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Libros - September 11, 2007

Reimprimen “El sacrificio humano entre los Mexicas” de la antropóloga Yólotl González Torres

Sobre este tema se realizará a
partir del 19 de septiembre el
simposio 'Nuevas perspectivas
del sacrificio humano' en el
Museo del Templo Mayor
Foto: Cortesía INAH

Ciudad de México.- 11 de Septiembre del 2007.- (CONACULTA) Variadas y muy diversas eran las maneras de morir sacrificado en la cultura mexica. Por degollamiento, que no decapitamiento, es decir, desangrado por una herida en el cuello; por la muy citada extracción del corazón, por flechamiento –aunque esta era una forma ritual específica y no muy común–, por despeñamiento desde lo alto de un cerro, por asamiento en una pira ritual, donde el cuerpo quemado se sacaba del fuego para extirparle el corazón, entre otras variantes.

 

El sacrificio no debe confundirse con el desmembramiento o con el coser las partes del cuerpo del sacrificado, que eran variantes del ritual posteriores a la muerte. La sangre cálida del sacrificado estaba cargada de energía, a diferencia de la sangre menstrual, que es fría y se relaciona con la luna por la periodicidad de su aparición.

 

Pero quienes piensan que el sacrificio humano solamente se practicaba en Mesoamérica por un puñado de salvajes, se equivoca, pues es una práctica común a la humanidad y que se ha realizado en casi todas las latitudes del mundo y en diversos relatos, monumentos y hallazgos esqueléticos puede hallarse prueba de ello.

 

En fin, que esta práctica ha tenido una importancia fundamental en las sociedades originarias –todas aquellas que no recibieron influencia civilizatoria de ninguna otra– como Mesopotamia, Egipto, China, India y no sólo Mesoamérica.

 

Los ejemplos del sacrificio humano son múltiples: en la India, por ejemplo, un hombre ofrecido o comprado para el sacrificio, se amarraba a un poste hasta dejarlo morir para asegurar las cosechas de cada temporada. En Japón se enterraban junto a algún notorio o miembro de la nobleza, a varios acompañantes sacrificados para acompañarlo y servirle en su viaje al más allá. O aún más sabiamente, en algunas culturas de África se sacrificaba al rey cuando perdía potencia o simplemente cuando pasaba un cierto número de años.

 

Todos estos datos fueron comentados durante la presentación del libro El sacrificio humano entre los mexicas de la doctora en antropología social Yólotl González Torres, que ha sido reimpreso por el Fondo de Cultura Económica y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

 

El libro de 331 páginas, publicado originalmente en 1985, fue presentado la tarde del jueves 6 de septiembre en el Auditorio Fray Bernardino de Sahagún del Museo Nacional de Antropología, como parte de las actividades de la XIX Feria del Libro de Antropología e Historia.

 

“El tema es de suma importancia”, resumió el arqueólogo Eduardo Matos, coordinador del Proyecto del Templo Mayor, para quien el hombre ha hecho a los dioses y por lo tanto, ellos hacen lo mismo: aman, sufren, mueren, pelean, envidian e incluso se sacrifican.

 

Sí, confirmó Matos, porque existen dos clases de sacrificios. En el primero de ellos, ocurre la muerte o sacrificio de los dioses por parte de otros dioses, y en el segundo es el del hombre por el hombre, para satisfacer a las fuerzas divinas. El ejemplo más cercano a nosotros es el de Jesús crucificado por designio de su padre, es decir, dios. Aunque cabe mencionar también que hay ejemplo de estos sacrificios divinos en la cosmología mesoamericana.

 

“El sacrificio ritual es una práctica que deparaba lo más precioso del hombre a los dioses, que es la vida misma”, resume Matos, para quien, pese a las pruebas sobre su existencia no sólo subjetivas como las fuentes escritas españolas, sino arqueológicas, no se ha abordado como merece, pues sigue siendo negado o ignorado, dependiendo de la ideología de cada investigador.

 

Si en Mesoamérica, y específicamente entre los náhuatl, sucedía la antropofagia, es decir, se comía carne humana, esto ocurría por una forma ritual o por preferencia gastronómica. La respuesta de la autora y que es una de las tesis más importantes del libro es que la causa del sacrificio no es el hambre sino el gusto por la carne humana.

 

Al respecto, la gran conclusión de la investigadora de la Dirección de Etnología y Antropología Social del INAH, es contundente: “pienso que respecto a la antropofagia, lo malo no es comerse a la gente, sino matarla y eso es lo que debemos evitar en cualquier parte del mundo. Qué importa lo que le pase al muerto, importa no matar a la gente.”

 

Martha Ilia Nájera, investigadora del Centro de Estudios Mayas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), intentó realizar, para la presentación del libro, un estudio comparativo entre los sacrificios humanos mayas y mexicas, pero pronto vio que la tarea, además de enorme, no era necesaria pues ambas prácticas pertenecen a la gran cultura mesoamericana y tienen rasgos comunes.

 

Para la especialista y autora del libro El don de la sangre en el equilibrio cósmico, el sacrificio y el autosacrificio sangriento entre los antiguos mayas, en el pensamiento prehispánico, a través de la muerte de la víctima se crea una energía que se ofrece a las divinidades y se desplaza hacia lo cósmico. Y existen pruebas de ello, como los restos de niños nonatos o recién nacidos desmembrados, los cráneos cercenados ritualmente hallados en Montealbán o los relatos de sacrificios en Teotihuacan y en Tenochtitlan.

 

Y esta práctica se realizaba con mayor frecuencia durante la renovación de los ciclos cósmicos, como en el fuego nuevo cada 52 años, cuando se actualizaban las historias sagradas. Todo ello, explicó, porque el hombre nació para sostener a las divinidades, y si no se les ofrendaban vidas y sangre, éstas morían.

 

Finalmente, Rosa del Carmen Martínez Ascobereta, especialista en el estudio de las religiones de la UNAM, aseguró que debido a la escasa bibliografía sobre los sacrificios humanos entre los mayas y los mexicas, tanto el libro reimpreso de Yólotl González como el de Martha Ilia Nájera resultan muy valiosos para los interesados en el tema.

 

Para la investigadora, el sacrificio humano no sólo representa la inmolación por diversos medios de la vida de un ser humano a fin de influir en el más allá, pues esa energía sirve para desviar los sentimientos de violencia en la gente contra quienes ejercen el poder, para sublimar las crisis de violencia, por lo que esta práctica, además de un fenómeno estrictamente religioso, tiene matices sociopolíticos más complejos.

 

Sobre este tema, por cierto, Eduardo Matos anunció que en el Museo del Templo Mayor en el Centro Histórico de la ciudad de México se realizará, a partir del 19 de septiembre, el simposio Nuevas perspectivas del sacrificio humano.

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