidad de la música de Mozart, que en realidad es la música más difícil de interpretar.

 

El segundo tercio del recital de Francisco Araiza estuvo dedicado a otra vertiente (muy distinta, por cierto) de la música alemana: las Canciones de Wesendonck de Richard Wagner. Aquí, para marcar con toda claridad el contraste necesario, Araiza utilizó un canto más profundo, más meditativo, de una expresividad más romántica, apoyado en una cabal comprensión de las difíciles armonías propuestas por Wagner. En este ámbito, el gran tenor mexicano supo recordarle al público conocedor la cercanía que hay entre estas canciones y algunas de las propuestas contenidas en su monumental ópera Tristán e Isolda.

 

Para finalizar su recital, y como una brillante conclusión del festival, Francisco Araiza cantó un grupo de canciones de Francesco Paolo Tosti, que a la postre se convirtieron en uno de los momentos más interesantes por una razón singular: debido a que varios de los cantantes protagonistas de las anteriores noches de gala habían abordado a Tosti, incluso programando algunas de las mismas canciones, fue posible hacer un breve pero muy útil ejercicio de comparación, que permitió confirmar que si bien algunos tuvieron momentos interesantes en sus respectivas interpretaciones de la música de este compositor, la versión de Araiza destacó por el refinamiento general, por la delicada variedad de matices, por la amplitud del abanico de colores vocales, por la experta dosificación de la pasión y la expresión en cada canción.

 

Puede decirse que la actuación de Francisco Araiza en esta novena noche de gala no sólo dejó un excelente sabor de boca como fin de fiesta y de festival, sino que sin duda representó una sobria y muy necesaria lección de música, que evidentemente fue muy apreciada por el nutrido grupo de jóvenes cantantes que, por fortuna, tuvo la oportunidad de asistir a este recital de clausura. ¿Qué mejor aprendizaje que escuchar cantar a una de nuestras mejores voces?

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