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Por la Espiral - November 20, 2007

Díaz y la Revolución

La autora de esta columna
aparece junto a la tumba del
General Porfirio Díaz que está
sepultado en el cementerio de
Montparnasse en la 'Ciudad Luz'
Foto: Cortesía Claudia Luna Palencia

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Díaz y la Revolución
-El parto histórico
-Sepulcro en Montparnasse

A unos cuantos años de cumplirse el primer centenario del inicio de la gesta conocida como Revolución Mexicana continúan arrastrándose grandes rezagos en detrimento de la población indígena, la más desprotegida del país, a la vera de que la historia le haga justicia.
    Casi cien años han pasado desde que inició la lucha armada  con el Plan de San Luis Potosí basado en principios políticos que defendían la no reelección.
    Fue evidente el agotamiento político de un régimen con marcados claroscuros tras treinta años en el poder del general Porfirio Díaz quien gobernó con la filosofía del orden, la paz y el progreso, aunque no sirvieron para reducir la creciente miseria, falta de oportunidades de vida y el de la injusta distribución de la riqueza en campesinos e indígenas los principales afectados por  el paso del latifundio por encima de la propiedad comunal.
En 1910, de acuerdo con el Almanaque Mexicano y el INEGI, la población indígena representaba al 37% de la población. Según el Censo del 2000, el 12% es población indígena en el país.
Son ellos precisamente los deudos del Porfiriato y de la Revolución Mexicana porque ni “la tierra y libertad” les ha servido para traspasar su brecha histórica y generacional.
Hace casi cien años vivían en las zonas rurales, luego el  hambre los  sacó para llevarlos a las ciudades y áreas urbanas donde prevalecen tratados como ciudadanos de segunda o de tercera.
Precisamente es a ellos  a los que se les debe justicia y tan culpable es el régimen al que se le acusa de tirano como a los sucesivos gobiernos post revolucionarios y al del México moderno.
A COLACIÓN
Muchos pendientes siguen vivos como si fuera ayer. El debate incluso del sector energético nos remonta al pasado.
El historiado Paul Garner, en el  libro “Porfirio Díaz: de héroe a dictador”, intenta ubicar a la figura del generalísimo más que como un opresor como un estadista que buscó primero, mediante la política, la cohesión del país dada la amplia extensión territorial; unirlo con infraestructura ferroviaria, así como pacificarlo y terminar con los grupos bandoleros que asalto de mata desestabilizaron las haciendas y los caminos. Mantener la cohesión política implicó la mano dura.
En tanto que, en el terreno económico, se buscó la modernización del país, catapultar la minería, los pozos petroleros y la producción agrícola.
En cuestión energética, los  primeros pozos petroleros descubiertos en los albores del nuevo siglo  hicieron que Díaz temiera que el capital estadounidense pudiera predominar hegemónicamente en el llamado “oro negro”, por lo que, fue él mismo, quien promovió la entrada de inversionistas británicos al sector energético impidiendo con ello que los estadounidenses formaran un monopolio.
El descubrimiento de los primeros depósitos en México sucedieron en El Ébano, San Luis Potosí, en 1904, realizado por la Huasteca Petroleum Company propiedad de Edward Doheny.
Garner escribe en la página 183 que” el dominio de las compañías petroleras estadounidenses sobre la naciente industria nacional produjo el temor de que la explotación petrolera cayese en el control monopólico de los intereses de Estados Unidos”.
Entonces, el presidente Díaz solicitó personalmente que Doheny no vendiera sus propiedades a la Standard Oil sin dar primero la oportunidad de comprarlo al gobierno mexicano.
“Al mismo tiempo, el régimen otorgó concesiones para la explotación del petróleo al empresario británico Sir Weetman Pearson, que no tenía ninguna experiencia en la industria”.
Esta maniobra del presidente Díaz fue para evitar precisamente la hegemonía de Estados Unidos en el sector petrolero. Fue así como Pearson construyó en 1906 una refinería de petróleo en Minatitlán, Veracruz. Después vendrían hallazgos importantes: los depósitos de petróleo en Dos Bocas y Tuxpan.
SERPIENTES Y ESCALERAS
La presencia de Díaz en el ámbito internacional tuvo el parangón de estadista. Fue un hombre respetado porque había logrado atraer capital externo a un país “salvaje” al que había costado centralizar, federar y aglutinar de Norte a Sur.
A principios del nuevo siglo México figuraba como una economía abierta, desregulada, competitiva, que exportaba hacia Estados Unidos y Europa y que requería de capital para construir puertos, carreteras, extender la línea del ferrocarril y levantar construcciones artísticas y culturales que embellecieran la capital.
En lo político, el historiador  Garner justifica los intentos de Díaz por reelegirse en el poder como un asunto de temor interno que guardaba el general al considerar que el país no estaba lo suficientemente pacificado como para “soltarlo” a la alternancia del poder y que, por ende, temía que sin su presencia todo se desmoronaría.
A Díaz, hay que decirlo, le pasó lo mismo que a tantos otros gobernantes embelesados con  el poder, convertidos en dictadores por no saberse ir a tiempo. Hay que tener mucha suerte para que el tiempo y la historia perdonen.
    Ya veremos como trata México al general en el primer centenario, si sigue sentado en el banquillo de los detractores o es reconocido  en él una justa dimensión con esos marcados contrastes en un periodo en la historia en la que también existieron atisbos de grandeza.
    Como sabemos en 1911 Díaz salió del Puerto de Veracruz en el vapor Ipiranga  en un autoexilio forzado hacia  Europa.
    En su retiro vivió en París. A la edad de 84 años falleció en territorio europeo siendo enterrado en el cementerio de Montparnasse.
    Sé que la figura de Díaz provoca posiciones encontradas y que la cercanía al primer centenario del inicio de la lucha revolucionaria forzosamente pondrá en la mesa del debate al papel del general oaxaqueño.
    En lo personal yo creo que los restos de Don Porfirio deben descansar en México. Para quienes lo hemos visitado en Montparnasse podemos atestiguar un pedazo de una historia que no termina todavía en una figura a la que debemos poner en una balanza, con tintes buenos y malos pero, a la que considero ha sido satanizada para dar leña política a determinados grupos de conveniencia.
    Simplemente debemos contextualizar su presencia política en un escenario geopolítico y económico muy distinto al actual, donde México no podía terminar de dar su parto histórico ni romper con las guerras intestinas.
    En Montparnasse, el sepulcro de Díaz además de estar arropado por figuras de la Virgen de Guadalupe, tiene muchas cartas y notas de respeto y admiración escritas por mexicanos que lo consideran en su justa dimensión.
    Y es que si Díaz es odiado por  la represión a los indígenas, entonces  va siendo hora de que a muchos ex presidentes de la etapa actual los metamos en un avión y les pidamos que no regresen jamás.

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