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Libros - August 20, 2007

“Andanzas, sandungas y amoríos”, un hermoso libro de regalo para un escritor legendario y centenario

Una obra llamada a figurar en la
biblioteca de todos los interesados
en la cultura mexicana
Foto: Cortesía Plaza y Valdés

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 20 de agosto de 2007. “‘Andanzas, sandungas y amoríos’ se terminó de imprimir la noche del jueves 30 de noviembre de 2006, a los cien años de vida de don Andrés Henestrosa, rebelde señor, generoso y vital que, bajo el signo de Sagitario en Luna creciente y el apoyo y entusiasmo de su hija Cibeles, dijo su palabra, cantó sus recuerdos y los cobijó con los grabados de Juan Alcázar… Es homenaje y regalo a ese gran zapoteco, mexicano y universal, escritor, compositor y poeta”, se consigna en el colofón de dicho libro, y casi más nada se podría agregar, salvo que se trata de una obra llamada a figurar en la biblioteca de todos los interesados en la cultura mexicana, porque don Andrés ocupa ya en ésta un sitio prominente.

No obstante, podemos añadir que “Andanzas, sandungas y amoríos” es un libro hermoso, agradable a la vista y al tacto, a todos los sentidos. Entrar en él, recorrer sus páginas, es encontrarse con el universo personalísimo e intransferible, simbiótico y proteico, con la sensibilidad y la disposición para vivir alegremente la vida del autor de “Los hombres que dispersó la danza”. Universo que, gracias a “las palabras [que] dan luz a las palabras” de don Andrés, podemos vislumbrar y añorar, darnos una idea de esa casi utópica Arcadia en la que le tocó nacer y vivir sus primeros años de vida.

Mérito mayor le corresponde a Mariliana Montaner, quien se encargó de escuchar e hilar los relatos y las anécdotas que brotaban del manantial del oaxaqueño centenario y de la edición de este entrañable libro. Asimismo, Juan Alcázar, cuyos grabados, poblados de mujeres, animales, erotismo, ambientes y atmósferas, no sólo cobijan, sino que visten y amplían la sabiduría y las imágenes evocadas por Henestrosa.

El libro está prologado por Jacobo Zabludovsky, quien rememora la añeja amistad y admiración que tiene y profesa con y por el escritor juchiteco, nos hace partícipes de las andanzas de éste por el Centro Histórico de la otrora señorial y muy noble Ciudad de los Palacios. Además, incluye una jugosa semblanza preparada por el biógrafo de don Andrés, Adán Cruz Bencomo, y dos excelentes fotografías, una del poeta joven y otra del legendario centenario, la primera del archivo de Cibeles Henestrosa, la segunda de la reconocida fotógrafa Blanca Charolet.

“Andanzas, sandungas y amoríos” (Plaza y Valdés/Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM, México, 2006) es esencialmente un libro artístico, en el que Andrés Henestrosa narra pícara y sabiamente algunas de sus andanzas por el pueblo que lo vio nacer, tan cerca del mar y de un río, con la exuberancia de la naturaleza a su alcance, ante sus ojos ávidos; por San Ildefonso, epicentro del movimiento estudiantil y cultural del México de los años veinte y treinta, con personajes tan célebres como el mismo Henestrosa, vivo éste aún, muertos todos aquellos: José Vasconcelos, Andrés Iduarte, Antonio Caso, Carlos Chávez, Diego Rivera, Frida Kahlo… Todo en un ambiente de sandunga.

Armado casi en forma de viñetas, este libro también resulta delicioso para conocer el arte amatorio de este hablante del huave y el zapoteco y el español, lenguas que, dice él mismo, aprendió del pecho de su madre y de otras mujeres, a las que amó, ha amado y ama, arte en que, a diferencia de Pablo Neruda, “un aficionado”, Henestrosa llegó a ser “casi un profesional”.

Libro homenaje a un escritor, regalo exquisito a los lectores, “Andanzas, sandungas y amoríos” aúna el espíritu alegre y la sabiduría destilada de un hombre –que nos ha legado en vida una obra perdurable e imprescindible en la literatura mexicana y una trayectoria ejemplar e irrepetible en la cultura mexicana– con la irremediable añoranza de un mundo que ha desaparecido, que ha dejado de pertenecernos y del que definitivamente hemos sido expulsados.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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