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Arte y Cultura - September 7, 2007

Entrevista con la novel pianista Citlalli Guevara del Ángel, becaria de CONACULTA

Citlalli ha sido programada
para tocar con las Sinfónicas
de Xalapa, del Estado de
México, Aguascalientes,
SLP y Tamaulipas
Foto: Cortesía
musiciansgallery.com

Ciudad de México.- 7 de Septiembre del 2007.- (Gabriel Ríos CONACULTA) El título que escogió Citlalli Guevara del Ángel, Desarrollo como concertista y pianista, con el que obtuvo la Beca para Intérprete que le otorgó el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, ha sido fundamental para poder dedicarse a estudiar y realizar conciertos.

Recientemente audicionó con el maestro Eduardo Diazmuñoz, director de la Orquesta Filarmónica de Bogotá  para la temporada 2007-2008 en la Sala Nezahualcóyotl  del Centro Cultural Universitario. Desde que regresó de su maestría en los Estados Unidos, Citlalli Guevara del Ángel ha estado haciendo audiciones para directores de orquesta y la han programado para tocar con las sinfónicas de Xalapa, del Estado de México,  Aguascalientes, San Luis Potosí y Tamaulipas.

¿Qué significa el piano para usted?

El piano ha estado conmigo antes de que fuera pianista. Empecé estudiando violín. El piano fue un instrumento con el que jugué mucho de niña. Me siento cómoda. El repertorio para piano es interesantísimo, y por sí mismo puede sobrevivir. Decidí estudiar a los 16 años, y a pesar de que empecé tarde, he tenido muchas oportunidades. Hice mi carrera en Xalapa y luego mi maestría de concertista en Nueva York.

¿Qué piensa de la música del siglo XX, de la continuidad y la ruptura?

 Por un lado hay una continuidad y por otro una ruptura muy clara. Creo que ni es bueno ni malo. Sería un error decir que no me gusta la música contemporánea, porque no es así. Me agrada la buena música del tipo que sea, y curiosamente la música contemporánea a mí me va muy bien, independientemente del repertorio que estoy tocando ahora.

“Realmente me interesa cuando la música está bien escrita. Ahora mismo me voy a reunir con el compositor Alexis Aranda, autor de un concierto para piano que lo estrenó Eva María Zuk. Creo que la música del siglo XX se presta para mucha charlatanería y para personas sin talento que usan la disonancia como pretexto.

¿Qué le parecen las exploraciones instrumentales y armónicas de Alexander Scriabin, con sus preludios, estudios y sonatas?

Hay cosas de Alexander Scriabin  que son bellísimas, pero la exploración lo llevó por caminos raros. Creo que es válido. El mismo Johannes Brahms sólo nos dejó ver la tercera parte de su obra. Creo que  así es la vida. Tenemos el derecho y la obligación de explorar y experimentar; uno tiene que ser muy inteligente para saber qué funciona. La obra de Scriabin me parece importante y las exploraciones sonoras de los instrumentos, mientras tengan un fin estético, pero cuando es solamente intelectual, algo maquinado, pierde su valor. La música es danza, movimiento y de repente se escucha algo que no es música.

Por cierto, Alexander Scriabin soñaba con una música cósmica, que conjuntara artes plásticas, filosofía, religión, mística y profecía. Su obra Vers la flamme para piano solo, según su intérprete Vladimir Horowitz, predijo la “bomba atómica”.

Esa pieza, Horowitz la interpretaba sensacional. Además, Scriabin, al final de su vida, quería hacer una especie de performance. Creo que es algo que los artistas y los pensadores buscamos: la unión del cosmos.

¿Qué impresión tiene de la obra de Claude Debussy?

Debussy es un compositor muy visual, plástico, desde mi punto de vista, pero lo que buscaba era que además de que escucháramos su obra, la viéramos. Ese tipo de expresiones, que tiene como fin la estética, son nuevos caminos. Para mí la obra de Debussy está llena de colores.

Curiosamente, la primera composición de Arnold Schönberg en idioma puramente dodecafónico es la Suite para piano, ¿qué le parece?

A mí me encanta Schönberg, incluso antes de ser dodecafónico, independientemente de que no todo le funcionó como él hubiera querido.

De la obra de Anton Webern, ¿quién abre la puerta a la vanguardia?

Anton Webern era un intelectual y tiene cosas muy interesantes, pero poco me ha interesado interpretarlo.

Su opinión con respecto al compositor y pianista Erik Satie y su obra a favor de la simplificación, transparencia y cotidianidad

Erik Satie estuvo en medio de un movimiento, de un momento de la música que fue válido. No es mi compositor favorito, aunque reconozco que es para un estado de ánimo específico.

¿Sergéi Prokófiev  y su gran obra?

Adoro a Prokófiev. Es uno de mis compositores predilectos y me siento muy cómoda con su música. Tenía un carácter rudo y era sumamente inteligente. He interpretado sus sonatas para piano, los sarcasmos, incluso  recuerdo haber acompañado su Segundo concierto para violín.

¿Me podría hablar de Aram Khachaturian?

Es otro carácter totalmente distinto a Prokofiev. Es la plenitud, la fiesta. Alguien muy especial en mi vida porque conocí su música desde muy joven. Me parece que siempre fue pleno y estuvo feliz.

¿Tiene alguna opinión sobre la obra de Benjamín Britten?

La escuché mucho en los Estados Unidos. Es esa música que vale la pena que se programe en México. 

¿La influencia del jazz en algunas de las mejores piezas de Maurice Ravel, como son sus dos conciertos para piano y su Sonata para violín y piano?

Leonard Bernstein empezó haciendo mucho jazz. Me familiaricé mucho con el jazz ahora que estuve en Nueva York, aunque no es lo mío. Creo que ha sido fuente importante de inspiración. A mí siempre me maravilla cómo se sueltan y debería aprender un poco de ellos.        

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