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Música - October 31, 2007

El danzón más vivo que nunca: se le compone, toca y baila en clubes, salones y plazas públicas

El danzón es un vicio sano,
una bella adicción cultural,
que cuando lo atrapa a uno
deja cualquier otra afición
Foto: Cortesía
Osiris Aquino/CONECULTA Chiapas

San Cristóbal de las Casas, Chiapas.- 31 de octubre del 2007.- (Ángel Trejo/CONACULTA)  El movimiento danzonero mexicano podría alcanzar un nivel de popularidad masivo si los gobiernos e instituciones culturales de los estados pusieran atención a sus efectos educativos y sociales en niños y jóvenes, dijo Carlos Hugo Rodríguez Espinosa, triunfador del primer Concurso Internacional de Danzón de La Habana, Cuba, efectuado en 2005.

 

“Su importancia es tal que en Cuba se está replicando mediante una movilización de rescate y promoción apoyada en la experiencia de México y en el cual participan los grandes músicos populares de la isla”, agregó Rodríguez Espinosa, quien actuó junto con su esposa Patricia Reyes Cerón en una exhibición dancística en el marco del VI Festival Internacional Cervantino Barroco de San Cristóbal de las Casas.

 

“El danzón es un vicio sano, una bella adicción cultural que cuando lo atrapa a uno deja cualquier otra afición. Es inmejorable para los niños y los jóvenes porque su interpretación los relaja y los obliga a un dominio básico de la técnica musical y a saber qué es un compás, el ritmo y la melodía”, agregó el bailarín chiapaneco, oriundo de Ocozocuautla, población cercana a Tuxtla Gutiérrez.

 

Rodríguez Espinosa recomendó su enseñanza en escuelas de música y danza y en todos los niveles escolares del sistema educativo nacional. Citó el caso de la Universidad de Guadalajara, en la que actualmente se adiestra a 150 alumnos en su dominio musical y dancístico, convirtiendo a Jalisco en uno de los estados con mayor preocupación por promover y difundir el danzón.

 

De acuerdo con el bailarín chiapaneco, quien es ingeniero de profesión, el movimiento danzonero mexicano se expande a partir de posiciones geográficas importantes como Veracruz, Puebla, Distrito Federal, Querétaro, Jalisco (Guadalajara)  y Nuevo León (Monterrey), aunque hay estados como Yucatán, Chiapas y Oaxaca donde la “pasión danzonera” jamás ha desaparecido.

El danzón es un ritmo
musical cuya coreografía
tiene ocultas muchas
propuestas de baile popular
que derivaron en la creación
del chachachá y el mambo
Foto: Cortesía Osiris
Aquino/CONECULTA Chiapas

 

“En el centro y el sur de México está vivo desde principios del siglo anterior. Se le compone, toca y baila en el club, academia, salón, exhibición, concurso y plaza pública. Su recuperación en foros más grandes, como el largo periodo de auge que vivió de los años 20 a los 60 del siglo anterior, es cosa de tiempo y quizás no ajena a una revisión del modo como se le está bailando”, dijo Rodríguez Espinosa.

 

La pareja que forman Patricia Reyes Cerón y Carlos Hugo llamó la atención en el foro municipal del VI Festival Internacional Cervantino Barroco, porque bailó danzón al modo antiguo o cubano, es decir, más pegadito, en un espacio reducido, con más movimientos de caderas, hombros y pies que de cuerpo entero, sin muchas vueltas ni floreos ni esquematizar o mecanizar el cuadro que marca los tiempos.

 

Rodríguez Espinosa cuenta que en Cuba el danzón se baila sin coreografía y los bailarines se guían más por el ritmo del cinquillo marcado por el timbal o paila. A esto los cubanos llaman bailar con síncopa. Allá también el danzón se interpreta acompasadito, pero se arrastran más los pies, lo que produce un ruidito cuya onomatopeya es sha, sha, sha.

 

“Este ruidito le dio nombre al chachachá, género musical hijo del danzón, igual que el mambo”, dijo Rodríguez Espinosa, quien después de su triunfo en el primer Concurso Internacional de Danzón de La Habana, volvió a participar  como miembro del jurado, alternando con destacados músicos cubanos como Pepecito Reyes, Ismael Flores Cachao y Memo Salamanca, entre otros.

 

El bailarín está orgulloso de su galardón en Cuba –el cual logró llevando de pareja a la maestra Rocío Pulido– porque fue una dura prueba que implicó cuatro eliminatorias de seis horas cada una y una final igual de intensa en los salones Unión Fraternal y el Teatro América, en las que debió aprender a bailar danzón “con síncopa, no con la melodía y con charanga, no con orquesta”.

 

Rodríguez Espinosa sugiere una revisión de la forma como se está bailando el danzón en México, porque considera que a su coreografía original se le han hecho agregados que no le son propios –“como los que Amalia Hernández indebidamente le hizo a muchas danzas regionales”– y porque el modo con que nació es mucho más rico en propuestas coreográficas que le vienen mejor a su género.

 

Aseveró que no se trata de regresar a lo “oscurito del danzón raspado” (el que se bailó en los cabaretes arrabaleros de principios del siglo pasado en Veracruz, Mérida y México), sino de explorar los secretos de un ritmo musical cuya coreografía tiene ocultas muchas propuestas específicas de baile popular, como las que a mediados del siglo pasado derivaron en la creación del chachachá y el mambo.

 

La exhibición danzonera en el foro municipal de San Cristóbal de las Casas fue realizada con la participación de los grupos Tacón Dorado y Huey Zacatlán de este municipio, y Ocozoc de Tuxtla Gutiérrez, los cuales bailaron diez piezas de compositores cubanos, mexicanos y chiapanecos, para mostrar las diferencias musicales y coreográficas que existen en los tres estilos.

 

El VI Festival Internacional Cervantino Barroco es organizado por el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas y el ayuntamiento municipal de San Cristóbal de las Casas con apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA) y otras instituciones culturales de Estado y privadas.

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