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Arte y Cultura - September 18, 2007

Jaime Tolentino Yánez, médico poblano de corazón huasteco

Cuando el doctor Tolentino
arribó a Huauchinango le
renació el gusto por el huapango
Foto:
Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 17 de septiembre de 2007. Durante el XII Festival de la Huasteca, efectuado en Huauchinango, Puebla, del 26 al 29 de julio pasado, tuve serias dificultades para encontrar hospedaje, como muchas personas más. De hecho, el viernes 27 pasé una muy mala noche, ya para amanecer sábado 28. Comoquiera, iba yo solo; pero el sábado 28 me alcanzaron mi esposa y mi pequeño hijo. ¿Qué hacer? La solución vino de parte del maestro Arturo Allende, conductor del programa radiofónico “Amanecer Huasteco” en la XENG, en los 870 de A.M., quien, mediante su programa, había establecido una red de apoyo para las actividades del festival, independientemente del esfuerzo de las autoridades culturales, municipales, estatales y federales.

Así, el sábado 28 le comenté mi problema al maestro Arturo, buscando su apoyo. Con la proverbial hospitalidad característica de la gente huasteca de corazón y nación, me pidió unos minutos para ver si podía ayudarme. Hizo unas llamadas y después se acercó sonriente: “Listo, ya está, al rato le presento a la persona que les dará hospedaje”. Más tarde, en la Plaza Cívica de Huauchinago me presentó al doctor Jaime Tolentino Yánez, mi amable anfitrión.

El doctor, de aspecto serio y reservado, nos abrió las puertas de su casa y nos dio la llave de su amistad. Nos presentó a su esposa, a sus hijos, a su cuñada, a su concuño y sobrinos; convivimos unos momentos con ellos, compartimos el gusto por el huapango, el amor por nuestras raíces. He aquí estas notas, testimonio de mi gratitud y de mi amistad, producto de una charla celebrada casi a la medianoche, en una noche fresca huauchinanguense, mientras nos retirábamos a descansar, después de haber trastocado la vida familiar del doctor Tolentino.

Doctor, ¿cómo surgió su amor por el huapango?

“Sí, a mí me gustan los huapangos, ya que provengo de una familia del estado de Hidalgo, del pueblo de Tutotepec, municipio de San Bartolo. A través de ellos adquirí el gusto desde pequeño, pues veía que bailaban mis familiares, que les gustaba el huapango; desde entonces me nació el gusto. Allá en México, cuando era estudiante de Medicina, me relacioné con una familia que gustaba del huapango, también del estado de Hidalgo, además tuve una novia a la que le gustaba el huapango y le gustaba bailar en las fiestas, entonces bailábamos huapango. No, nadie tocaba en mi familia, sólo el puro gusto. En las fiestas, a lo último de la fiesta es bailar huapango. Mi familia paterna todavía tiene el gusto, mi tío, hermano de mi papá, que vive en México, ellos todavía llevan ese gusto de escuchar y bailar el huapango al estilo hidalguense. Bueno, no sé bailar, pero lo bailaba como Dios me daba a entender. Luego llegué a Huauchinango y vi que se vivía fuertemente el huapango, se reafirmó en mí el gusto.

¿Y la historia que nos hizo conocernos?

“Respecto de la historia con el maestro Allende, sucede que tengo una paciente que estudia versificación, ensaya el violín, la jarana… A través de ella le dije a la mamá que me gustaría participar en el Festival, apoyándolos. Entonces la mamá le llevó el recado al maestro Allende, yo no lo conocía en persona, pero oigo su programa. Esta niña me manda saludos en el programa, yo se los regreso, así triangulamos para conocer al maestro Allende; le dieron mi teléfono, él me habló pidiéndome el apoyo para alojar a personas que iban a venir. Entonces, como no conseguí hotel porque ya estaba todo lleno, hablé con mi hermano y mi sobrino, que tienen más espacio en su casa, me apoyaron en eso, ya estaba todo dispuesto. Todavía hace un rato me habló el maestro Allende a ver cómo iba todo, yo estaba a la espera en el teléfono, de que me llamara en cualquier momento, ya estaban listas las habitaciones. Así quedamos de vernos a las cuatro de la tarde en la plaza, bueno, yo ya conocía al maestro, pero por la tele, lo había visto en la tele, entonces ya me presenté con él, nos conocimos, nos saludamos y quedamos de esperarlo a usted. Después de que presentaron el libro, me fue a ver y así nos conocimos los tres.

¿Aún va a Tutotepec?

De hecho, yo no conozco Tutotepec. Uno de mis planes, antes de que me muera, ojalá que no sea tan pronto, es que quiero ir a conocer, ya no tengo familia, ya nada más quedan los recuerdos por allá, las raíces, allá están los muertos, y donde están los muertos es el pueblo donde uno nació o de donde uno es, pues uno es de donde nació o de donde están sus muertos. Yo nací en Piedras Negras, Jalpan, Puebla, el 31 de julio de 1968, y soy orgullosamente universitario, egresado de la UNAM. Quiero decirle que nuestra hospitalidad no se debe a una intención de quedar bien con ustedes o quedar bien yo, sino que lo que importa es que hablen bien de Huauchinango, porque yo vivo aquí, si tuve la fortuna de que a mí me tocara, qué bien, ahora sí que es fortuna, que hablen bien de Huauchinango, y si quieren hablar bien de mí y de mi familia, pues qué bueno. Yo llevo cinco años en Huauchinango y me siento totalmente huauchinanguense, porque aquí ya nacieron mis dos hijos, y aquí me quiero quedar. En realidad, cuando yo llegué a esta ciudad, me dije: “Aquí me quedo”, porque Huauchinango está en una zona estratégica, ya tenemos la autopista, ¿a cuántas horas me queda México?, a hora y media, hay autopista a Puebla, ya está la autopista a Pachuca, un fin de semana puedo ir a la playa y regresar, aquí no hace tanto calor, hay mucha vegetación, cosa de la que se carece en México, está limpio el aire, entonces Huauchinango me parece el centro de varios estados, incluso de Veracruz. De hecho, nada más es abrirle las puertas de la casa al visitante en estos eventos, a que vengan. Quiero felicitarlos por su trabajo, decirles que son bienvenidos a Huauchinango, que no sea la última vez, deseo que se lleven una buena impresión; claro, voy a seguir apoyando, nos vemos en el próximo evento, no sé cuándo vaya a ser, pero las puertas están abiertas para ustedes y para todos los que gustan del huapango.

Gracias por todo, doctor, a usted y a su familia.

Nos despedimos con un abrazo y un apretón de manos, en la certeza de haber coincido un grato momento de nuestras vidas, que esperamos se vuelva a repetir gracias al huapango, el cual siempre se encarga de acercar a sus seguidores, como el doctor Jaime Tolentino Yánez y el que suscribe.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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