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Arte y Cultura - September 3, 2007

Charla exclusiva con el maestro ganador del primer lugar nacional en prueba de conocimientos ENLACE

Miguel Emigdio Zúñiga, el maestro
del Soconusco que no quiere
un Ferrari rojo…
Foto: Cortesía milenio.com

Ciudad de México.- 3 de Septiembre del 2007.-  (Fuente: Milenio) Dos profesores fueron los artífices de la victoria académica que logró la sierra chiapaneca en la prueba ENLACE, uno de ellos narra a MILENIO sus andanzas en el País Vasco en busca de fórmulas pedagógicas que, al parecer, sí funcionan.             

Le pregunto al joven profesor Miguel Emigdio Zúñiga –tiene 27 años– qué quiere por haber conducido a los niños de la primaria pública Francisco Villa, ubicada en la Sierra Madre de Chiapas, en el marginado poblado de San Juan Panamá (322 pobladores, municipio de Escuintla), al primer lugar nacional en la prueba de conocimientos ENLACE aplicada por la Secretaría de Educación Pública.

—¿Quiere un Ferrari? —lo bromeo.

Él se ríe mientras bebemos unas aguas frescas en su pequeña ciudad, Huixtla, ubicada en el municipio de idéntico nombre, aledaño al de Escuintla, donde está aquella primaria en la cual ya no trabaja más, dado que para el actual ciclo escolar fue trasladado al poblado de Nueva Francia (345 habitantes), en la misma región del Soconusco.

—No, el Ferrari para qué. Lo choco y ya no queda nada. Mejor una beca para estudiar más, por ejemplo un diplomado… El estudio no sólo le ayuda a uno mismo a crecer, sino que se hereda a los hijos y a los alumnos que uno guía… —responde con velocidad de bólido.

El profesor sabe de qué habla: él ya realizó un diplomado de verano en San Sebastián, España, en la Universidad del País Vasco, donde cursó Excelencia en la Calidad de la Educación. Y le costó. Le costó ahorros surgidos de su salario (7 mil pesos mensuales) y dinero que juntó su padre, de oficio chofer, un hombre esforzado, hijo de campesinos, casado con una mujer dedicada al hogar y a sus seis hijos.

Por eso el profesor Miguel Emigdio Zúñiga quisiera que, si alguien se aviene a darle un reconocimiento por haber guiado al éxito a los niños de cuarto, quinto y sexto de San Juan Panamá, junto con otro maestro de tercero de primaria, Nicolás Benigno Robledo (28 años, compañero suyo también ahora en Nueva Francia), se trate de una beca para que ambos se sigan superando académicamente y con ello beneficien a más niños.

Modesto, el maestro afirma que el crédito no sólo es de él, del otro profesor, y de sus supervisores de la región 146 del sindicato magisterial que siempre los apoyaron con estrategias para abatir retrasos o carencias, sino de los padres de familia que mandaban a sus hijos a la escuela todos los días, ya que suele suceder en la serranía marginada que los chicos tienen que ir a trabajar al campo para ayudar en la subsistencia familiar. Mérito de esos padres de familia que, además, “siempre estaban pendientes”, verificando que sus hijos hicieran las tareas y estimulándolos cuando tenían logros.

—¿Y sus ex alumnos, qué tal eran?

—Fue una muy buena generación que tuvo su premio por el gran esfuerzo que hizo durante largo tiempo… Eran unos chavos dedicados, trabajadores, con deseos de aprender, aplicados, con un promedio de nueve.

—¿Había algo especial que usted ponía en práctica?

El profesor, que estudió en la Escuela Normal Rural Mactumactzá (cerro de las once estrellas en zeltal), y que es maestrante en Administración de Educación Superior por el Instituto de Estudios Superiores de Chiapas (le faltan su tesis y su examen profesional), guarda silencio unos segundos y diserta:

—Es, por una parte, experiencia y conocimiento de teorías. Y por otra, manipulación de los materiales del entorno. No podía decirles que consultaran Encarta, ¿verdad?; los niños trabajaban en bancas de madera de la época de la Revolución –ironiza. Por ejemplo: en Ciencias no podíamos utilizar, para los experimentos sugeridos en los textos, tubos de ensayo ni colorantes de los que carecíamos; entonces, nos adaptábamos a las limitaciones e improvisábamos para no dejar de realizar las lecciones… Yo vengo de gente humilde y por eso entendía a esos niños que querían aprender a pesar de sus carencias que uno comparte (en la sierra el profesor se bañaba a jicarazos). Ahí está la vocación para no claudicar, para no renunciar a estar en la zona (Miguel Emigdio vivía en “la casa del maestro” de San Juan Panamá, un bodegón que cuando llovía parecía una catarata de cuatro caídas por el agua que se filtraba en las paredes), porque uno sabe que la educación puede ser decisiva para que un día esos niños emprendan una carrera que sea una herramienta fundamental en su existencia…

***

Hubo algo más que influyó para que la primaria Francisco Villa ganara: un programa de incentivo rural. Como las tardes pueden ser aburridas y lentas en la sierra —cuenta el profesor—, desde hace cinco años se puso en marcha un programa en el cual los maestros serranos se comprometen a darles a los niños nueve horas adicionales de clases cada semana, aparte de las ocho horas diarias del horario habitual.

De esta forma, martes, miércoles y jueves los alumnos comen en sus casas y vuelven al aula a fin de recibir tres horas más de trabajo para reafirmar, repasar, y extender sus conocimientos. A cambio, los mentores reciben un estímulo extra de mil 450 pesos.

***

—¿Cuál es la lección de todo esto? —le hago una última pregunta.

—Una es la lección de vida: se pueden lograr cosas trabajando con compromiso y responsabilidad para que todos los factores positivos, aunque sean pocos, confluyan y den resultados… Y otra, que la SEP debería emplear sus recursos de forma inversa. Por ejemplo: en vez de que pusiera Enciclomedia primero en ciudades o cabeceras municipales como ha hecho para que luego las comunidades más alejadas ya no alcancen el beneficio, tendría que empezar con los más marginados. Empezar de abajo para arriba, no de arriba para abajo. Una impresora y una computadora implican muchas impresiones de valiosos materiales didácticos que de otra forma no hay en la sierra.

Se despide el profesor, se va a “disfrutar el momento de mucha alegría y felicidad” que le han dado sus ex alumnos.

—¿Va a ganar ENLACE otra vez, ahora en Nueva Francia?

—Le echaremos ganas… —sonríe con modestia y prudencia el maestro del Soconusco que no quiere un Ferrari rojo…

Disparos

Fórmula secreta
Desde hace cinco años los maestros serranos dan nueve horas adicionales de clases

Las conclusiones
En vez de poner Enciclomedia en ciudades, primero debería ser en comunidades más alejadas
     
Juan Pablo Becerra-Acosta/Huixtla, Chiapas

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