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Por la Espiral - July 20, 2007

Subsidios disfrazados

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Subsidios disfrazados
-EUA y UE los aplican
-Urge rescatar al campo

La economía adolece de una serie de imperfecciones que provocan distorsiones en distintos mercados con efectos tan variados en los factores de la producción, el crecimiento y el desarrollo.
Por mucho la economía global está edificada sobre de una base de inequidad y desigualdad en la posesión de los recursos; en las formas y mecanismos de explotación; y en los canales de distribución. Las disparidades permean en los resultados, tanto cuantitativos como cualitativos.
Desde el siglo pasado ha sido perceptible que en la medida en que la tecnificación avanza, al tiempo que se profundiza la competencia mundial y el liberalismo, la pirámide de la producción ha sufrido un cambio en su estructura, sobre todo en aquella de los países con desarrollo desigual.
En la década de los sesenta, las corrientes del desarrollo y la ideología cepalina predominante en América Latina alentaron a la sustitución de importaciones y al fortalecimiento del mercado interno. Un punto en cuestión es que se cayó en la monodependencia en las materias primarias y en la monoexportación que fue aprovechada dentro de un mundo de la posguerra, dominado por la reconstrucción y la Guerra Fría.
En aquéllos años sucedió que en los países con desarrollo desigual, la política de industrialización fue asimétrica para el mercado interno y carente de estímulos para la exportación de manufacturas.
La asimetría fue inocultable cuando a partir de la década de los noventa, el gran capital promovió la caída del bloque socialista y el capitalismo se abrió paso con la nueva ideología del crecimiento hacia afuera; del libre mercado y la globalización, entonces las economías monodependientes empezaron a resentir hondas y profundas consecuencias en el aparato de la producción.
El sector agrícola de estos países ha sido el menos preparado para la apertura y el que mayores costos económicos y sociales ha pagado.
Si en la primera y la segunda guerra mundial, y en la posguerra, los países con desarrollo desigual se encargaron de surtir granos y materias primas básicas, lo que llevó a definir una relación entre un centro y una periferia; ésa relación cambió ante las políticas de subsidios y por el proteccionismo de los países más desarrollados que, inteligentemente, estructuraron acuerdos para liberalizar el comercio de bienes manufacturados pero que, contrariamente, dejaron encerrados entre corchetes a los productos del sector primario de la producción.
Los subsidios y el proteccionismo de los países ricos están minando la fuerza de agricultores, ganaderos, pescadores y silvicultores de buena parte del mundo.
De acuerdo con la OCDE, en el caso de México, entre 1990 y el año 2001, el gobierno canalizó 7 mil millones de dólares en forma de apoyos al campo y entregó directamente subsidios por 5 mil 700 millones de dólares a los productores del campo. Al contrario de lo que se cree, la tónica en México como en otros países en situación similar, es la de reducir cada vez más los subsidios al campo ante las presiones del GATT, el TLCAN y la OMC por eliminarlos para evitar distorsiones en los precios en la competencia internacional.
Una forma interna de sustituir los apoyos directos a la gente que trabaja en cualquier actividad primaria es por medio de los créditos y financiamientos, privados y públicos, en pequeña escala y a la palabra, dentro de programas de Nafin, Sedesol, Sagarpa y Economía.
En tanto, las políticas públicas se orientan en el caso de México a reducir los subsidios, sucede todo lo contrario con países como Estados Unidos y aquellos que forman parte de la Unión Europea (UE). Mientras que nosotros eliminamos los subsidios a los productores primarios, lo sustituimos por créditos y financiamiento, los países más industrializados protegen a sus productores. El resultado es el empobrecimiento del sector, el debilitamiento de la fuerza laboral y la incapacidad de competir por medio de costos y precios con los productores de maíz, trigo, sorgo, arroz, de Estados Unidos, la UE y Japón.
En buena medida la soberanía alimentaria de los países con desarrollo desigual de América Latina, África y Asia se ha visto hollada por tal maniobra; y en buena medida podemos encontrar aquí, al gran culpable del abandono de las áreas rurales a favor del éxodo que parte hacia Estados Unidos. En Europa, España es el principal país receptor de mano de obra de la parte de África Subsahariana y de miles de marroquíes y magrebíes que huyen de la miseria. También Alemania enfrenta un problema similar con la llegada de turcos, polacos, búlgaros y croatas.
El sector primario de muchos países está en una seria descomposición y en una grave crisis producto de los subsidios y del proteccionismo de Estados Unidos y la UE.
Podemos, por ejemplo, abordar el caso de Uganda, un país que produce 800 millones de litros de leche al año, pero que apenas puede vender 22 millones de litros en sus centros urbanos, y el resto es prácticamente imposible exportarlos por las políticas arancelarias de los más industrializados.
Otro sector en crisis es el cafetalero lo mismo en México, Colombia, en Perú o en Brasil. A finales de los ochenta, los países productores ganaban entre 10 mil y 12 mil millones de dólares al año por la venta de café. Ahora, reciben ingresos apenas para comer.
Podemos citar infinidad de casos, diversas controversias han envuelto a países de América del Sur ante la imposibilidad de vender plátanos, sin fricciones y trabas, a los países de la UE.
Se comprenderá entonces que son los países con desarrollo desigual los que tienen un mayor interés por lograr los equilibrios en el mercado agrícola, con planteamientos como el de una reducción del 60% de las ayudas que conceden los países más industrializados a sus sectores.
A COLACIÓN
Ni Estados Unidos ni la UE han dado pasos reales para reducir sus políticas de subsidios agrícolas, que son las más preocupantes. Durante el primer periodo de gobierno del presidente George W. Bush, se aprobó una ley para aumentar en un 70%, a lo largo de una década, los subsidios a los agricultores estadounidenses cuyas ayudas subieron a 20 mil millones de dólares de forma anual.
Estamos hablando de muestras de escasa voluntad, de una forma de continuar con un mecanismo perverso que distorsiona al comercio internacional y que contribuye a perpetuar la pobreza de los países asiáticos, africanos y latinos.
Tenemos que hacer un frente común para rescatar a nuestras actividades primarias. ¡Urge!

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