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Por la Espiral - May 22, 2007

Un mundo de prepago

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Un mundo de prepago
-El dinero va primero
-Optimizar los recursos

 Las reglas del juego cambian. Del Estado paternalista, al intento del Estado Benefactor, se flaquea ante el avance de los principios de la empresa privada en áreas torales: la salud, vivienda, el abasto de la energía y más servicios otrora públicos.
    Hace treinta años era impensable que un inspector de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) o de Luz y Fuerza  (LyF) llegara a una casa, en un barrio popular, para cortar el suministro energético por falta del pago puntual del recibo correspondiente. Lo mismo sucedía con el recibo del agua, había familias que se atrasaban años en su pago, empero seguían recibiendo el suministro.
    Ese Estado paternalista (o despilfarrador dependiendo de los argumentos) pasó factura a las nuevas generaciones y acontece que, con el paso y dominio de la iniciativa privada, y ante la escasez de recursos en la sanidad, educación, vivienda, energía y otros recursos naturales, el mercado impone normas muy severas: eliminación de subsidios, precios reales y la facturación de los servicios en la cuantía de su consumo sin importar la suficiencia del ingreso para pagarlos.
    La discriminación del mercado terminará por alcanzarnos en la medida de nuestras disponibilidades.    Tenemos enfrente un  asunto de presión para tres mil millones de seres humanos en pobreza, que antes que resolver el pago del recibo de luz, deben llevarse un pedazo de pan a la boca y hacerlo igualmente con los críos.
    Francamente desconozco el alcance de vivir en una sociedad con Estados tan adelgazados, mermados en muchos sentidos, para responder ante las prioridades de la población y las nuevas demandas por el cambio climático.
    Hasta el momento sobresalen los nuevos actores internacionales, las multinacionales y transnacionales, dispuestas a imponer sus reglas,   enseñarle al sector público a captar las informalidades, las economías paralelas y los mundos subterráneos que la fiscalidad sigue arrastrando como fracaso permanente.
A COLACIÓN
    Amigo lector, si usted cree que nunca llegará aquello de “me vende 300 pesos de luz” o “200 de agua”, prepárese está a la vuelta de la esquina.
    Las recargas de prepago de la telefonía móvil anticipan el mundo que nos aguarda: prepagar por los servicios. La modalidad asegura a las compañías, multinacionales y transnacionales que se apropien de los recursos energéticos y naturales, que habrá mercado incluso entre la población con ingresos variables, escasos y ocasionales.
    En donde la propiedad estatal continúa tampoco parece ajeno imitar las hazañas de lo privado, sobre todo si el pretexto es optimizar las finanzas públicas.
    El prepago  de la energía funciona en Colombia y se extiende como programa piloto a otros países, a comunidades rurales y cinturones urbanos de bajos ingresos.
    En diciembre del 2004,  la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) de Colombia,  estableció la reglamentación del sistema de comercialización de prepago del servicio de energía eléctrica a través de medidores especiales para tal fin.
El sistema permite a los usuarios saber y controlar su consumo, ajustarlo a sus costumbres de ingreso familiar y hacer un uso racionado  de la energía.
La determinación de este nuevo sistema es parte del desarrollo de la Ley 812 del 2003, por la cual se aprobó el Plan Nacional de Desarrollo donde se indica que: “Cuando la situación del mercado lo haga recomendable, el gobierno podrá autorizar el uso de sistemas de pago anticipado o prepagado de servicios públicos domiciliarios los cuales podrán incluir una disminución en el costo de comercialización, componente C, de la energía facturada a cada usuario”.
Los usuarios deciden con antelación cuánta energía comprar en función de sus ingresos y reciben una tarifa en las que se obvian los costos de la facturación y las actividades de reparto de la misma, aunque en algunos casos el sistema supone un medidor que en principio es más costoso.
    En Colombia avanza el prepago por energía. El año pasado,  las  empresas públicas de Medellín, aprobaron la masificación del sistema de energía prepago. A partir del próximo mes de julio, 32 mil hogares de estratos 1, 2 y 3, adoptarán medidores residenciales para verificar el consumo de la energía  por prepago.
    Estamos atestiguando un cambio en la comercialización de la energía, los recursos antes eran provistos por el sector público incluso como una medida de desarrollo, un compromiso social recogido en todos los programas de política económica y social. Avanzar en el suministro de los recursos de agua y luz se utilizaba primordialmente como bandera de éxito; en un informe de gobierno, tras otro, emergían las estadísticas de cuanta población contaba ya con letrinas, suministro de agua potable, drenaje y luz. Hasta entonces, el Estado  sentía una responsabilidad en la que el suministro era lo primordial, luego el pago.
    El futuro que aguarda nos enfrenta al valor del dinero por encima de todas las cosas. La verdad es que yo nunca imaginé  pagar por beber agua potable envasada y mire usted que rápido nos acostumbramos.  Vamos ni protestamos.
    Prepagar por los servicios y luego recibirlos sujeta a los consumidores a aceptar todo tipo de calidades, manipulaciones y abusos. Empero, sino se paga, no hay luz. Después tendremos que prepagar por 200 o 500 pesos de agua para la bañera, lavar la ropa y los platos.  Prácticamente prepagar para coexistir en el capitalismo voraz que nos regresará a la época de las veladoras.
GALIMATÍAS
    En México hay muchas familias todavía sin luz y energía y cada vez menos presupuesto del gobierno para destinar subsidios al consumidor.  Además operan dos “elefantes blancos”, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (LyF).
    De acuerdo con datos de ambas compañías públicas, a diciembre del 2006, un total de 29 millones 940 mil usuarios tiene servicio de luz, de éstos, el 88% son consumidores domésticos. Para los deciles 1, 2, y 3 de bajo ingreso que cuentan con energía eléctrica,  muchos se atrasan en los pagos,  recurren  a los famosos “diablitos” y otras formas de hurto de luz; costos  que al final de cuentas son trasladados a los  recibos de otros consumidores cumplidos.  
    Yo creo que en estos casos es muy discutible  adoptar el pagar primero y luego usar el servicio. Habrá quienes se manifiesten por dejar de responder por las cuentas de los incumplidos. Otros adjudicarán la naturaleza del sector público decantándose por los subsidios. Hay que optar por lo que nos proporcione más tranquilidad social, y desde luego no es el dinero por encima de todo.

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