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Por la Espiral - October 29, 2007

La gran mancha urbana

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-La gran mancha urbana
-Más población, ¿y los servicios?
-El promedio de ocupación

El control de la inflación es indispensable para el desarrollo del sector vivienda. La persistencia en esta acción permite mejorar el poder adquisitivo de los salarios y promover las tasas de interés de una manera competitiva para posibilitar el acceso a la vivienda por medio del financiamiento. Es una tarea esencial de la política monetaria.
Otra parte importante, en materia de acción, corresponde a los desarrolladores y asesores del gobierno quienes a partir de una visión más amplia, deben tomar en cuenta la relación demografía/ demanda por vivienda esperada. El mundo vive un acelerado proceso de urbanización cuya tendencia, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, lleva a que más de la mitad de la población mundial se ubique dentro de ciudades de tamaño relevante.
En la actualidad en América Latina, la distribución guarda las siguientes características: un 75% vive en las ciudades y un 25% en el campo. México orbita dentro de dicha proporción.
Son las ciudades, las áreas urbanas, las que continuarán experimentando los grandes retos demográficos, en tiempo y espacio, y bajo la relación densidad poblacional por metro cuadrado. Proveer los servicios básicos de agua potable, luz, drenaje, alcantarillado, gas, implicará que el Gobierno Federal en coordinación con los gobiernos estatales  deberá contar con una estrategia de planificación para anticiparse a esos movimientos poblacionales.
Según el Reporte 2001 de la ONU, “el inventario mundial de vivienda urbana oscila entre 700 y 720 millones de unidades de todo tipo”. En el caso de México, el Censo General de Población y Vivienda 2000, reporta que la cifra es del orden de poco más de 13 millones 911 mil viviendas urbanas. Representan casi el 2% del inventario habitacional urbano del mundo.
En el Censo de 1995 había 91 millones de mexicanos aglutinados en 20 millones de hogares. En el Censo de 2000, la población creció a 95 millones de personas en 22 millones 260 mil hogares. De esta cifra, 14.1 millones de hogares son urbanos.
La Comisión Nacional del Fomento a la Vivienda indica que el intenso proceso de urbanización en el país se detecta en los siguientes estados: Baja California, Distrito Federal y Nuevo León, donde más del 91% de su población reside en localidades urbanas. En contraste, Chiapas, Hidalgo y Oaxaca presentan un predominio de asentamientos rurales.
La mitad de las entidades del país registran en sus respectivo inventarios habitacionales un promedio de ocupantes por vivienda, superior al promedio nacional de 4.4; especialmente, entidades como Chiapas, Guanajuato, Puebla y Tlaxcala con un promedio superior a 4.7 personas por vivienda.
A COLACIÓN
Mientras que las viviendas ubicadas en localidades rurales dispersas tienen problemas de acceso y de suministro de servicios como agua y electricidad, la marcada concentración urbana conlleva problemas de disponibilidad de suelo con aptitud habitacional para la construcción de vivienda. Este hecho genera presiones para la oferta de vivienda accesible a grupos de menores ingresos, especialmente en las grandes zonas urbanas, al encarecerse el terreno y al promover mayores densidades en las unidades habitacionales.
La propia Comisión Nacional de Fomento a la Vivienda reconoce que la población de las urbes con más de 100 mil habitantes requerirá dos viviendas nuevas por cada vivienda necesaria en los poblados con menos de dos mil 500 habitantes.
En relación a los servicios, en 1990, el 19.8% de las viviendas carecían de agua potable; el 34.6% no tenía acceso al drenaje; y el 12.5% estaba sin electricidad.
Los bajos presupuestos del gobierno y la mala administración han contribuido a que el proceso de distribución de los suministros de servicios necesarios para la población, sea lento y torpe a la vez.
Estas carencias representan un problema que exige una pronta solución, dado que el fenómeno de migrar a las urbes, amenaza con seguir creciendo. La expectativa de la Secretaría de Desarrollo Social indica que para el año 2010 habrá 30 millones de hogares; y para el 2030, habrá 128.9 millones de mexicanos en 45 millones de hogares.
Añada a las presiones cotidianas más población, más gente desplazándose en automóvil, más filas para el transporte urbano; más vagones del metro retacados de gente. Más población implica una mayor demanda por servicios y la curva de disponibilidad presente y futura no muestra una proporción ascendente.
GALIMATÍAS
El estudio “Casa y hogar para cada quien” de la Sedesol refiere que en dos décadas, el rezago de vivienda tuvo la siguiente evolución: En 1980, fue poco más de 4 millones 678 mil unidades; en 1990, disminuyó a 4 millones 667 mil y en el 2000 se calculó en 4 millones 291 mil.
Sedesol puntualiza que el rezago habitacional mezcla tanto el déficit de vivienda nueva como los requerimientos de mejoramiento habitacional derivado de tres aspectos: 1) La que necesita sustituirse. 2) La que requiere ampliarse. 3) La que necesita repararse para cumplir su función básica social de integración y protección familiar.
En el año 2000, al menos 756 mil hogares en todo el país vivían en el hacinamiento. Adicionalmente, el INEGI censó a un millón 55 mil casas a las que calificó de “necesarias de ser sustituidas” tras considerar que la vida útil de éstas había llegado a su fin.
La debilidad básica del rezago habitacional se encuentra en los dos millones 042 mil viviendas que, en todo el país, requieren rehabilitación y o ampliación, y en las 438 mil casas que deben repararse para evitar que su deterioro las convierta en ruinas.
Así es que el rezago de 4 millones 291 mil viviendas se divide en un millón 811 mil unidades nuevas y 2 millones 480 mil que requieren rehabilitarse.
Lo que no se sabe dentro de la distribución que realiza el INEGI, Sedesol y la Comisión Nacional de Fomento a la Vivienda, es si contabilizaron en el rango de los rezagos, a las habitaciones hechas de palma, cartón, retazos de hojalatería, llantas y una serie de desperdicios que forman parte del hábitat de numerosas familias no únicamente del Distrito Federal, también de muchas ciudades y municipios que forman la geografía patria. En cada huracán, ciclón, crecimiento de las aguas o lluvias incontenibles, los primeros afectados son los habitantes de estas casas improvisadas.
En lo personal  me queda la duda -dentro de la información que investigué- si los marginados que habitan en las coladeras y alcantarillas han sido sumados a las cifras del gobierno o bien son  excluidos cual si fueran fantasmas urbanos.

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