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Por la Espiral - July 12, 2007

BSCH y BBVA frente a la RSC

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-BSCH y BBVA frente a la RSC
-Apoyos a la educación
-Beneficio en doble vía

Al ser empresas europeas las que más avanzan en el sentido de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) por la normativa comunitaria y el Libro Verde, muchas de estás prácticas tienen calado en las casas subsidiarias en América Latina.
    Por ejemplo, el BSCH se adhirió de forma voluntaria al Pacto Mundial de las Naciones Unidas, desde el 9 de abril del 2002. Desde entonces viene instrumentando una serie de programas de tipo social en los países en los que actúa, principalmente en América Latina.
Desde el año 1999, Santander lleva a cabo Santander Universidades, un programa de colaboración con las universidades en Iberoamérica con dos grandes ejes de actuación: 1)  Convenios de colaboración con más de 500 universidades y centros de investigación. 2)  Universia,  red de cooperación universitaria.
De acuerdo con la Memoria de Responsabilidad Social Corporativa del BSCH, en los diez últimos años, se han promovido más de 400 proyectos de microdesarrollo con universidades y empresas.
Para el BSCH, la  Responsabilidad Social Corporativa tiene tres líneas de actuación: 1) Un programa global de colaboración con las universidades que apoya la educación superior. 2)  Programa Universia y donación de ordenadores.  3) Microdesarrollo.
En México, el BSCH aplica la donación de ordenadores, aprovechando la renovación tecnológica, para su entrega a diversas instituciones sociales y culturales. Se incide en familias con niveles de ingreso ubicadas con dos euros diarios, con hijos en áreas urbanas o semi urbanas que requieren de apoyo tecnológico para adquirir una computadora para sus tareas.
Con Universia, la dotación es de becas de apoyo mensual para que el estudiante pueda iniciar una carrera universitaria, siempre y cuando, éste sea una persona  con promedio superior a 8. Las  becas se otorgan sin importar si la elección es una universidad pública o privada.
    En el caso del BBVA, el grupo español  esta suscrito al  Programa Medioambiental de las Naciones Unidas para Instituciones Financieras y el Pacto Mundial para el liderazgo empresarial. También a la Declaración Universal sobre Derechos  Humanos de las Naciones Unidas.
Dentro de la RSC implementan el Plan Marco de Acción Social con una atención  a la educación basada en el  compromiso de dotación de al menos el 0.7% del beneficio del grupo en la región (casi 15 millones de euros  en 2007).
En el renglón de México, los recursos aplicados mediante el Programa de Becas de Integración “Por los que se quedan” contabilizan 5 mil apoyos, de 65 euros   mensuales cada uno, para estudiantes de secundaria que habitan en zonas de alta migración.
Ello se complementa con la estrategia de una Fundación para las microfinanzas, con un fondo de 200 millones de euros.
El grupo de acción para incidir son: estudiantes interesados en la beca deberán tener un promedio mínimo de 8.5 de aprovechamiento, ser de nuevo ingreso en las escuelas participantes, ser familiar de migrante y no tener ninguna relación con el banco. La beca se concede  por los tres años que dura la secundaria.
Por el lado de la responsabilidad social, lo novedoso de este programa es que por vez primera, personal de la propia  institución fungirán como “padrinos” de los estudiantes y vigilarán el aprovechamiento de las becas y la rentabilidad de los micronegocios.
    Ahora bien, ¿cuánto puede influirse en el entorno para generar resultados positivos de recambio social? ¿Quién obtiene verdaderamente los mayores beneficios de ser socialmente responsable?.
    Me parece que el impacto local de los programas de becas  es mínimo y el de microfinanzas habrá que llevar un control de seguimiento para analizar cuántos casos se lograron de éxito al incorporar a las personas a la producción y a los canales formales de la economía.
El problema de la RSC es que al estar en proceso de construcción no existen todavía los instrumentos eficaces para medir su grado de impacto, hacer evaluaciones en torno a los casos de éxito.
    Lo que se encuentra es un entusiasmo denodado por parte de los gobiernos locales de América Latina dispuestos a otorgar dispensas fiscales a los grupos empresariales que manifiestan alguna línea de participación social.
A COLACIÓN
    Una buena parte de los beneficios obtenidos por ambos grupos derivaron de su margen financiero basado en el diferencial de las tasas de interés, las que cobran por los créditos  y las que pagan por los ahorros de sus clientes. Otra parte considerable resultó de los ingresos obtenidos por el cobro de comisiones en todos sus servicios.
    Así es que cuando se habla de la adopción de códigos de ética, de estándares internacionales para la cooperación, de asumir una actitud socialmente responsable para con la economía y la sociedad en la que se incide es muy cuestionable la utilización de categorías de responsabilidad social que, hasta el momento, pueden prestarse a muchas dobles intenciones donde son las propias empresas las que se benefician y es poco, realmente, el impacto positivo en el entorno.
    En países como México, las fundaciones, organizaciones no gubernamentales y los programas privados de corte social, gozan de grandes privilegios fiscales.
    Si bien BBVA aplica el 0.7% de su beneficio a la responsabilidad social y el BSCH lo hace con el 2.7%, es mucho más lo que en aspectos contables  y financieros obtienen por la aplicación de programas educativos: los ganadores son Fundación Bancomer y Fundación Santander.
En muchos casos, hay una línea en paralelo entre una empresa que crea una fundación y los beneficios fiscales, es entendible entonces el porque de la fiebre de las fundaciones, la moda por ayudar a terceros esconde en el fondo todo lo que Hacienda condona en deducciones, exenciones, deducibilidades y devoluciones de impuestos.
Y como el gobierno no mide la efectividad de los programas porque nacen de la inventiva y “buena voluntad” de la iniciativa privada, no se sabe cuántos casos logran madurar, son realmente exitosos y permiten operar un cambio de lo negativo a lo positivo. Queda en las manos de las empresas la autorregulación de la responsabilidad social.
A la fecha, no sabemos cuántos casos Universia terminaron realmente la universidad, y si han logrado insertarse favorablemente en una actividad laboral. Un aspecto positivo se detecta en la decisión del BBVA de crear comités de empleados “padrinos” que den seguimiento, evaluación, a las becas y microcréditos que sean destinados en el programa recién presentado. Quizá más adelante puedan conocerse las primeras cifras y los resultados.

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