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Música - June 12, 2007

“Juan Reynoso. El Paganini de la Tierra Caliente” interpreta sones y gustos

La maestría de Don Juan Reynoso
en un disco que nos muestra porque
debe ser considerado una gloria
de la música de México
Foto: Cortesía Discos Corasón

Por Gregorio Martínez Moctezuma

Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 10 de junio de 2007. Hace ya casi medio año que falleció Juan Reynoso, el violinista más importante de la música calentana de Michoacán y Guerrero. Quizás también sea necesario agregar que fue uno de los más importantes de toda la historia musical mexicana. Esto sólo para insistir en la importancia de este hombre nacido en Guerrero, en el lindero de los dos estados mencionados, aunque avecindado durante la mayor parte en el lado michoacano.

Este próximo 24 de junio don Juan cumpliría 95 años, si nos atenemos a que nació en 1912. Hace poco más de un año, el Ayuntamiento de Morelia y el Gobierno del Estado de Michoacán se honraron al honrarlo con la Presea Generalísimo Morelos. Don Juan tocó esa ocasión memorable, magistral e insuperablemente, con todo el virtuosismo que le confirieron casi noventa años de tañer el violín.

Hace tres meses, en este mismo espacio, dimos cuenta de una grabación que en ese momento estaba a punto de agotarse, de salir del mercado. Ahora, queremos hacer un recuerdo de ese músico genial mediante otra grabación: “Juan Reynoso. El Paganini de la Tierra Caliente” (Discos Corasón, México, 1993), que, a modo de explicaciones, tiene como subtítulos las frases “Interpreta sones y gustos” y “Grabaciones históricas 1972-1993”.

Ambas frases son claras, pero la última merece una explicación más, consignada en el cuadernillo que acompaña al disco compacto. Éste, que incluye 15 temas, es una selección de las mejores interpretaciones de don Juan de cuatro grabaciones hechas por Eduardo Llerenas y Enrique Ramírez de Arellano en un lapso de 21 años, entre 1972 y 1993.

Lo anterior adquiere más relevancia si pensamos que, por ejemplo, en cinco de esos temas acompaña a don Juan su hijo Maximino, de quien se ha dicho antes que tocaba la guitarra y cantaba muy bien. Al escucharlo, podemos corroborar esto, pero también la voz ideal, en el sentimiento y la nobleza, para ese violín insólito.

Asimismo, en este disco tenemos la oportunidad de escuchar temas clásicos del repertorio calentano, como “La mariquita”, “La tortolita”, “El gusto federal”, “La rema”…, pero, sobre todo, de regocijarnos con la maestría de este artista, no sólo regional, que da realce a la música de México. Y, como tal, merece no sólo toda nuestra admiración y nuestro respeto, sino también mayor reconocimiento nacional. Y con discos como este que comento, más asequible que otros donde igualmente refulge la música de don Juan, al escucharlo, podemos contribuir a otorgarle el sitial que debe ocupar en la historia de la música mexicana. Sí, lo reitero, don Juan Reynoso es una gloria nacional. Ojalá nuestras autoridades culturales y educativas contribuyeran a este reconocimiento de manera más decidida y efectiva. ¿Cómo? Por ejemplo, al instituir una cátedra extraordinaria para conocer más de su vida y obra. Sólo así su legado musical reflejará en parte su grandeza, y la mayoría de los mexicanos se enterarán de que hace menos de un año murió un genio de nuestra música, diferente, pero tan grande como el italiano al que fue comparado.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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