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Música - November 26, 2007

He aspirado toda mi vida a ser la voz de la tribu, dice el legendario trovador Guillermo Velázquez

Guillermo Velázquez y 'Los Leones
de la Sierra de Xichú' tocarán
como cada año, durante el
XXV aniversario del festival
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

A la memoria de mi padre, Gregorio Martínez Martínez, que siempre llevó a Xichú en el corazón.

Ciudad de México. 26 de noviembre de 2007. Los días 29, 30 y 31 de diciembre de 2007 se llevará a cabo un acontecimiento muy especial en Xichú, Guanajuato: el 25 Festival de Huapango Arribeño y Cultura de la Sierra Gorda. Esta expresión musical se distingue porque, dentro de un grupo, el trovador o poeta es pieza fundamental de las “topadas”, duelo entre trovadores que van improvisando sobre la marcha sus composiciones acerca de sucesos locales o globales de carácter personal, social, histórico, político o cultural, las cuales, junto con el baile, suelen durar varias horas. Dadas estas condiciones, los trovadores adquieren una connotación especial, similar a la de los trovadores medievales, de quienes, naturalmente, son herederos. Esta tradición aún se mantiene viva en algunos lugares de los estados de San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato.

Guillermo Velázquez y Los Leones de la Sierra de Xichú tocarán, como cada año, además de otros trovadores y grupos nacionales e internacionales, durante el 25 aniversario del festival, pues su Comité Organizador quiere festejar en grande sus primeros cinco lustros. En entrevista efectuada en Querétaro, al término de un baile para recaudar fondos para esa fiesta, el legendario trovador chilango-guanajuatense nos habla del festival y de su papel dentro de la tradición musical serrana.

Don Guillermo, hábleme de la fiesta de este próximo fin de año.

En Xichú, desde hace 25 años, se hace la que es la fiesta reina de esta tradición los días 29, 30 y 31 de diciembre, pero el gran día es el 31, para amanecer el día primero de enero. Este año, por cumplir 25 años, estamos trabajando para que puedan hacer presencia ahí algunos trovadores muy importantes en lo que es el mundo del canto improvisado. Entonces estamos haciendo todo lo posible porque venga un trovador de Uruguay que se llama José Curbelo, Alexis Díaz Pimienta, de Cuba, un trovador de las Islas Canarias, uno de Chile… Bueno, con todo eso, queremos hacer sentir que esta tradición tiene ecos fraternos en todo el planeta, son tres días, pero digamos que los dos principales son el 30 y el 31, pues en este último se realiza la gran topada de poetas, que dura toda la noche. La fiesta se termina como a las diez u once de la mañana del día primero. Si pueden, lléguenle, vale la pena, es una fiesta multitudinaria, centrada en la poesía, en la música y en el baile. Además, hemos luchado 25 años para que no se contamine, por ejemplo, de los intereses comerciales, de ese tipo de intereses que siempre medran mucho con esas fiestas, pero ésta se ha mantenido con un carácter muy serrano, muy sano. Yo creo que si van, van a sentir emociones muy profundas.

En retrospectiva, ¿qué representan para usted estos 25 años?

Un gran trabajo de mucha gente, la suma de voluntades, la suma de esfuerzos para, primero, sostener la fiesta y, después, para preservar hasta ahorita el carácter que tiene. En retrospectiva, estamos hablando, en lo personal, del origen de mi vocación por el huapango, por el canto. Tengo casi 30 años tocando y cantando, y te puedo decir que se me ha hecho un parpadeo, se me ha hecho un ratito, no alcanza la vida para todo lo que uno quisiera hacer… Pero en estos 25 años, en retrospectiva, lo que veo es el esfuerzo colectivo, comunitario, que es, digamos, lo que corresponde naturalmente a una tradición como esta, que es patrimonio de la colectividad.

Usted cierra los ojos cuando canta, cuando improvisa sus versos, ¿qué hay en el ínter de ese parpadeo y qué rescata del esfuerzo colectivo?

