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Arte y Cultura - November 17, 2007

“La música y las letras son para mi las artes supremas de la creación humana: Ernesto de la Peña

Wagner en la música, y Dante
en las letras, son mi pasión
y manía su forma
Foto: Internet

Ciudad de México.- 17 de Noviembre del 2007.-  (Alfredo Camacho/CONACULTA) Con 80 años a cuestas y una sabiduría envidiable, el maestro Ernesto de la Peña desmadejó su vida: “La música junto con las letras son para mí las artes supremas de la creación humana; Wagner en la música, y Dante en las letras, son mi pasión y manía. Desde los seis años me dediqué a las letras, y cuando uno hace lo que le gusta es el hombre más feliz de la Tierra”.

 

El políglota, que en 1993 recibió el Premio Xavier Villaurrutia, destacó que “tampoco me he pasado todo el tiempo en los libros, pero sí son una constante en mi vida. No obstante, me he dado mis tiempos para disfrutar de la vida y compartir con los amigos la bohemia. Creo mucho en la amistad, en las duras y en las maduras. Ahí donde me ven también he sido pachanguero”.

 

Con voz clara y tersa abordó el tema del Homenaje Nacional que le rendirá el Consejo Nacional para la Cultura y la Artes el próximo 21 de noviembre en el Palacio de Bellas Artes: “Estoy muy sorprendido, emocionado, y también puedo decir que el que se haya organizado se debe a dos factores: a la generosidad y bondad de Sergio Vela, presidente del CNCA, y a la tenaz actividad de mi esposa, que en buena medida es la artífice del homenaje”.

 

Al evocar a Borges con la célebre frase “es de bien nacido ser agradecido”, el director del Centro de Estudios de Ciencias y Humanidades de la Fundación Telmex, externó también su agradecimiento “a Teresa Franco, directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes y a los medios de comunicación por su interés en mi persona”.

 

Vestido con pantalón y sacó en tono café, camisa beige y un chaleco color vino, el hombre de barba cana, mirada tierna y andar apacible, que luce orgulloso en el anular de la mano izquierda su argolla de matrimonio, nos conduce a un anexo de su despacho repleto de libros y tomos antiguos y contemporáneos, pero antes atravesamos una megabiblioteca ordenada en secciones de literatura francesa, china, griega, rusa, alemana y en las otras lenguas como latín, hebreo, arameo, sánscrito.

 

Se arrellanó en un cómodo sillón y de cara a reporteros y fotógrafos abrió la charla con un “estoy a sus órdenes”. Y ante las interrogantes comenzó a fluir su vasta sabiduría, su sentido del humor que los clásicos reconocen como sinónimo de inteligencia.

 

“¿Que cómo llego a los 80 años? Con un peso abrumador de la edad, pero satisfecho por todo lo hecho y lo que me ha dado la vida. Sin falsa modestia y petulancia alguna, muy lúcido para seguir trabajando por la cultura de México. Tengo mucho interés de que los jóvenes puedan aprender algo de lo que digo aquí, allá y acullá. Soy un chismoso de la cultura y por eso me encanta saber un poco de todo”.

 

Ernesto de la Peña aclaró que tuvo la fortuna de crecer en un ambiente de cultura al lado de su padre, Juan de la Peña Miranda, tres hermanos, su primo Eleazar Canales (a quien reconoce como su mentor) y su tío Francisco Canales, dueño de una biblioteca especializada en literatura griega, donde a los seis años de edad comenzó su pasión por los libros y la lectura.

 

“Mi primo fue el que me inculcó el gusto por la música de concierto desde los siete años, a todas horas nos ponía a escuchar a los clásicos. Pero también fue quien cuando le confesé mi intención de querer ser escritor, me dijo: ‘te vas a morir de hambre si te dedicas a las letras’, a lo que respondí, pues me moriré contento. Nunca me he arrepentido de haber abrazado esa vocación por las letras”.

 

En ese sentido, agregó: “Nunca he dejado de leer y muchos creen que es aburrido, pero están totalmente equivocados, es lo más divertido y me llena de inquietudes; una lectura me lleva a otra en una cadena infinita. Lamentaría mucho que las nuevas tecnologías sustituyan al libro, pero en lo personal no cambio por nada el peso del libro, el olor a papel y tinta”.

 

Al respecto, abundó que la Internet “es inagotable y es la megabiblioteca de la actualidad; con ella se me cargó más la chamba, es una herramienta muy útil para agilizar el trabajo de investigación, pero yo me quedo con el libro físicamente y no lo cambio por nada, porque me llena de emociones e inquietudes”.

 

Rodeado de obras de arte que decoran las paredes de su despacho y la sala de juntas donde se desarrolla la entrevista, Ernesto de la Peña admitió que cada determinado tiempo regresa a las lecturas de Shakespeare (a quien desea redescubir más), Dante, Homero, Virgilio, Cervantes, Tolstoi, “porque tener acceso a esas literaturas es maravilloso; hay grandes cosas que no se revelan a la primera lectura”.

Manifestó su enorme conocimiento de las Sagradas Escrituras y lo resumió en una bella frase: “Soy amigo de la Biblia, nací católico, pero actualmente soy agnóstico. Mi interés en la Biblia es bibliográfico, filológico y me apasionan los pasajes de José en el Génesis. Además, tengo la enorme fortuna de leerla en sus lenguas originales hebreo, arameo y griego”.

 

Ernesto de la Peña concluyó la charla así: “Aunque el inglés es la lengua más rica del mundo, mi debilidad fundamental es el español. Conocer bien el español es una tarea hermosa. Es una lengua expresiva y muy rica. De las palabras que atesoro del español y que también son otra de mis debilidades están las esdrújulas”.

 

Valga mencionar que la edición de su obra completa está a cargo de la Dirección  General de Publicaciones del CNCA, constará de tres tomos compilatorios más una edición especial de su poemario Palabras para el desencuentro (2005). La Obra reunida de Ernesto de la Peña será presentada el mismo 21 de noviembre, en  el Palacio de Bellas Artes, en el marco del Homenaje Nacional que contará con la participación de la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta de José Areán.

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