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Música - May 22, 2007

Edgar Oceransky, corazón de moderno trovador

Letras y sonidos de un nuevo
romanticismo y de una nueva
sensibilidad musical
Foto: Internet

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Corresponsal Azteca 21

Ciudad de México. 23 de mayo de 2007. Recientemente apareció el disco doble “Solo/Ni tan solo” (El Faro Producciones, México, 2007), de Edgar Oceransky, un músico y cantante que lleva algunos años rolando por peñas y cafés de nuestro país y algunos del extranjero para dar a conocer su sensibilidad y talento mediante canciones que son retazos de poesía cotidiana, o mejor dicho: fragmentos de nuestra cotidianidad vueltos poesía.

Este material discográfico es una verdadera antología cuya principal virtud es mostrar lo más sobresaliente de este cantautor mexicano a través de 35 temas compilados en los dos discos, 20 en “Solo” y otros 15 en “Ni tan solo”, que explican el título de la selección: en el primero Edgar está solo con su guitarra, en el segundo lo acompañan diversos trovadores, como la cubana Niurka Curbelo, el italiano Daniel Gustella, el puertorriqueño Mikie Rivera, los españoles Ángel Ravelo, Jesús Garriga y Luis Quintana, y los mexicanos Miguel Ángel Méndez, Javier Bosque, Ricardo Ortega y Jorge Izquierdo –estos tres integrantes del grupo El Juglar–, Raúl Ornelas, Ray Morteo, Carlos Carreira, Lazcano Malo, César “Chico” González, Miguel Inzunza, Salvador Aviña y Gustavo Lastra, nada más y nada menos que la mayoría de lo que se podría denominar “Novísimos Trovadores Mexicanos”.

Pero el caso de Edgar Oceransky es extraordinario porque es un artista que ha sabido extraer la esencia de los sucesos diarios comunes a todos y la ha transmutado en poesía, en canciones que penetran la sensibilidad, la inteligencia y la piel de los que lo escuchan, sin caer en la cursilería y el lugar común. Además, cabe destacar la simbiosis que logra entre la letra y la música, potenciada por su tesitura vocal, que le confiere mayor calidez a las canciones.

Decir que su caso es extraordinario no es gratuito: no es fácil hablar o cantar del amor sin que suene conocido o sabido. Y el gran tema de Oceransky es el amor visto a través de su epónimo natural: la mujer. Es difícil mencionar en poco espacio las cualidades de las letras de Edgar, sólo puedo agregar que la musicalidad es una de ellas y que ésta hace de “Solo/Ni tan solo” un material altamente gozable, lúdico y capaz de reinventar las formas de amar, de seducir, de sentir a la mujer.

No es augurio sino un hecho: Edgar Oceransky es un artífice de un nuevo romanticismo y de una nueva sensibilidad musical, ambos de calidad y de un sello personal que no se ve con frecuencia. Claro, estas canciones difícilmente se escuchan en la radio comercial, pero este material reseñado se puede conseguir en librerías y tiendas de discos, pues la distribución está a cargo de Fonarte Latino.

Comentarios a esta nota: gregorio.martinez@azteca21.com

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