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Por la Espiral - July 2, 2007

Razones de la RSC

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Razones de la RSC
-Empresas interesadas
-Repentina voluntariedad

Debido al interés que ha despertado entre nuestros amigos lectores el tema de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) con mucho gusto vamos a dedicar una serie de columnas para hablar acerca de la misma.
    Considero que es oportuno el abordaje dado el calado que ésta tiene incluso en la innovación de posgrados y maestrías en distintas universidades en México. Espero que puedan seguirme para no perder el hilo conductor en esta primera, de tres partes. Desde luego siempre estoy disponible para la retroalimentación.
    Parece que en un mundo dominado por el capitalismo, la producción y la maximización de las ganancias, la economía y la ética resultan incompatibles, ¿acaso las multinacionales o transnacionales pueden tentarse el corazón para decidir menores ganancias a costa de implementar un eje que vertebra la acción moral del quehacer empresarial?
    En los últimos veinte años, las empresas multinacionales han ido adquiriendo un peso preponderante en el aspecto político, económico, financiero y bursátil; con el acelerado ritmo de la transnacionalización del capital algunas multinacionales han pasado a tomar posesiones de activos mediante la inversión extranjera directa en casi todos los rincones del planeta y principalmente en las economías emergentes.
    El Banco Mundial calcula que el flujo de la inversión extranjera directa, su trasiego a nivel global, se ha multiplicado por diez a partir de la década de 1990.
    De acuerdo con información de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, tan sólo de 1996 a 2000, América Latina y el Caribe recibió flujos de inversión extranjera directa por 70 mil 594.9 millones de dólares.
    La mayoría de estas inversiones fueron realizadas por multinacionales y transnacionales estadounidenses, españolas, holandesas, suizas, francesas, británicas, germanas e italianas.
    De esta forma en los últimos años,  nuevos actores internacionales como las multinacionales y transnacionales lideran una ola de cambios no sólo de profundo calado económico-financiero, también cultural y de contrapeso a los Estados. En algunos casos el tamaño de estas sociedades económicas ha llegado a superar a la riqueza anual de diversos países emergentes.
En la medida en que la globalización como proceso ha ido aumentando en interdependencias y en complejidad de los flujos comerciales  y de capitales, la empresa multinacional y transnacional es protagónica del rumbo de la economía mundial, las revoluciones industriales, los desequilibrios económicos, las integraciones regionales, las alianzas políticas con los gobiernos o en todo caso sobreposición de sus intereses.
Actualmente, en distintos foros  se analiza el rol de estos nuevos actores desde el punto de vista cultural, político, militar, desde luego económico-financiero y también en la esfera de la cooperación internacional.
De la mano de las empresas,  la cooperación va cobrando un nuevo sentido, muy distinto al de las concepciones predominantemente desarrollistas surgidas después de la Segunda Guerra Mundial, en la década de los cincuenta y sesenta, basadas en el crecimiento económico como objetivo central; hasta avanzar en la década de los noventa  a revisarse el sentido y los esquemas de la cooperación bajo la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).
    Las empresas, ante las decisiones de sus consejos de administración, adoptan de manera voluntaria una serie de protocolos internacionales con el afán de avanzar en criterios de ética económica, participación con el entorno, involucramiento con la comunidad; y en los últimos años,  el medio ambiente.
    Hoy en día, la gestión empresarial experimenta la filosofía de  la empresa para participar en programas sociales e incluso ambientales.
De la mano de la ética empresarial emerge la autorregulación empresarial, los consejos de administración han adoptado códigos de conducta, buenas prácticas corporativas, el código interno para los empleados. La gestión empresarial se define de responsabilidad corporativa o de responsabilidad empresarial y  surgen nuevos fondos de inversión  bajo la modalidad de las inversiones socialmente responsables. Incluso son analizados  términos de una ciudadanía corporativa.
A COLACIÓN
¿Mesías o leviatán? La controversia acerca de la responsabilidad social corporativa es todavía incipiente, aunque diversos autores la señalan de positiva por surgir de “la voluntad de las empresas”, otros no dejan de argüir que el denodado sentido altruista y pro ambientalista principalmente entre las multinacionales y transnacionales no dejan de beneficiarles a éstas mismas, al atraer a una base de clientes y accionistas identificados con las demandas globales.
Hasta la fecha no existe una definición internacionalmente aceptada y única de responsabilidad social corporativa o responsabilidad empresarial o responsabilidad social empresarial, a la que muchas veces se le confunde como sinónimo de sustentabilidad empresarial o práctica amigable con el medio ambiente.
Quizá sea porque al indagarse en los orígenes de los conceptos que pudieron llegar a parir a la RSC se encuentran autores como Coase (1960), con estudios sobre la relación de la empresa y la contaminación ambiental.
    En “el problema del Coste Social”, Coase determinó el costo de transacción entre un propietario de un fábrica que generaba vertidos fluviales y los agricultores locales. El autor se planteaba como, al largo plazo, la instalación de un sistema de filtros aunque representaba un gasto inmediato para el empresario a la larga se convertía en un beneficio de doble partida por el lado del incremento de la rentabilidad y la aceptación social de los consumidores.
En 1970, Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo económico  e impulsor del monetarismo aseguraba de forma visionaria que tarde o temprano las grandes empresas ejercerían un rol esencial en el mundo, donde el quehacer de la política y el comercio tendrían muchos vasos comunicantes. Friedman no se equivocó.
    Tres años después,  K.J. Arrow, señaló en “social responsability and economic efficiency”, que las empresas estadounidenses con perfil  transcontinental llegarían al punto de adaptar criterios constreñidos a la esfera de la acción de las políticas públicas en el sentido de la aplicación de los programas sociales. Arrow avizoraba el crecimiento en tamaño y relevancia de las empresas con un proceso de transnacionalización del capital como nuevos actores internacionales.

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