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Cine - January 24, 2008

Joana Preiss alterna con Isabelle Huppert en un filme que le aporta fama y experiencia

Para Preiss, su trabajo ya tuvo
repercusiones importantes
en su vida profesional, pues sus
ofertas laborales aumentaron
Foto: Internet

Por Javier Pérez
Reportero Azteca 21

Ciudad de México. 24 de enero de 2008. Entre los estrenos de este mes en la Cineteca Nacional se encuentra programada la cinta Mi madre (Ma mère; Francia-Portugal-Austria-España, 2004), filme estrenado el año pasado y que ahora tiene una nueva oportunidad en el circuito cultural de la ciudad de México. En esta producción, el realizador Christophe Honoré (1974), según ha dicho, intenta seguir el radicalismo del novelista cuasi filósofo Georges Bataille al adaptar, nunca a pie juntillas, la obra homónima de dicho autor.

Pierre (Louis Garrel) es un joven cuyo amor por su madre Hélène (Isabelle Huppert) no tiene límites. Decide ir al encuentro de su progenitora, quien después de la muerte del esposo se ha mudado a la casa familiar en las Islas Canarias. Cuando llega ahí, se encuentra/enfrenta con la noticia de que su madre ha convertido su vivienda en un espacio para llenarse de alcohol, sexo y drogas.

Hélène decide que es tiempo de que Pierre aprenda de la vida, por lo que insta a sus jóvenes compañeras de correrías, Hansi (Emma de Caunes) y Réa (Joana Preiss), a guiarlo por los caminos del sexo desmedido.

Para Preiss, haber participado en este filme –que también fue parte de la programación del Festival de Cine Francés y la última Muestra Internacional de Cine de 2006– le permitió despegar su carrera. El propio Honoré la convocó para Dans Paris, Olivier Assayas para su participación en el filme colectivo París, te amo y su largo Boarding gate, y Pia Marais para la producción alemana Der unerzogenen.

Y es que en Mi madre, la joven actriz enfrentó la difícil tarea de encarnar a una mujer adicta al sexo y sin un rumbo fijo en su destino. “Fue mi experiencia profesional más importante hasta ese momento –explica Preiss en entrevista–. No sólo tuve que seguir la historia que se me pedía, sino que aprendí a abrirme como actriz a todas las posibilidades para lograr ese papel. Mi limitada visión que tenía hasta entonces cambió. Ahora sé que la imaginación es una herramienta importantísima en la vida de una actriz: te ayuda a tener otras perspectivas para no quedarte en una visión muy corta de la vida y tu entorno. El chiste es encontrar otras sensaciones. Además, tenía el reto que representa actuar al lado de una actriz tan importante como Isabelle Huppert (La ceremonia, La pianista). Creo que después de esta experiencia, tengo la certeza de que voy por el camino correcto. Todo el mundo ve a Huppert como un monumento, y actuar con ella puede aportar respeto”.

Sin embargo, explica que nunca buscó que la Huppert la ayudara en la construcción de su personaje. “No buscaba consejos, esperaba más bien respeto y atención por su parte. Creo que eso era más importante que consejos, pero puedo decir ahora que lo que hice, lo hice sola”.

Así es que esos momentos dramáticos que vive Réa se deben a la inmersión de Preiss, quien al hacer Mi madre trabajaba su sexto papel en cine, en el personaje. “Hice una investigación en cuanto a la vida de estas personas. Hablé con algunas prostitutas y con algunas chicas que habían atravesado por crisis de alcohol y drogas. También observé algunos documentales. Pero, sobre todo, conté con la guía de Christophe, quien, sin que yo me diera cuenta, pedía lo que buscaba. También me acerqué al libro de Bataille, aunque ciertamente me costó trabajo. Quería encontrarle una consistencia real a Réa, a pesar de que sabía perfectamente que la historia no lo era tanto”.

Y vaya que lo consiguió, pues si por algo logra sostenerse el filme de Honoré es por la entrega de sus intérpretes principales. “Aunque no se trata de un papel muy grande, creo que sí representó una gran oportunidad de mostrar mis cualidades. Hacer todas las escenas que tengo en la película requería de valentía y confianza, física y emocional, que sólo un buen director puede darte. Lo que nos dio Christophe fue una libertad que antes no había tenido. Además, tanto Emma como Isabelle y Louis siempre me hicieron sentir cómoda, aun en los momentos difíciles”.

Para Preiss, su trabajo ya tuvo repercusiones importantes en su vida profesional, pues sus ofertas laborales aumentaron. “Tengo la certeza de que hice un verdadero trabajo, un trabajo artesanal. Pasé por todas las etapas de construcción: la presencia física, su relación con ella, su relación sola, la relación con el universo del director y creo que tuve conciencia de todo esto. Creo que voy a poder utilizarlo para nuevas experiencias.

“No es fácil dar todos los matices de esta joven completamente perdida, pues tienes que ser convincente en la forma de caminar, de hablar y moverte. Tiene que ser natural toda la desinhibición con la que se mueven estas mujeres. La gente tiene que quedar convencida de que en verdad eres así. Creo que pude encontrar al personaje porque mi trabajo no se basó únicamente en mi experiencia y el guión”.

La encomienda no fue fácil, menos conociendo los objetivos de Honoré. Su intención era entregar, ha dicho, una especie de caricatura, una gran carcajada donde lo importante no era precisamente el realismo, sino una lógica naturalista o psicológica. Sólo una simple reflexión que sirviera de espejo. “Creo que la historia es sórdida y que el público podrá quedarse pensando durante mucho tiempo sobre lo que realmente significa el amor en todos los sentidos”, concluye Preiss.

Mi madre se exhibe hasta el 3 de febrero en la sala 1 de la Cineteca Nacional, en horarios de 16:30, 18:45 y 21:00 horas, excepto lunes.

Comentarios a esta nota: reporteroazteca21@azteca21.com

 

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