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Buenas Noticias - November 4, 2007

Familias de todas las clases sociales llegan a centros de acopio capitalinos de ayuda para Tabasco

Abuelos, hijos y nietos se mezclan
en cadena. '¡Venga, venga!', gritan
y acomodan los víveres, mueven
el tránsito vehicular y se organizan
para acomodar todo lo que llega
Foto: Cortesía Milenio

Ciudad de México.- 3 de Noviembre del 2007.- (Humberto Ríos Navarrete/Milenio) Están en los centros de acopio. La ayuda es constante. Llegan de Las Lomas de Chapultepec e Iztapalapa. Del Centro. De municipios vecinos. De Neza. Del Valle de Chalco. Familias completas. No importan las diferencias sociales. Ni edades. Abuelos, hijos y nietos. Aquí se mezclan. En cadena. “¡Venga, venga!”, gritan. Y acomodan los víveres en estacionamientos, en banquetas, y ellos, voluntarios, mueven el tránsito vehicular y se organizan para acomodar todo lo que llega.

Llegan en carros de diversos modelos. Desde camionetas lujosas hasta el más modesto vehículo. Entre las calles Marsella y Berlín. “¿Viene a ayudar?”, pregunta un voluntario. “Carril derecho, por favor”. Y ahí va el hormiguero. En un santiamén forman hileras. Y descargan y acarrean. Unos sacan los víveres del vehículo recién llegado; otros, al fondo, acomodan. Aquí las medicinas, acá la ropa, por allá la comida. Y así. Corren, ríen, gritan, agradecen la solidaridad.

Y aplauden.

Sí, porque aquí viene una Hummer repleta de cobijas y medicinas. Es una familia de Las Lomas, seguida de un vocho de Iztapalapa, manejado por “Las payasitas chistositas”, integrada por una pareja y su niña, quienes descienden y ayudan a bajar bolsas de plásticos con pañales, medicinas y comida enlatada. Detrás viene Jesús Reyes Reyes y sus hijos. Transportan calzado, leche y pañales. Están frente a la Posada Viena, cuya gerente, Lourdes Chaltel, dispuso de empleados para ayudar.

Y también están el administrador del hotel, Mauricio; el director, Antonio Pontón. “Ándele, avancen, y muchas gracias; que Dios los acompañe y les dé mucha salud”, dice la mujer a las personas que trasladan suministros. “¡Este es México, sí señor!”, expresa Chaltel, quien recuerda que muy temprano estuvo por acá una anciana yucateca, cuyo esfuerzo la dejó asombrada.

Diana Estrada, de gafas oscuras, saca a relucir su energía cuando pone orden en el tránsito vehicular. Porque aquí se llena de autos. Ella es una de las tantas voluntarias. Temprano escuchó las noticias y supo de la verdadera situación en Tabasco. Y desde Coyoacán se descolgó con su amiga Patzuli Gómez, pero antes pasaron por el súper y adquirieron despensas. La trajeron y se quedaron.

Y aquí siguen.

—¡Esto es México, carajo! —grita Diana, bronceada por el sol del mediodía, y se apresura a recorrer un tramo de 15 metros, agitando las manos, a mitad y en la orilla de la calle, al mismo tiempo que indica a los automovilistas el lugar en que se deben estacionarse para descargar las provisiones.

Por allá se vislumbran integrantes del Agrupamiento Deportivo Militarizado Cóndor, A.C., la mayoría jóvenes uniformados, y Diana Estrada se emociona y expresa: “¡Son ángeles, esos son ángeles!” La mujer les muestra el camino y el regimiento avanza con pasos marciales.

También están aquí Argentina Mora y su madre, María Cristina Espinosa. Desde el miércoles querían realizar donaciones, pero no sabían dónde, por lo que decidieron dirigirse a la Casa de Cultura del Gobierno de Tabasco, en la colonia Juárez, a la que llegaron con hijos y nietos. Pero no todo cabe en dicho espacio, por lo que se acondicionó un estacionamiento vecino.

La familia Mora Espinosa trajo bolsas con toallas, comida para bebés, leche, frijoles y café. Por allá se escucha la voz de Carla Estrada, que además de servir de recepcionista, hace las veces de agente de tránsito. En ese momento aparecen diez niños de Scout de México, Grupo 31, cinco de los cuales son hijos de María José Ponce, quien los comanda y carga a la más pequeña, de un año, en un canguro.

Aquí bulle la solidaridad. La ayuda no deja de llegar. Transitan carros y más carros. Los voluntarios dirigen el tránsito en la colonia Juárez. Aquí está la familia Ortega González, del municipio de Tlalnepantla. A mitad de la calle se detiene una patrulla de la Secretaría de Seguridad Pública del DF. Obstruye el paso a vehículos cargados de víveres. Los voluntarios le silban a los uniformados.

Dos de los policías se molestan, y como respuesta reciben una doble rechifla. Por fin se mueve la patrulla. El tránsito fluye. Los vigilantes parecen perdidos en un laberinto y solos quedan como unos más en medio del bullicio hermanado. “Apúrenle, échenle ganas”, se escucha la voz de un joven, quien demanda: “más voluntarios adentro, por favor, más voluntarios”.

Y allá van.

Lejos de aquí, en otros lugares, como el DIF nacional, entre Xochicalco y Emiliano Zapata, también fluye considerable apoyo; lo mismo ocurre en instalaciones de Tv Azteca, sobre Ajusco y Periférico, así como en la plancha del zócalo, donde el Gobierno del DF dispuso que se canalizara la ayuda.

En cambio, mínima ayuda se percibe en la representación del gobierno de Chiapas en el DF —la crecida de 16 ríos y seis arroyos han afectado a 30 municipios de dicha entidad—, ubicada en la calle de Toledo número 22, así como en la casa de campaña de Andrés Manuel López Obrador, entre las calles de San Luis y Córdoba.

En cambio aquí, entre Berlín y Marsella, la solidaridad se desborda. Contrastan las clases sociales. Una mujer sale del estacionamiento, acondicionado como centro de acopio, y habla por teléfono. “Estamos en la calle de Berlín –le comenta a alguien –, y no te imaginas: es un tsunami de solidaridad. Es impresionante. Vente para acá. Necesitamos víveres y manos”.

La mujer se llama Claudia Gutiérrez Navarrete, ex exposa del Jefe Diego. Dice que desde temprano llegó de Lomas de Chapultepec. En el fondo del estacionamiento, enfundada en un overol azul, está su hija, Claudia Fernández de Cevallos Gutiérrez. Pasan inadvertidas. Una familia más.

—¿Y qué tal?

—Aquí estamos, ayudando a los hermanos —comenta la hija del Jefe Diego—. Y mañana vamos a venir con más amigos.

Como los demás.
     

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