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Por la Espiral - May 21, 2007

La triple B y el futuro de Irak

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-La triple B y el futuro de Irak
-Blair se perfila para el Banco Mundial
-Brown y Bush: visiones contrarias

Nuevos vientos en la esfera internacional. La aldea global dinamizada por los acontecimientos geopolíticos y geoeconómicos.
    Partamos del Banco Mundial, con Paul Wolfowitz, muy en el centro de comentarios acerca de sus constantes roces con los funcionarios internos, hasta las consecuencias derivadas de utilizar su posición privilegiada para negociar un ascenso e incremento de sueldo para su compañera sentimental, Shaha Riza, empleada del organismo que él todavía preside; aunque después del 30 de junio, tras la renuncia obligada, habrá otro dirigente.
    Hasta la llegada de Wolfowitz, el candidato que la Casa Blanca propusiera para presidir el Banco Mundial se convertía, en definitiva, en presidente del organismo. En la práctica fue aceptándose de forma tácita que el Banco Mundial estuviera encabezado por un político estadounidense recomendado por el presidente de Estados Unidos; y el Fondo Monetario Internacional (FMI) mantuviera una tradición más europea.
    Después de que se consume la salida de  Wolfowitz, la presión de los funcionarios europeos que insistieron en su dimisión tiene una clara lectura: es un golpe de alcance hasta el presidente George W. Bush.
Basta considerar que los programas aplicados por Wolfowitz, desde  el Banco Mundial,  tienen incidencia en Irak, Irán, Afganistán, Pakistán y Jordania. Una zona estratégica.
Por tanto, la renuncia obligada de quien alguna vez fue el número dos en el Pentágono, es sólo un atisbo de que a nivel internacional empieza a asomarse la debilidad del presidente Bush, en su imagen, en su política interna y externa. El efecto Irak está pasando facturas y la oportunidad de la dimisión forzada de la cabeza del Banco Mundial es vista por la UE como una buena señal para que Europa crezca de forma política en la esfera internacional.
A COLACIÓN
El 28 de enero del año en curso, Felipe Calderón, presidente de México, visitó a Anthony Blair, primer ministro de Gran Bretaña,  como parte de la gira de salutación y acercamiento con diversos líderes europeos. Hasta esa fecha había rumores del anuncio de Blair para dejar el gobierno.
Finalmente el 7 de mayo pasado quedaron despejadas las dudas, Blair dejará de ser primer ministro el próximo
24 de junio y en su lugar, el Partido Laborista proclamó el pasado jueves a Gordon Brown, A Blair se le ubica como el remedio para la crisis del Banco Mundial. De uno y otro lado del Atlántico, la prensa europea y americana, abordan que el político británico seguiría fungiendo de “puente” entre la Unión Europea y Estados Unidos confrontados abiertamente en la invasión de Irak y en las posibles sanciones a Irán.
Por su parte, al frente  de Gran Bretaña,  Gordon Brown, el nuevo primer ministro por aclamación, dedica comentarios a la guerra de Irak  en sentido contrario a los de Blair.
Brown parece estar más decidido a reorientar el gasto del desplazamiento de las tropas y su manutención en Irak, por ampliar los programas de seguridad y defensa interna.
El nuevo primer ministro tendrá que encarar las presiones internas por el retorno de las tropas y trabajar por darle una salida  efectiva a la crisis de Medio Oriente.
    En apariencia las dificultades de Brown serán menos agobiantes que las del joven abogado Blair, cuando en
1996 a los 41 años de edad asumió el liderazgo de Gran Bretaña.
    Cabe mencionar que la era Blair ha sido histórica por la contribución a la consecución de grandes logros muy positivos, además de la pacificación de Irlanda del Norte, el desarme del IRA y la paz del Ulster; aunque también existieron otros errores de dimensión histórica, como el secundar al presidente Bush en la locura de apropiarse de Irak por el interés petrolero e intentar una especie de reparto colonial dividiendo al país en dos franjas: una para los estadounidenses y otra para los británicos. El atentado terrorista de Al Qaeda en  Londres, en julio del 2005, le recordó a los británicos que no hay forma de ganar esa guerra, ni político que pueda salir con la cara en alto.
    Naturalmente, Brown tendrá que reposicionar históricamente a Gran Bretaña, tomar decisiones en su política exterior y comunitaria en cuanto corresponde a los compromisos ante la Unión Europea; asumir o contenerse ante el euro como moneda común;  y definir ser un jugador más relevante pro unión o pro americano.
SERPIENTES Y ESCALERAS
La debilidad interna de la política beligerante del presidente Bush se asoma de forma sintomática entre los ciudadanos de la Unión Americana  aumentando la presión para el retiro de las tropas americanas de Irak.
Se trata de una invasión costosa para la vida humana, costosa en términos presupuestales en más gasto militar, movimiento de tropas, gasto de investigación de defensa, en promedio 600 mil millones de dólares anuales con cargo al erario. Y es perversa para los derechos humanos de miles de inmigrantes ilegales que, a cambio de obtener la residencia o la nacionalidad estadounidense, aceptan enrolarse en el Ejército para ser enviados a Irak.
Tampoco Gran Bretaña se queda atrás: la política exterior ha inflado los presupuestos. Básicamente estructurar y pagar una guerra es cuestión de muchos ceros, primero para tropas de 44 mil soldados, de los que según el primer ministro Blair, retornaron la mayoría el año pasado y en Basora quedó un contingente de 7 mil soldados británicos.
 No obstante,  el 5% del PIB lo destinan a gasto militar. De acuerdo con el Instituto Internacional de Investigación para la Paz (SIPRI) después de Estados Unidos, Gran Bretaña es el segundo país que más ha incrementado su gasto militar en los últimos cuatro años.
Bajo este escenario, el segundo semestre del año dará nuevas pautas para perfilar lo qué pasará con el destino de Irak y la lucha contra el terrorismo o las sanciones a Irán, temas en los que todos estamos involucrados porque vamos atados como actores involuntarios a esta espiral. Junio será un mes muy dinámico con la salida de Wolfowitz, la renuncia de Blair, el nuevo poder de Brown, la atenta mirada de Bush. Por no olvidarnos de la pasada visita de la Reina Isabel II al presidente Bus, en la Casa Blanca, ni la figura central que irá adquiriendo Sarkozy como presidente de Francia y voz de la Unión Europea.
Y para no ser menos, las presiones que el presidente Calderón recibe allende las fronteras con la Ley de Inmigración que el Congreso de  Estados Unidos adquirió de consenso: no  habrá amnistía  para 12 millones de ilegales quienes  para obtener permiso de residencia, deberán regresar a sus respectivos países de origen, tramitar  los permisos necesarios y pagar las multas correspondientes por evadir al fisco de la Unión Americana.  Habrá acción para rato.

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