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Ciencia y Tecnología - November 14, 2007

Buzos y arqueólogos subacuáticos, investigan la Laguna de la Luna en el cráter del Nevado de Toluca

El resultado de estas investigaciones
arrojó piezas de copal, hojas de
maguey y piezas de madera
serpentiformes, conocidos
como 'Cetros Tláloc'
Foto: Cortesía
Héctor Montaño/CONACULTA

Ciudad de México.- 14 de Noviembre del 2007.- En el marco del Seminario Informativo de Arqueología Subacuática que se imparte en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), se presentó la conferencia Proyecto de Arqueología Subacuática en el Nevado de Toluca, a cargo del investigador y codirector del proyecto, Roberto Junco.

 

El mencionado es un proyecto multidisciplinario, aspecto en el que la Subdirección de Arqueología Subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha puesto mayor énfasis ya que es de su interés reunir disciplinas como la arqueología subacuática, arqueología de alta montaña, antropología, etnología, restauración entre otras, en un mismo objeto de estudio, mencionó el investigador.

 

Como dato histórico cabe mencionar que además de Nevado de Toluca, como se le conoce actualmente, este volcán ha recibido distintos nombres como Xinantecatl, que significa señor desnudo y Chiconahuapan, en las nueve aguas, entre otros. Dentro de sus características especiales, resaltan los asentamientos humanos que han existido desde siglos a su alrededor entre los que destacan los otomies y nahuas, mismos que comparte en todas sus caras.

 

La apariencia que posee en la actualidad tomó forma aproximadamente hace 25 mil años y desde hace casi 12 mil presenta una fuerte explosión, misma que forma el llamado cerro el Ombligo, montaña de 100 metros que sirvió como tapón para el volcán.

 

El principal manto acuífero que sirvió como objeto de estudio por parte de investigadores del INAH y buzos estadounidenses, fue la Laguna de la Luna que está a 4 mil 216 metros sobre el nivel del mar, altura que la convierte en una de las más altas de Norteamérica con un área de 31 mil metros cuadrados. La temperatura del agua oscila entre los 5.5 y 11 grados centígrados dependiendo de la época del año.

 

Por su parte, la Laguna del Sol se encuentra a una menor altura, 4 mil 200 metros sobre el nivel del mar, con un área de 237 mil metros cuadrados. Ambas son lagunas estáticas, lo cual quiere decir que suben y bajan su nivel dependiendo de las precipitaciones pluviales. Otra de las características de estas lagunas es que sus aguas son ácidas, lo cual no permite que haya organismos vivos en ellas. Al no haber vida, hay menos riesgo de que los mismos ataquen el material arqueológico existente en sus profundidades.

 

Durante los años 50, a un personaje político local se le ocurrió la idea de introducir truchas en la laguna del Sol, con lo que también se agregaron diversos microorganismos que venían en el agua donde las transportaban. Todo ello alteró el equilibrio y cambió completamente el ambiente de la laguna, que pasó de cristalina a verde. Este hecho ha provocado que las investigaciones sean mucho más difíciles por cuestiones de visibilidad.

 

Sahagún comenta en sus crónicas que hacia el año de 1570, uno de los principales curas del Valle de Toluca subió a la cima y encontró copal y papel, además de que menciona hallazgos relacionados con restos de niños a los que se les vincula con sacrificios.

 

Las exploraciones que se llevaron a cabo en los años cincuenta a cargo de buzos aficionados, permitieron el hallazgo de relicarios y maquinarias finas de relojes europeos. Se cree que durante la guerra civil española, en los años treinta, cuando los republicanos perdían Madrid, tomaron todas las cajas de seguridad del Monte de Piedad de esa ciudad y misteriosamente llegaron a México. Por lo tanto, para pagar el exilio se hizo con barras de oro que se extraían de las maquinarias de los relojes que se encontraban en las profundidades de las lagunas.

 

Ya para los estudios realizados este año, los primeros hallazgos que se lograron fueron rituales contemporáneos, es decir, mucha gente aún sube para hacer amarres y brujería, según palabras de Roberto Junco.

 

Con riesgos que presenta el buceo de altura y más en aguas frías como la hipotermia, los investigadores del INAH no cesaron en sus esfuerzos por descubrir lo que les deparaban las profundidades de la laguna, a pesar también de las inclemencias climatológicas a las que se enfrentaron.

 

La delimitación de la parte a investigar del manto partió de criterios relacionados con el encuentro de rastros de actividad en la superficie, lugar donde implementaron los primeros estudios. Después de 28 días de investigación y 52 horas de inmersión se logró prospectar sólo el cinco por ciento del total. El resultado de estas investigaciones arrojó piezas de copal, hojas de maguey, una pieza de petatillo que está en estudio para definir si  es prehispánica o pertenece a una bolsa del siglo XX y piezas de madera serpentiformes, conocidos como cetros Tláloc.

 

Actualmente en la Coordinación Nacional de Conservación del INAH están en estudio 79 piezas de copal, 114 piezas de turquesa, 58 espinas de maguey, obsidiana verde, cerámica del Posclásico Tardío (1200/1300-1521 d. C.), nueve piezas serpentiformes, cañas y bejucos, así como evidencia arqueológica de dimensiones muy pequeñas que son de la misma importancia que las grandes ya que pueden contener información valiosa que permita nuevos estudios e interpretaciones.

 

Gracias a recursos de particulares interesados en rescatar el legado histórico que puedan aportar datos para una mejor interpretación del pasado, concluyeron los estudios realizados en la laguna de la Luna, ubicada en el cráter del Nevado de Toluca, dando paso al análisis de las piezas. Uno de los coordinadores del proyecto, el investigador Roberto Junco, mencionó que se siguen haciendo esfuerzos por obtener más apoyos que permitan continuar los trabajos en el mencionado lugar.

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