Fíjate que nunca, en 25 años, ha sido una prioridad para nosotros hacer que Xichú se note, lo peor que podría pasarnos es que la fiesta se convierta en un atractivo turístico. Nel, eso está fuera de nuestros intereses y haremos todo lo posible porque no se encauce hacia allá esa energía festiva. Pienso que en los lapsos, en los momentos, en los periodos de oscuridad de que hablas, lo que nos corresponde a los músicos y a los poetas es dar luz, hasta donde nos sea posible, con la sensibilidad y con la palabra. Eso es lo que tratamos de hacer, de hacer sentir, que el ejercicio de la palabra en esta tradición no es cualquier cosa.

Quiero tomarlo como metáfora y al mismo tiempo como sinónimo: palabra-luz, ¿de dónde saca esas palabras, esa luz, para iluminar a la gente que lo escucha?

Sí, creo que el generador es la gente, es el pueblo, al que pertenece esta tradición y al que pertenecemos nosotros como artistas. Lo que sucedió aquí fue eso, la presencia de un poderoso generador que nos alimentó y nosotros devolvemos lo que nos da.

¿Por qué poner ese dique para que Xichú no salga de su contexto?

Por la experiencia que tenemos, pues cuando prevalecen ese tipo de intereses las cosas se almidonan, se hacen artificiales, pierden autenticidad. Lo genuino que puede tener una fiesta se pierde, por eso para nada nos interesa.

¿Se puede evitar, están impermeabilizados?

Por 25 años lo hemos logrado, y algo que ha ayudado es no pedir, por ejemplo, patrocinios de cerveceras ni de refresqueras ni de nadie, de nadie que pueda cambiarle el rostro a la fiesta. Por eso hay un enorme trabajo de por medio, mucho trabajo voluntario de mucha gente.

En este mismo sentido, ¿no le interesaría obtener el Premio Nacional de Artes?

No está en el horizonte de mis expectativas. Yo digo que cualquier reconocimiento que pueda llegar no es para, en este caso, un individuo, ni siquiera para un grupo, tendría que ser para la tradición y para la gente que la ha sustentado todos estos años.

¿Qué piensa de Jean-Paul Sartre, que rechazó el Nobel, y de Borges, que fue un eterno perdedor en este premio? Usted me parece un coloso de esta tradición, si se le otorgara, ¿no sería un reconocimiento a la tradición que representa?

Un premio como ese, sin entrar en demasiada polémica, por ejemplo, fortalecería muchas cosas que la gente del comité de la fiesta está haciendo, y mucha más gente. A Sartre o a Borges los veo como genios creadores individuales, aunque un genio creador siempre tendrá que ver con la colectividad. La palabra que verdaderamente tiene significado debe ser la voz de la tribu, pero en este caso, digo yo, la impronta de la tradición es pertenecer a una colectividad. Esta gente de origen serrano es la que sigue dándole razón de ser a todo lo que nosotros hacemos. Nos vamos a morir, pero estamos seguros de que otros le darán continuidad a la tradición.

¿Cómo fomentar o propiciar que haya más gente que retome la tradición con la pasión y el arte de usted?

No lo sé, pienso que, a lo mejor, el día que la tribu valore todavía más lo que significan sus poetas, el día que la tribu los valore y les exija más, también ese día a lo mejor hay un crecimiento, porque puede ser que el trovador y el poeta tengan un nivel de exigencia, pero si la sociedad a la que pertenece, la tribu a la que pertenece, aumenta sus expectativas, creo que el nivel de compromiso será mayor, por mencionar algo, ¿no?

Y a usted, ¿quién le exige o ya tiene un alto sentido de autocrítica?

Yo pienso que sí, que he desarrollado un alto nivel de exigencia en los ámbitos en los que me considero capaz de hacer, de asumir ese compromiso. Por ejemplo, me interesa permanentemente que cuando menos una parte de lo que trovamos se conecte con el acontecer tangible, el que estamos respirando. Por eso aproveché un taconcito huasteco para hablar del narco, invitando a que hablemos del narco sin hacernos tontos, tratando de buscarle los recovecos y los entreveros a ese tema que tanto nos está lastimando.

