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Música - September 5, 2007

“Las cuatro estaciones”, tangos de Astor Piazzolla grabados por la Camerata de Coahuila

El disco tiene el característico toque
pasional, intenso, impetuoso de
César Olguín, a quien debemos
una importante divulgación del
tango en nuestro país
Foto: Cortesía 'Quindecim Recordings'

Por Gregorio Martínez Moctezuma

Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 5 de septiembre de 2007. En un estuche de cubierta alba casi deslumbrante, contrastada por el nombre del músico argentino en caracteres anaranjados y el título del disco en gris desvanecido, “Astor Piazzolla. Las 4 estaciones” (Quindecim Recordings, México, 2006) reúne ocho tangos o piezas orquestales grabados por la Camerata de Coahuila, dirigida por Ramón Shade, y el bandoneonista argentino radicado en México César Olguín, en el Teatro Nazas de Torreón en mayo de 2006.

Esta selección inicia con “Adiós, Nonino” y “Oblivión”, para seguir con “Las cuatro estaciones porteñas” (“Verano porteño”, “Otoño porteño”, “Invierno porteño” y “Primavera porteña”) y cierra con “Ave María” y “Tangazo”, piezas ya clásicas de Astor Piazzolla, que, en su momento, lo confirmaron como un gran tanguero o mejor aún como un gran músico, el gran compositor ahora reconocido unánimemente, cuyas obras revitalizaron el género y catapultaron a su autor a la estimación internacional.

Quizás la primera impresión de quien escucha este disco sea la de estar ante un páramo o paisaje desolado, para después ir descubriendo o percibiendo un océano de sensaciones que luego bien pueden convertirse en emociones, hasta llegar a la revelación del caudaloso sentimiento del compositor argentino, cuyas aguas sonoras terminan envolviendo y transportando a “parajes emocionales” en los que pareciera advertirse una especie de renunciación, de irremediable soledad, pero, simultáneamente, también la búsqueda de otros parajes imponentes. Además, con el sello del “pathos” piazzolliano, que bien podría considerarse argentino para los que no somos sus coterráneos.

En el caso de estos tangos de Piazzolla, me parece, estamos ante la reinvención de un género, la consagración sinfónica de un instrumento y la construcción de un magno lenguaje propio, el cual más que explayarse se reconcentra (incluso en “Tangazo”), más que extralimitarse se potencia y cuyas vigorosas raíces populares argentinas han producido un árbol frondoso en la música contemporánea mundial.

Respecto de la Camerata de Coahuila y del solista, cabe decir que la ejecución de la orquesta es eficaz, discreta, casi contenida, como si se privilegiara el ocasional predominio del bandoneón, éste sí con el característico toque pasional, intenso, impetuoso de César Olguín, a quien debemos una importante divulgación del tango en nuestro país. En suma, dada la infrecuencia de oportunidades de escuchar en salas de concierto la obra de Astor Piazzolla, ésta es una producción discográfica cuya aparición en México celebramos con entusiasmo.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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