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Ciencia y Tecnología - January 2, 2008

Se cumplen este año tres décadas del hallazgo de la Coyolxauhqui, la diosa lunar mexica

La Coyolxauhqui, pieza de
incomparable valor histórico
y artístico, es mudo testigo
de los vestigios del principal
templo de la antigua Tenochtitlan
Foto: Cortesía tenochtitlan.com

Ciudad de México.- 2 de Enero del 2008.- Considerado el hallazgo más importante del siglo XX, el descubrimiento científico de la representación de la diosa lunar mexica Coyolxauhqui, cumple este año tres décadas de haberse concretado, luego de que personal de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro hiciera excavaciones y la deja al descubierto.

Cargada de mitos y simbolismos que dan cuenta de la grandeza de la cultura mexica o azteca, la Coyolxauhqui, pieza de incomparable valor histórico y artístico, es un mudo testigo de los vestigios del principal templo de la antigua Tenochtitlan.

Se trata de un monolito ovalado de 3.40 metros de largo por 2.90 de ancho, con un espesor de 40 centímetros y un peso estimado en ocho toneladas, que fue hallado de manera fortuita por trabajadores de la Compañía de Luz, cuando realizaban excavaciones en la calle de Guatemala, en el Centro Histórico de esta metrópoli.

Después de cincos siglos de permanecer oculta, el primer día de marzo de 1978 apareció nuevamente Coyolxauhqui a la luz de la luna, y como toda mujer “caprichosa” obligó al cierre de una calle (Guatemala).

También se expropiaron 40 mil metros cuadrados que dieron paso a la conformación del Proyecto Templo Mayor, a una declaratoria de Centro Histórico y a una historia de hallazgos sin fin.

Varias fechas rondan alrededor de su hallazgo, pero esta aventura debió iniciar “por lo menos” dos meses antes de que el ingeniero Orlando Gutiérrez tratara de informar a las autoridades del INAH sobre lo que se convertiría en el descubrimiento más importante del siglo pasado, ocurrido en el Valle de México.

Para su “afortunado” identificador, el arqueólogo Martín Arana, lo que pudo suceder hace 29 años, en torno a la aparición del monolito” es que realmente se reportó cuando no quedó otra alternativa.

Recordó que Gutiérrez, responsable de la cuadrilla que trabajaba en la zona, se presentó el 23 de febrero de 1978 y habló con él para decirle que hacía dos días que trataba de reportar la localización de una pieza de enormes dimensiones en el citado cruce.

Sin embargo -dijo Arana-, “durante ese tiempo tuve la oportunidad de platicar con otro ingeniero, quien pertenecía al Departamento del Distrito Federal, y lo primero que me dijo fue: “Estos están violando la ley! Y la excavación no debía ser tan grande!”.

La autorización para realizar un pozo de sondeo cerca del lugar del hallazgo, para ver la pertinencia de colocar un transformador, se dio con tres meses de anterioridad”.

“La excavación que pude ver casi a la medianoche del 23 de febrero, medía aproximadamente cuatro metros de diámetro, no un metro, y dejaba al descubierto casi la mitad de la pieza: el penacho, la espalda con el cráneo en la cintura, y parte de una de las extremidades.

Eso era lo que se apreciaba saliendo del fango”, recordó. De acuerdo con el maestro, es posible que los primeros indicios del descubrimiento de Coyolxauhqui se dieran desde diciembre de 1977, momento en el que personal de Luz y Fuerza del Centro topó con el inicio de la misma.

“Pensaron que era más pequeña y la trataron de definir. Hasta que ya no les quedó otra más que reportarla y ver qué hacían con la `papa caliente’ que se habían encontrado”, adujo.

“Era muy difícil que esos señores hicieran ese pozo en tres días, debieron hallarla por lo menos dos meses antes. Nosotros con todo el apoyo del Departamento del Distrito Federal, con maquinaria, trabajando día y noche para liberarla, tardamos hasta las 04:35 del 1 de marzo para tenerla completamente al descubierto”, recordó.

Fue en ese minuto cuando el arqueólogo Felipe Solís. dirigiéndose a su colega, Francisco Hinojosa, le gritó: “Quítate que la aplastas!”.

Pues sin querer se hallaba parado sobre uno de los pechos esculpidos en la piedra.

Desde ese momento, se supo que era la representación de la diosa lunar mexica: Coyolxauhqui, “la de los cascabeles en el rostro”, hija de Coatlicue, asesinada por su hermano Huitzilopchtli, el dios del Sol.

Se ha establecido que la Coyolxauhqui proviene de la etapa del gobierno de Axaycatil, quien ocupó el señorío mexica entre 1469 y 1480.

“El 1 de marzo de 1978 -señaló Arana- es la fecha del verdadero hallazgo de Coyolxauhqui, de su descubrimiento científico realizado por investigadores del INAH. No antes. Hasta esa hora de la madrugada trabajó un grupo de 18 personas, coordinadas por el arqueólogo Angel García Cook y por mí”, subrayó.

Aunque la zona arqueológica del Templo Mayor nunca dejará de dar sorpresas -cabe destacar el descubrimiento del monolito de Tlaltecuhtli-, para Arana simplemente: “No es lo mismo. Aquello fue una bomba”.

Se trataba en ese entonces, con Coyolxauhqui, de algo inédito, “una pieza que se había guardado para nosotros casi 200 años”. (Notimex)

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