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Por la Espiral - June 13, 2007

Dialéctica de los derechos humanos

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Dialéctica  de los derechos humanos
-La realidad llama a la puerta
-Constitución Europea, truncada

La  génesis de los derechos humanos en Europa y de su proceso de evolución, lleva a ubicar una serie de elementos de imprescindible valoración para ubicar el contexto, significado y relevancia de la taxonomía cultural de los derechos humanos que tanto eco adquieren en los albores del siglo XXI, recogiendo algunos principios fundamentales de siglos pasados e incorporando nuevos alcances de profundo sentido humanista.
    Sin tener una fecha exacta  para ubicar el origen es, en el siglo XV, en pleno furor por la conquista y descubrimiento de  América, que el enfrentamiento ante “el nuevo mundo”, con sus pobladores naturales, despertó polémicas acerca de la condición filosófica, ontológica y el trato ha dispensar hacia los conquistados.
    Algunos de los debates lograron cristalizar los primeros “embriones” de lo que, de forma evolutiva, fue desarrollando el concepto de derechos humanos. Así, las Leyes de Burgos, del 27 de diciembre de 1512, son un punto de partida.
    Dichas leyes tuvieron eco y repercusión en lo que se analizó y conceptualizó en el siglo XVI y XVII en materia de derechos humanos, en las aportaciones de Jean Bodin, Hugo Grocio, en el sentido de la tolerancia religiosa y los derechos naturales.
    Tampoco debe soslayarse a     Thomas Hobbes, a pesar de que  defendió la causa del absolutismo monárquico, lo hizo no en nombre del derecho divino, sino del interés de los individuos y la paz.     Hobbes formuló la teoría del contrato social para justificar la existencia del Estado.
Interesado en la misma ruta,   John Locke  utilizó el positivismo y el método científico, pero llegó a conclusiones opuestas a las de Hobbes.  También Locke formuló la teoría del contrato social, indagó en el derecho a la propiedad privada, a la vida; y abogó por la existencia de un gobierno limitado garante de la paz, las instituciones y el orden.
    Después de la segunda mitad de 1650 persistió la discusión acerca de la libertad religiosa y la separación de la sociedad civil y eclesiástica.
    Hasta entonces se subsume de forma incipiente el reconocimiento hacia un derecho inalienable al ser humano ubicado en la concepción elaborada por el antiguo régimen que concedía o negaba y colocaba a una figura despótica en el centro de todas las voluntades.
    Continuaron las reflexiones de hasta dónde podía llegar ese poder, en qué punto era un exceso, hasta dónde tenía alcance  para  ejercer una autoridad; y si ésta era ilimitada o limitable.
Los conceptos fueron cambiando en la medida en que fue modificándose el imaginario europeo, transitando en una dialéctica que alteraba el orden de las cosas, reubicando el poder del monarca, pariendo nuevas instituciones, delimitando funciones y dando paso a las reformas; en la medida en que fueron reinventándose los Estados-nación, con su morfología particular, ese incipiente debate de derechos humanos fue creciendo e incorporando anotaciones conceptuales y normativas que tendrían en la Constitución Francesa un punto de referencia ineludible.  
    Con Jean Jacques Rousseau, su razonamiento del estado de la naturaleza y el paso a la sociedad civil, junto con los preceptos de la Revolución Francesa de: Libertad, Igualdad y Fraternidad, se universalizan los derechos del hombre y el ciudadano con “la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, del 26 de agosto de 1789.
    La República Francesa recoge un derecho inalienable, intrínseco a la propia condición humana, que no es traficable, intercambiable, intransferible, ni irrenunciable, porque no depende de ninguna voluntad externa.
    Es interesante que los Estados comenzaron a incorporar elementos de fortalecimiento y derecho de las libertades individuales en la medida en que fueron surgiendo constituciones liberales y refrendándose los conceptos de ciudadanía.
En el libro “Historia temática de los derechos humanos”, Ramón Soriano y Juan Carlos Suárez Villegas, apuntan que para entender la historia presente de los derechos humanos tiene que estudiarse una selección de momentos muy significativos del proceso de reconocimiento de los derechos que marcaron época.
A COLACIÓN
    Europa sigue manteniendo un ciclo muy vital en alimentar el concepto, la amplitud y la práctica de los derechos humanos.     En la historia reciente de los derechos humanos,  en la Europa de la posguerra, tras la Segunda Guerra Mundial, surgieron  el Convenio europeo de Derechos Humanos de 1950; en el ocaso de la guerra fría, la Carta Social europea de 1989; y en la Unión Europea buscando su consolidación nació la Carta de los derechos fundamentales del 2000; entre otros más.
    Así, al llegar a los albores del siglo XXI, los preceptos de derechos humanos ingresaron de forma comunitaria en la Constitución Europea con  profundo corte humanista. Si bien, la aprobación de la Constitución Europea está detenida tras el voto en contra de Francia y Holanda, el camino no se trunca  y para el 2009 se anticipa una  nueva votación entre los países miembros de la Unión Europea.
    Asimismo, en el imaginario actual, de una Europa que modifica su rostro ante el impacto de la inmigración y las corrientes culturales intrínsecas al movimiento humano, la  Declaración de Friburgo, en los derechos humanos de los derechos culturales, tiene entre sus manos el análisis de la  libertad para las corrientes de inmigrantes “de dar y recibir una enseñanza de y en su idioma y de y en otros idiomas; al igual que un saber relacionado con su cultura y sobre las otras culturas; como la libertad de los padres de asegurar la educación moral y religiosa de sus hijos, de acuerdo con sus propias convicciones, siempre que se respeten la libertad de pensamiento, conciencia y religión reconocidas al niño, en la medida de la evolución de sus facultades”.
Desde mi punto de vista, en Europa la reivindicación de la defensa de los derechos humanos es un ejemplo transcontinental por cuanto se logre avanzar en la inclusión de nuevas libertades fundamentales como el reconocimiento a los derechos culturales del  movimiento migratorio;  aunque luego emerjan distorsiones preocupantes como la xenofobia por el velo, los foros de discusión son permanentes en relación al tema de la identidad, el debate de la absorción, asimilación, exclusión o integración.
    En América vamos más retrasados en el debate y en la ampliación del concepto de los derechos humanos, serviría un encuentro trilateral México-Estados Unidos-Canadá para discutirlo al más alto nivel y avanzar en la inclusión de los derechos  de los más desprotegidos que son desde luego los más vulnerables so pena de subrayar que lo padecen como hijos naturales o inmigrantes.

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