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Por la Espiral - June 7, 2007

La crisis de las profesiones

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-La crisis de las profesiones
-El mito del mejor salario
-Las carreras del futuro

En México generalmente nos quejamos de los bajos salarios y los estímulos pagados en los tabuladores para profesionistas. La devaluación de los sueldos  ha contaminado lo mismo al sector público, que al privado.
    Hace veinte años quienes estaban a punto de terminar la preparatoria,  en el último año del bachillerato, tomaban la dura decisión de qué carrera elegir, hacia dónde inscribirse para presentar un examen de admisión. Todavía carreras como medicina, derecho, odontología y contabilidad padecían  saturaciones por la demanda del alumnado.
    En aquel escenario de décadas atrás los padres jugaban un rol de influencia notable en las decisiones escolares de los hijos y las orientaciones vertidas circundaban en torno a la seguridad económica que pudiera alcanzarse gracias a determinada profesión. Entonces era impensable que un médico, abogado o contador sufriera por forjarse un futuro estable.
    Para el grupo de escolares de 15 o 16 años que tenían claro lo qué querían ser, el camino ha sido menos difícil en comparación con los jóvenes que dieron saltos de una carrera a otra, frustrados porque ninguna llenó sus  expectativas.
    De aquella época recuerdo la insistencia de mis padres por inclinarme a estudiar medicina o contabilidad, a pesar de que siempre conocieron mi propensión por la economía, el deseo de estudiar esta ciencia tan apasionante era la motivación por tratar de comprender el por qué de tantas disparidades entre ricos y pobres; fundamentalmente el origen de la pobreza.
    Cuando a los 15 años dije que estudiaría economía, mis padres se sobresaltaron, lo pensaron varios días hasta que respiraron confiados “porque al menos una economista encontraría trabajo en un banco”. Recuerdo que mi madre me dijo “los bancos pagan bien, te dan préstamos y excelentes prestaciones. Es un empleo seguro”.
    Pasado el tiempo la verdad es que nunca he trabajado en un banco, y hace mucho que los bancos dejaron de ser un nicho laboral estable, con perspectivas de crecimiento para el empleado.
    Hace poco cumplí  diez años de egresada de la universidad, de la carrera de economía, y no me arrepiento, al contrario me enorgullece haber obtenido una formación con una visión tan amplia. Yo al menos siempre recomiendo  estudiar economía.
    Con los estudios de posgrado que acabo de terminar en Madrid, España en la Universidad de Alcalá y el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, la convivencia con un grupo tan heterogéneo de estudiantes ha refrendado mi vocación humanista y social que me proporciona la economía. Y si todo sale bien, en octubre comienzo el doctorado.
    Precisamente con el posgrado concluido (en vías de entregar la tesis antes del 31 de agosto para obtener el grado) he dedicado tiempo para valorar el mercado de trabajo en España llevándome menudas sorpresas  que me llevan a razonar la crisis en los sueldos y salarios  en las profesiones. Hay un efecto de contagio en América Latina, Estados Unidos y muchos países de Europa.
    Además aprecio una asimetría entre los sueldos pagados a las profesiones al respecto de  oficios y actividades desempeñadas en el sector servicios.
    Por ejemplo: en Madrid algunos profesionistas con doctorado  ganan entre 900 a mil euros mensuales en institutos privados. Con ese nivel de salario es auténticamente imposible pagar un alquiler en un barrio medianamente decente. Los precios de alquiler superan los mil euros mensuales y adquirir una  hipoteca privada es un desafío. De acceder a las viviendas subvencionadas por el gobierno, la  hipoteca congelada es de 600 euros mensuales. Con el resto, 400 euros, no hay forma de vivir en Madrid: de pagar por la comida (un menú de comida cuesta mínimo 8 euros, un café entre 3.50 y 4 euros); el transporte (un boleto de 10 viajes cuesta 6.40 euros y el abono mensual el abono del  metro y autobuses 42 euros); el ocio (un boleto de cine cuesta 6 euros); o siquiera ahorrar.
    Este panorama destapa una crisis en donde casi cualquier profesionista padece por el ejercicio de su profesión, salvo que atine ingresar a una institución con un tabulador de buenas remuneraciones. Los bancos no figuran dentro de este catálogo.
    Una vez que se va escudriñando en la valoración de las profesiones, en las conversaciones entre los profesores del posgrado, amigos y conocidos van proliferando los casos de antropólogos que trabajan en quioscos de periódicos y revistas que les proporcionan  ingresos mensuales de 2 mil 700 euros; de historiadores que manejan un taxi para obtener 3 mil euros mensuales; de odontólogas ejerciendo actividad de  meseras en un restaurante por mil euros mensuales; o en un bar, sirviendo copas, con la opción de  mil 200 euros mensuales, más las propinas.  
    Lo mismo  doctores que trabajan en ventas por teléfono, abogadas que cuidan niños, pasean ancianos o hasta perritos por  25 a 35 euros por hora. Una dependienta obtiene 900 euros al mes, lo mismo que un profesionista con preparación de doctor.
    El hecho es muy llamativo, altamente revelador de que hace años que las profesiones cayeron en un bache, atrapadas en una crisis, donde las clases medias sufren por los efectos nocivos de la globalización de los bajos costos. El traslado negativo  recala en la clase media que ha visto depauperar su nivel de vida, la incapacidad de lograr -con su preparación-,  lo que aspiraron sus padres hace cuarenta años. Hoy se gana menos, se trabaja más y se vive peor.
A COLACIÓN
    Cuando estudiar una carrera no basta para encontrar el empleo bien remunerado, se dedica tiempo y dinero para el aprendizaje de uno o varios idiomas; la especialización con el posgrado; y culminarlo con el doctorado. So pena de subrayarlo ello tampoco augura hoy en día la tranquilidad laboral, ni salarial.
    En Estados Unidos, el informe del Proyecto sobre Movilidad Económica, reveló que la esperanza de que la generación actual lo iba  a hacer mejor que su predecesora no funciona. El mito de la superación generacional se refleja en la tasa de movilidad no sólo de Estados Unidos sino de otros países como Canadá, Francia o Alemania.
    De acuerdo con el estudio, entre 1974 y 2000, la productividad subió 56% en Estados Unidos mientras que los ingresos salariales lo hicieron un 29 por ciento.
    El propio Brooking Institution a partir del Analysis Current Populations Survey, del  Census Bureau, señala que los hombres de 30 años ingresan menos hoy que los de la generación de sus padres. Y probablemente cambien más de 5 veces de trabajo, muchas veces frustrados por los bajos salarios.

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