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Por la Espiral - May 25, 2007

La responsabilidad social

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-La responsabilidad social
-El enfoque europeo, parangón
-Empresas son las ganadoras

La economía mundial atraviesa por un momento de  dinamismo. La rápida velocidad del cambio está generando gran incertidumbre dado  que no es fácil calcular, exactamente el impacto de los acontecimientos económicos, unos con consecuencias positivas, otros con negativas.
En la parte de las externalidades, a la  pobreza, desigualdad del desarrollo y del  ingreso, van sumándose otros factores como: el cambio climático, la menor disponibilidad de recursos naturales y energéticos; entre otros más, por no dejar de lado la creciente inseguridad, violencia y el impacto del terrorismo en la aldea global.
Es así que la cooperación para el desarrollo emerge como una alternativa real –siempre y cuando tenga directrices claras, despolitizadas, sin pretensiones de doble calado- para coadyuvar a mitigar las externalidades negativas.
Dentro del grupo de actores cooperantes, las empresas están posicionándose como agentes fundamentales en la cooperación para el desarrollo, avanzando en una presencia activa en distintos ámbitos  en la medida en que el rol del Estado va cediendo espacios ante el peso de la globalización, la iniciativa privada local y la transnacional.
De la mano de las empresas multinacionales y transnacionales,  la cooperación va cobrando un nuevo sentido, muy distinto al de las concepciones predominantemente desarrollistas surgidas después de la Segunda Guerra Mundial, en la década de los cincuenta y sesenta, basadas en el crecimiento económico como objetivo central; hasta avanzar en la década de los noventa  a revisarse el sentido y los esquemas de la cooperación bajo la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD).
Después de la Cumbre del Milenio, en 2000, con los compromisos adquiridos entre los gobiernos de más de 150 países, de trabajar para reducir a la mitad los niveles de pobreza antes de arribar al 2015, la meta es dejar atrás  los programas asistencialistas; pugnar por una gestión transparente de los flujos para el desarrollo; definir su naturaleza; y cuantificar el impacto real de los mismos a fin de reducir la dispersión de los recursos.
En este viraje, las empresas multinacionales y transnacionales están desempeñando un rol activo dentro del abordaje de los programas sociales y  ambientales. Se habla incluso en términos de una ciudadanía corporativa para definir a  una empresa co-responsable con la sociedad, y al mismo tiempo se analiza que ni política, ni comercio están separados.
Los empresarios en una posición de liderazgo están coadyuvando a la definición de la ciudadanía corporativa. El año pasado,  Anita Roddick, dueña de la multinacional The Body Shop, con mil 500 sucursales en 47 países,  participó en un evento internacional en el que reconoció que: “Nuestras decisiones afectan no sólo a las economías, sino también a las sociedades”.
En la medida en que la globalización como proceso ha ido aumentando en interdependencias y en complejidad de los flujos comerciales  y de capitales, la empresa multinacional y transnacional es protagónica del rumbo de la economía mundial, de las revoluciones industriales, de los desequilibrios económicos, de las integraciones regionales, de las alianzas políticas con los gobiernos o en todo caso sobreposición de sus intereses.
A COLACIÓN
    El creciente peso  y presencia de las empresas multinacionales en el terreno económico, político, social y cultural está llevando a replantear la filosofía empresarial y el rol que deben sustentar en los distintos campos y áreas de acción.
    Grupos como el estadounidense Citigroup-Citibank poseen más riqueza en valor de capitalización que, por ejemplo, todo lo que Colombia, Chile y Perú generaron de forma conjunta en riqueza mediante el PIB.
    Los bancos españoles, BBVA y BSCH, son cinco veces más poderosos, económicamente hablando, que todo el Caribe y tres veces más que Centroamérica.
    De esta forma, en los últimos diez años, ha surgido todo un movimiento  liderado por la Unión Europea a favor del rol ético de la empresa, como nuevo actor preponderante,  hacia la sociedad. Se habla del enfoque europeo de la responsabilidad social con  orígenes en la creación de la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea.
La Comunidad Europea decidió paliar los desastres y sus consecuencias  mediante la aplicación de programas de enfoque monetario: entre 1992 y 1996 la Unión Europea se convirtió en el primer donante mundial de ayuda humanitaria.
En 1993 surtió efecto la convocatoria del presidente Jacques Delors para que las empresas europeas participaran en la lucha contra la exclusión social, fue un primer gran paso para una movilización importante y para la creación de redes europeas de empresas.
A mediados de  1996 fue discutido en el Parlamento Europeo la necesidad de que la Unión Europea adquiriera un rol más activo en la esfera internacional en los términos de la ayuda y la cooperación.
    Para marzo del 2000, el Reino Unido designó a un ministro preparado para atender el  ámbito de la responsabilidad social de las empresas.  Inmediatamente después, el Consejo Europeo de Lisboa, apeló en particular al sentido de responsabilidad social de las empresas en lo relativo a las prácticas correctas en materia de aprendizaje permanente, organización del trabajo, igualdad de oportunidades, inclusión social y desarrollo sostenible.
Se trató de una gran aportación al afirmar que las empresas hoy en  día “tienen una responsabilidad social y  deben asumir voluntariamente compromisos que van más allá de las obligaciones reglamentarias y convencionales, que deberían cumplir en cualquier caso”. La pretensión es involucrar a las empresas como actores para  elevar los niveles de desarrollo social, protección medioambiental y respeto de los derechos humanos.
Por lo tanto, el enfoque europeo de la responsabilidad social de las empresas está integrado en el contexto más amplio en que se inscriben diversas iniciativas internacionales.
Me parece que fomentar la responsabilidad social de las empresas es humanamente indispensable,  delinear un marco teórico-conceptual es excelente; celebro la iniciativa y que alguien ponga la semilla.
Resta lo más difícil: trabajar porque funcione, hacer que los empresarios estén verdaderamente comprometidos por incidir de forma favorable con aportaciones que contribuyan al cambio. Se duda mucho cuando se reciben las facturas por los servicios o los estados de cuenta con excesos de comisiones cobradas; cuando las ganancias de los empresarios son exorbitantes y sus aportaciones a la responsabilidad social son ínfimas.

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