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Por la Espiral - May 10, 2007

Mujeres-madres: pilares

POR LA ESPIRAL
Claudia Luna Palencia

-Mujeres-madres: pilares
-Viene bono demográfico
-Mundo femenino, menos hijos

    Seguramente, hoy por ser “Día de la Madre”, el INEGI difundirá los datos más actualizados de cuántas mujeres son madres en el país. El año pasado había 23 millones de mujeres con un promedio de 2.6 hijos.
    La población en México ha experimentado un cambio  inevitable de contagiarse de cuanto ocurre en el contexto internacional: se vive más tiempo, la mujer es sobre todo más longeva y las tasas de fecundidad y natalidad están cayendo.
Tras el boom demográfico de la década de los setenta y las familias con promedio de cuatro hijos y una mujer todavía muy ligada a su entorno,  en la nueva época de desafección al concepto del hogar, el matrimonio y a los roles llamados tradicionales, el número de hijos en México aminora por varias razones no solamente aquellas que orbitan dentro del campo de lo económico.
Después del 2050 podría iniciarse un periodo de más gente adulta y menos jóvenes y niños. El  Consejo Nacional de Población (CONAPO) explica por ello que los próximos años son vitales para evitar una mayoría de población envejecida, cerca de finales de este siglo, siempre y cuando, pueda aprovecharse el bono demográfico.
Conapo advierte  de cambios provocados por la combinación de la declinación de la mortalidad, los niveles más bajos de fecundidad y las pautas reproductivas cambiantes reflejadas en el tiempo de vida en común de las madres e hijos, así como en el número de años que las mujeres alguna vez unidas dedican en la vida adulta a la crianza y cuidado de su descendencia.
En términos más específicos, el llamado “bono o dividendo demográfico” se refiere a los eventuales beneficios derivados de una ventana de oportunidad que, por primera y única vez, permanecerá transitoriamente abierta durante los próximos veinticinco años cuando concurrirán condiciones demográficas más propicias para evitar un deterioro en la pirámide poblacional.
El organismo explica que un aprovechamiento adecuado y racional de ese bono podrá contribuir a detonar el potencial de crecimiento económico de México y a aliviar la carga de una creciente población de adultos mayores cuando esta ventana ya se haya cerrado.
Para conocer mejor la naturaleza del bono y poder ubicarlo temporalmente, se emplea la razón de dependencia demográfica, la cual se define como el número de menores de 15 años de edad e individuos de 60 años o más —presumiblemente las personas dependientes— por cada cien personas en edades laborales (15 a 59 años).
“Las previsiones demográficas vigentes apuntan que la razón de dependencia se ubicará en los cinco lustros venideros por debajo de 60, que equivale a la mitad de la registrada durante la segunda mitad de los años sesenta del siglo pasado cuando alcanzó su máximo histórico. Así, si los niveles de ingresos de hace cuarenta años prevalecieran durante el cuarto de siglo próximo, la reducción a la mitad en el consumo se pudiera aprovechar como ahorro e inversión”.
A COLACIÓN
    Todavía nos parece de ciencia ficción pensar que algún día habrán de estructurarse políticas públicas para pagar subsidios o dar incentivos y premios a  parejas heterosexuales por decidir tener un hijo o más de uno. Resulta inimaginable sobre todo en países como México señalados por  la explosión demográfica.     Este siglo nos tiene preparadas grandes transformaciones generacionales a las que nosotros mismos en nuestra dinámica estamos contribuyendo.
    Buena parte de estos cambios derivan del papel  de la mujer en una sociedad dinámica, metida en la moda de las políticas paritarias y de la lucha de género que sientan por igual a la maternidad que a la paternidad, dando incluso en algunas legislaciones europeas, lo mismos derechos por maternidad que por goce de paternidad, de tal forma el  trabajador puede pedir un goce temporal o la baja indefinida ante la decisión de él de quedarse en casa cuidando a los hijos.
    Lo que hace cuarenta años estaba en velo de misterio, cuando la mujer decidía divorciarse (más si con  hijos) era manejado en sigilo por temor al escarnio social; eso actualmente forma parte de estadísticas cada vez más sorprendentes, y son comunes situaciones a lo Ana Karenina en las que uno calla y atestigua los abandonos de muchos infantes en las manos de sus padres o de los abuelos cuando se tiene tanta suerte, porque en otros muchos casos queda la orfandad absoluta.
    Cada vez es más frecuente platicar de los planes de superación personal, de viajes, ofertas de trabajo, y cada vez menos de mujeres que deciden asumir la responsabilidad de madre. Muchas jóvenes menores de 25 años no sueñan como sus madres y abuelas lo hicieron tiempo atrás en encontrar al príncipe azul, casarse y tener hijos.
GALIMATÍAS
    Rumbo a una sociedad de rostro femenino habrá que replantearse la maternidad.
    Escenario complicado: más mujeres, más longevas, más participativas dentro del ámbito laboral y la política, igualmente los pronósticos advierten de que serán las más desprotegidas en términos de salud, derechos laborales, seguridad social, pensiones y acceso a la vivienda.
    Incomprensible: un mundo más femenino pero con menos hijos. Muchas mujeres y menos madres.
    Creo que tanto bombardeo mediático, el acelerado ritmo del mundo globalizado y el hecho de que el capitalismo utilice la predisposición del ser humano para la acumulación, la ambición, la competencia ha cimbrado a la sociedad, en la familia que es la célula vital, como vital es la presencia de la mujer-madre insustituible en su patrón ante los hijos.
    A veces me pregunto si mi abuela no era más feliz sin tantas metas profesionales,  ni el feminismo merodeando en su cabeza, ni queriendo demostrar cuán inteligente era que la cocina de su casa le quedaba chica. Me atribula decir que yo como muchas otras mujeres-madres de mi generación no sabemos bordar, tejer, cocer, zurcir, hacer punto de cruz, ni preparar grandes platillos de recetas que deben permanecer por siempre. Ni siquiera tocamos el piano, ni sabemos de remedios de herbolaria.
    La madre, al ser una transmisora de valores, permite con ello perpetuar  de una generación a otra, a la propia raza humana. Al dejar de asumir esta condición de privilegio pro natura  niega el futuro de la humanidad.
    Tras esta catarsis ante los números, las estadísticas, la tendencia demográfica que se analiza y avizora, queda el desafío presente que no es del gobierno, ni de la administración pública ni privada,  para establecer a la familia en  el centro de un eje, descompuesto, pero no roto. Siempre queda un resquicio de esperanza.

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