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Por la Espiral - August 22, 2007

Huracanes, el susto anual

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Huracanes, el susto anual
-Turistas y pobladores
-¿Una nueva Ley de Turismo?

Los huracanes se han convertido en una maldición anual del verano fundamentalmente sobre del sur-sureste del país en especial de la esmeralda de Cancún y la Riviera Maya.
Ante el cambio climático es improbable aguardar  que tales incidencias naturales aminoren en los próximos años, todo lo contrario los expertos están atestiguando manifestaciones inusuales y la furia del clima.
Siendo Cancún y la Riviera Maya contribuyentes de primera línea al PIB turístico, ante la idea de llevar a cabo una reforma en la Ley General de Turismo bajo los principios de sustentabilidad, diversificación y competitividad, según lo resumido por Rodolfo Elizondo, titular de la Secretaría de Turismo, habría que añadirle un cuarto elemento: fiabilidad.
La sustentabilidad debió aplicarse desde varias décadas atrás cuando comenzó la planeación de nuevos destinos turísticos de playa como los de Cancún y la Riviera Maya; Los Cabos y Puerto Vallarta. Cuando Acapulco mostró focos rojos, estos destinos de playa ya llevaban bastante carrera en las urbanizaciones no siempre amigables con el entorno.
Aún así me parece que con legislaciones adecuadas y acciones decididas pueden mitigarse en estos destinos de playa los efectos de la contaminación y reducirse el impacto ambiental siempre y cuando dentro del principio de la sustentabilidad se trabaje en reforzar la educación ambiental, donde dueños de hoteles, ejecutivos, empleados y prestadores de servicios practiquen todos los días una educación sustentable y demanden a sus clientes y huéspedes lo mismo como norma. No basta con pedirle al huésped usar las toallas más de un día para evitar su lavado en cada uso ante el enorme desperdicio de luz y agua que provoca el mantenimiento de los hoteles.
Hoteles con logotipos distintivos de “aquí reciclamos”; “contaminación cero”; con ahorradores de luz instalados; paneles solares para el aprovechamiento de la energía son también atractivos para un tipo de turista que emerge cada vez más reactivo ante su huella ecológica.
Por el lado de la fiabilidad, que no contempla el secretario Elizondo, una premisa fundamental es proporcionarle un destino seguro al visitante, al turista, implica contar con una capacidad de reacción que muchas veces las propias leyes federales limitan como la disponibilidad de los recursos de la Federación para la prevención de desastres o bien para utilizarlos cuando sucedieron los hechos.
Los gobiernos estatales y municipales son los que más saben de la burocracia que impide la pronta disponibilidad de los auxilios financieros.
Los embates naturales, entre estos los huracanes, han puesto en más de una ocasión en aprietos a las arcas estatales, Yucatán y Quintana Roo, enfrentaron en el pasado sexenio casi un desastre por año en distintas magnitudes, a unos se pudo reaccionar inmediatamente, a otros tardaron más de un año en sobreponerse.
La nueva reforma tiene que darle seguridad al turismo permitiendo que las zonas turísticas plus ubicadas en el paso de estos fenómenos que van siendo anuales no sólo cuenten con el dinero necesario para los preparativos, sino también para la reacción.
Es menester trazar líneas de compromiso conjuntas entre el Gobierno Federal y los gobiernos estatales y municipales a fin de construir obras de ingeniería fuertes para soportar vientos de huracanes categoría 5, con la idea de resguardar de forma masiva a la mayor cantidad de turistas y de población posible.  Establecer programas para fomentar entre los empresarios de los hoteles la instalación de las mallas anticiclónicas, como prioridad; y vidrios de mayor espesor. Asimismo trabajar en obras de  drenaje y canalización del agua cuando llega a la costera e inunda todo cuanto puede a su paso.
A COLACIÓN
En Cancún, después de Gilberto  en 1988, nada fue igual. A las pérdidas humanas, los quebrantos económicos, hubo muchos negocios que no pudieron recuperarse. En los últimos seis años, otros azotes han llegado a esta zona y al sureste del país con Isidoro, Emily, Stan, Wilma, ahora Dean.
Por ello implementar una política turística fiable implica acertar que no se darán licencias para construir hoteles que no cumplan con medidas necesarias para desempeñar una actividad turística en un lugar donde al menos toca un huracán de mediana a mayor intensidad por año y al que por semana en temporada alta acuden más de 50 mil turistas.  Simplemente recuérdese al  hotel Aqua Fiesta Americana Cancún tras el paso de Wilma, a mí me tocó verlo y era imposible de creer, el problema fue que era pura fibra de vidrio y paneles. Imagínese todo eso volando con  la fuerza de los vientos, peligrosísimo.
Tampoco podemos olvidar al prestador de servicios que trabaja atendiendo al turista en todo tipo de situaciones de emergencia y que lo hace descuidando a la propia familia que no siempre entre la comodidad y las precauciones que reciben los paseantes.
Hay que proteger tanto a los que están, como a los que se quedan porque allí viven.
A COLACIÓN
    Por lo general, mi familia y yo cada año disfrutamos  el verano en Cancún,  antes elegíamos el mes de agosto, luego lo adelantamos un poco para principios de junio a fin de evitar la volubilidad climática.
En una ocasión el huracán Emily nos tocó en Mérida y nunca tuvimos ningún problema, la gente local se portó muy bien con los visitantes. Unas horas después de que Emily dejó Mérida, viajamos por tierra hacia Cancún donde nos aguardaba una reservación pagada para dos semanas.
En la carretera los estragos de Emily fueron evidentes con palmeras tiradas, árboles, muchas casas de comunidades totalmente destruidas, postes de luz derrumbados. Al llegar a Cancún, en la administración del hotel nos pidieron dos cosas: Esperar unas horas a que ventilara y secara la habitación porque el agua había entrado y segundo, entender que  24 horas después lograría restablecerse el servicio de limpieza ante lo cual no había toallas disponibles. Todas estaban mojadas.
La verdad es que dos días después la normalidad había vuelto a Cancún, al menos a su zona turística. Emily  era recordada por las palmeras que  comenzaban a retirarse; por una parte de la playa sin arena; y el agua anegada en distintas zonas.  Es cierto, al traspasar lo turístico, la vida cotidiana de sus habitantes  mostraba las penurias sufridas, sin agua, ni luz por varios días. En contraste con los hoteles que nunca dejaron de tenerlos.
Por ello consideramos que la concepción de un nuevo plan eje rector del turismo del siglo XXI debe ser integral, no basta con ser competitivo, hay que darle seguridad al viajero y al que vive en el Paraíso que suele sufrir cuando éste se convierte en el Averno.

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