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Por la Espiral - November 6, 2007

La globalización, sin políticas de empleo

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-La globalización, sin políticas de empleo
-Paradigma no logra respuestas satisfactorias
-Los empleos temporales como tónica

Entre las amenazas globales cernidas en la  población mundial, las que reportan los organismos de inteligencia y aquellos otros dedicados al desarrollo sostenible, además de los factores climáticos, la falta de agua potable, enfermedades, la guerra por el petróleo y la acción del terrorismo de células; figuran también las relacionadas con el incremento de la pobreza ligada a la baja salarial y a políticas públicas incapacitadas para crear condiciones de empleo para una población creciente.
El desempleo es la peor de las amenazas no relacionadas a fenómenos naturales, más bien una consecuencia directa del paradigma del capitalismo en sus diferentes versiones, hoy en día la del neoliberalismo y la globalización.
La actual faceta del capitalismo que entrega el dominio total a las multinacionales y transnacionales haciéndolas más poderosas y millonarias que muchas de las arcas de varios países del mundo está sepultando las conquistas sociales y todos los derechos laborales que nuestros antecesores defendieron desde el siglo XVIII y XIX.
El desempleo es una pandemia real que contagia por igual a México, que a Estados Unidos, como a los países de la Unión Europea, sin dejar exentos a los africanos y a los países asiáticos. Las dificultades para dar respuesta económica a una demanda social, vital, como la del empleo divide las fronteras de posibilidades en un momento en el que, bajo el solaz de las políticas públicas, no cabemos todos.
Si bien el mundo no atraviesa por las condiciones de la Gran Depresión de la década de 1930 con tasas de desempleo del 25% en Estados Unidos o superiores al 30% en Alemania, en los albores del siglo XXI podemos encontrar cifras sobrecogedoras: según datos del Fact Book de la CIA 2007 entre los países más asolados por el desempleo encontramos a  Zimbawe con tasas del 80%; Turkmenistán 60%; Zambia del 50%; Djibouti 50%; Lesotho 45%; Bosnia y Herzegovina del 45%; Afganistán 40%;  Serbia 31.6%;  Irak 25%; República Dominica del 23%, Líbano 20%; Colombia 11.4%; y países de la Unión Europea en promedio 8.5 por ciento.
Para el caso de México, el INEGI reportó que en el segundo trimestre del año, la población desocupada en el país fue de 1.5 millones de personas y la tasa de desocupación equivalente (TD) se ubicó en 3.4%; este porcentaje de la PEA es superior al de 3.2% alcanzado en igual trimestre del 2006.
Al estar condicionada a la búsqueda de empleo, la tasa de desocupación es más alta en las localidades grandes, en donde está más organizado el mercado de trabajo; es así que en las zonas más urbanizadas con 100 mil y más habitantes la tasa llegó a 4.2%, mientras que en las que tienen de 15 mil a menos de 100 mil habitantes fue de 2.9%, en las de 2 500 a menos de 15 mil se ubicó también en 2.9%, y en las rurales de menos de 2 500 habitantes se estableció en 1.7 por ciento.
Las entidades federativas con las mayores tasas de participación en la actividad económica (cociente entre la PEA y la población de 14 o más años de edad) son: Quintana Roo con 68.9%, Yucatán 63.1%, Nuevo León 62.6%, Jalisco 62.2%, Baja California Sur 61.7%, Colima 61.3%, Tamaulipas 60.9%, Puebla 60.8%, Distrito Federal y Nayarit 60.7% en cada una y Morelos 60.1 por ciento. Mientras que las que mostraron las menores proporciones fueron: Durango con una tasa de 53.6%, Hidalgo 54.5%, Tabasco 54.8%, Sonora 55.6% y Chiapas con 55.7 por ciento.
De acuerdo con el tamaño de  su población, el Estado de México y el Distrito Federal constituyen los mercados de trabajo más grandes del país, con 5.7 y 3.9 millones de personas ocupadas, en ese orden, y representan en conjunto el 22.4% del total nacional; les siguen Jalisco con 3 millones, Veracruz de Ignacio de la Llave con 2.9 millones y Puebla con 2.3 millones. En el otro extremo y obedeciendo a su estructura poblacional, se encuentran las entidades con los menores tamaños del mercado laboral: Baja California Sur con 235 mil personas, Colima 256 mil, Campeche 326 mil, Nayarit 407 mil, Tlaxcala 422 mil y Aguascalientes 425 mil ocupados.
Por otra parte, las entidades que durante el segundo trimestre del 2007 registraron las tasas de desocupación más altas fueron: el Distrito Federal con 5.9% de la PEA, Coahuila de Zaragoza, el Estado de México y Tlaxcala 4.9% en lo individual, Nuevo León 4.5%, Zacatecas 4.2%, Tamaulipas 4.1%, Tabasco 3.9% y Aguascalientes e Hidalgo 3.7 por ciento. En el otro extremo, las entidades con los menores valores en este indicador fueron Guerrero con 1.3%, Campeche 1.4%, Oaxaca 1.6%, Baja California y Michoacán de Ocampo 1.7% cada una y Baja California Sur 2 por ciento.
A COLACIÓN
La necesidad por un empleo es cubierta en parte por un empleo temporal, un paliativo que socava los derechos laborales y que está afectando a los jóvenes, víctimas principales del neoliberalismo y la globalización.
La temporalidad tiene la peor de las caras con contratos mensuales, bajos salarios, sin prestaciones de la ley, sin derecho a la seguridad social y con la más dañina de las interrogantes, la incertidumbre laboral que limita todas las capacidades de decisión de la persona hacia la posibilidad de contratar un crédito para pagar un coche, una casa; etc.
En algunos países como España, la tasa de temporalidad de los jóvenes menores de 25 años es del 65%, se trata de la tasa más alta de toda Europa.
Un informe sobre el empleo juvenil elaborado con datos de Eurostat indica que en España se está extendiendo la modalidad de ofrecer contratos temporales a personas menores a los 35 años, aspecto que repercute en la calidad del mercado laboral y que coadyuva a una tendencia en la que las empresas apuestan por una mayor rotación laboral. En suma estamos hablando de una precariedad que determina una situación de desventaja o desigualdad y engloba tanto la temporalidad, como las diferencias salariales, la dificultad de ascender, el exceso de horas trabajadas y los riesgos para la salud laboral.
Esta competencia feroz en la que nos ha sumergido a nivel global la batalla por ganar mercados, nichos, clientes y producir más y más sacrificando los costos de producción principalmente el salarial, no nos conduce a nada bueno en un mundo en desequilibrio permanente amenazado por la ambición desmedida de la ganancia. La sentencia es cruel y no debemos pasarlo por alto: “Un mundo sin empleo es un mundo sin futuro… sin paz social”.

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