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Libros - July 31, 2007

“Valles y sus remembranzas” se presentó en el XII Festival de la Huasteca

Julián Díaz Hernández ha obtenido
varios premios municipales, estatales
y nacionales de periodismo
Foto: Gregorio Martínez M./Azteca 21

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Huauchinango, Puebla. 31 de julio de 2007. Con una carrera de casi 20 años en el periodismo, en la que ha colaborado en casi todos los medios de la huasteca potosina, tanto en diarios y revistas, como en radio y televisión, Julián Díaz Hernández es desde hace unos meses el cronista oficial de Ciudad Valles, San Luis Potosí.

También escribió “Valles y sus remembranzas”, su primer libro, que se presentó en ese municipio potosino en marzo pasado y ayer aquí, como parte de las actividades del XII Festival de la Huasteca, pues fue editado por el CONACULTA, dentro del Programa de Desarrollo Cultural de la Huasteca, y la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí.

Aprovechamos la ocasión para platicar con Julián, quien nació en el municipio considerado como la “Puerta Grande o la Capital de la huasteca potosina”, en 1972. Nos cuenta que desde la adolescencia se interesó por la escritura periodística y por los sucesos de Valles, que lo impulsaron a ir recopilando material fotográfico y audiovisual, anécdotas, registros de todas las cosas que alteraban la vida social y política, así como la faz arquitectónica de esta urbe. Su definitiva vocación periodística lo hizo abandonar sus estudios de contaduría. “Ya no cuento números, ahora cuento historias”, dice este apasionado por su ciudad, por cuyo trabajo ha obtenido varios premios municipales, estatales y nacionales de periodismo.

También es el editor de la revista “Panorama”, en Ciudad Valles, en la que publicó “Las sillas vacías”, que lo hizo acreedor al Premio Estatal de Periodismo “Filomeno Mata” en el género de crónica. Con “Valles y sus remembranzas”, investigación histórico-periodística, “viene a llenar un hueco importante en nuestra sociedad”, asienta en la contraportada de la obra el historiador Francisco Gutiérrez Castellanos.

Por cierto, la portada del libro la ilustra una acuarela, “Tianguis y parroquia”, del pintor Fernando Domínguez García, a quien Julián hace un reconocimiento post mórtem al inicio de su texto. Además, señala que se basó en parte en el ya clásico de Joaquín Meade, “Historia de Valles”. El autor dividió su trabajo en 18 capítulos e inicia desde el principio, es decir, desde la fundación de Ciudad Valles, sigue con la evangelización, sociedad colonial, el crecimiento, la gesta independiente, conformación política, invasión e imperio, el porfiriato, arribo al siglo XX, la revolución, la posrevolución, los años treinta, Valles en los cuarenta, camino a la modernidad, segunda parte del siglo, al ritmo de los sesenta, la ciudad que conocí y de cara a la actualidad.

Dentro de esta división, se encuentran apartados que pueden servir de guía al lector, para leer lo que resulta de su especial interés, como “La llegada del cine”, “El famoso cine Alcázar”, “El escudo de Valles”, “Anécdotas cantinflescas”, “Jorge Negrete en Valles”, “Don Joaquín Meade”, “El ‘Negro’ Marcelino” –legendario huapanguero–, entre otros muchos.

Sin duda, con este libro, el periodista que respeta el trabajo de historiar y no asume el suyo como tal, ha pasado ya a la Historia de Valles con esta contribución a la historiografía local y estatal, por lo menos.

No obstante, sin demeritar en nada su valor, debo señalar algunos puntos: es de lamentar la ausencia de un apartado dedicado a don Heliodoro Copado –que, supongo, hubiera llenado, por lo menos, las tres páginas que dedicó a “El Negro” Marcelino, pues los dos célebres personajes del son huasteco no eran vallenses de nacimiento– y la falta de un índice onomástico, tan útil en este tipo de obras.

Por último, Julián nos comentó que entre sus proyectos futuros están la publicación de tres libros, “Valles y sus personajes”, “Valles y sus calles” y “Huasteca potosina. Rostros y lugares”, que luego quiere realizar en video, “una visón hasta cierto punto etnográfica, que muestre cómo vive el huasteco potosino”, concluye Julián Díaz Hernández, pues también es un apasionado de hueso colorado de la fotografía y los medios audiovisuales.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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