La lotería mexicana dedicada a Fox y a Martita le funcionó muy bien, ¿ha pensado en algo para Felipe Calderón, ligando su trova con el entorno?

Aquello de la lotería fue un hallazgo feliz que nos sirvió casi dos años. Me resultaría reiterativo hacer algo igual con Felipe Calderón. Ojalá que se nos ocurra otra cosa para más o menos seguir abundando sobre el tema del poder.

¿Se sentiría satisfecho si nunca recibiera el Premio Nacional de Artes, se conformaría con el reconocimiento de la gente?

Absolutamente, este último es el premio mayor.

Pero ya lo consiguió…

Ojalá que sí.

Considero que ya lo consiguió, pues la gente viene, lo felicita, lo abraza y compra sus discos, además de sus giras por el país y el extranjero, es decir, usted es una verdadera voz de la tribu.

Ojalá que así sea, a eso he aspirado toda mi vida, y si estoy en los linderos de lograr algo que se acerque a eso, ésa es la mayor satisfacción que puede haber, absolutamente. Si lo que trovamos, si lo que tocamos llega al corazón y hace que se agiten los pies, que se alerte la conciencia, que el alma vibre, eso es a lo máximo que podemos aspirar. Si llegan otras cosas, pues qué chido, es como lo que mencionas de los viajes, del reconocimiento internacional, yo siempre he pensado, desde que empezamos a salir de la región, que eso es complementario, no es imprescindible. No es imprescindible.

Entonces, ¿no se le han subido los humos a la cabeza?

Yo siento que no, porque a veces con eso de los viajes y todo eso, lo que se crea es un falso glamour, y eso no sirve para nada. Yo le apuesto al trabajo constante, constante, constante… Mientras no se agote la capacidad creadora, yo estoy feliz, eso es lo único que me importa.

Cuando sale al extranjero, ¿valora más lo nuestro?

Absolutamente.

¿Sigue teniendo bien plantados los pies en la tierra?

Totalmente.

¿Qué piensa de lo nuestro cuando está fuera, tomando en cuenta los elementos de comparación que le brindan los viajes?

¡Qué grande es la tradición que nosotros tenemos! Hemos tenido la oportunidad de estar en muchos encuentros internacionales, con trovadores de muchos países, y esta tradición del huapango serrano, de la poesía decimal, tiene una riqueza de suyo, histórica, artística, sensible, que debería llenarnos de satisfacción, porque la hemos comparado, la hemos sumado a otras que hay en todo el planeta y la nuestra tiene algo muy propio, algo que no tienen las otras, pero sumado lo nuestro a lo de los demás sucede el fulgor.

¿Qué es lo propio de nuestra tradición?

En este caso, siento yo que es el peso específico que tiene en este género de son la palabra, la poesía, el trovador… Ni siquiera en el son veracruzano, tan famoso, tiene este peso específico ni hay en los conjuntos jarochos, hasta ahorita cuando menos, alguien que, como en estos grupos, asuma el rol de ser oficiante de la palabra, y eso es mucho.

¿Qué nutre a un oficiante de la palabra?

Todo, todo… Yo creo que la vida, en todo el sentido de la palabra. La vida en eterna tensión con la muerte, el dolor, las fantasías, los anhelos, las pasiones… todo.

Después de su larga trayectoria, sus discos, sus viajes, ¿alberga algún sueño o proyecto no realizado?

Siempre habrá, mientras esté uno en ebullición, siempre habrá algo que está pendiente y que hay que hacer, que es emocionante emprender. Yo, por ejemplo, ahorita tengo entre manos la producción de un disco de canciones mías, cantadas por varios amigos, y eso me emociona. Lo pienso sacar este año. [A la fecha, el disco a que se refiere aún no sale al mercado.]

Gracias, don Guillermo.

Al contrario, gracias a ti.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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